Problemillas técnicos resueltos (casi)
Ayer metí la patita en una cosa y borré toda la web. Pero el error ya está superado. He actualizado a Movable Type 3.32 y hay todavía muestras del difícil parto.
Perdón por los inconvenientes.
Ayer metí la patita en una cosa y borré toda la web. Pero el error ya está superado. He actualizado a Movable Type 3.32 y hay todavía muestras del difícil parto.
Perdón por los inconvenientes.
He tenido unos problemitas con Movable Type, hice un breve éxodo con Wordpress, pero vuelvo.
Lo estaba pensando, las canciones que me vienen a la cabeza cada vez que pienso en una persona:
El Alteñito: Cuatro vidas, por Eydie Gormé y Los Panchos. Confieso que nunca la había oído y es su favoritas. Cuando la cantamos juntos, compartiendo el iPod fue un momento especial. La canción tiene una intensidad sui generis.
Pavarotti: Crazy, por Cassandra Wilson o Willie Nelson. Me parece que es un reflejo de la inestabilidad que percibo de él, percepción en sí rara, porque se ha pasado casi todas las últimas noches conmigo. Pero tiene una visión cíclica de todo y eso me intranquiliza. O quizá sea porque tiene el ascendente en Géminis, signo del cual ya no me fío ni un pelo.
Ex: Faith, de George Michael. Una canción muy dura para una situación bastante rara. De repente, no pinta nada en mi vida y no me importa.
La que todos me deberían cantar a mí: La tortura, sobre todo la parte de Shakira. Hasta yo reconozco que últimamente estoy muy pendón.
En medio de una separación (involuntaria para ambos) con JA en otro fin de semana conjunto, me llama Amazón.
Quiere venir, a «besar esos labios», entre otras cosas. Le dejo venir, pero empezamos a hablar. Tal como vaticiné, me convierto en su sicólogo.
Me entero de su pareja, que tiene 13 años más que él, un insensible que no le hace feliz.
Le digo que debido a que tiene pareja, no nos podemos seguir viendo sexualmente, porque soy una especie de bastón. Creo que lo entiende, y entonces me cuenta su historia.
BREVE HISTORIA DE AMAZÓN
Nació en el llamado «París de la Selva», cuando el siglo pasado estaba de moda comparar a las ciudades americanas con la capital francesa.
Su padre, un predicador bautista, se fue de casa con otra mujer, dejando que los abuelos de Amazón inculcaran el valor del trabajo y del estudio.
La hermana de Amazón le convirtió al mormonismo, y esto logró la furia de su padre, quién se fue a la quiebra y fue abandonado por su amante.
Cuando su padre volvió a casa, le dio tres meses a Amazón para que se fuera de casa. El chico se fue a un cercano país latinoamericano, hasta que el progenitor tuvo problemas de salud y le pidió que se quiera.
Posteriormente, el padre acabó como un obispo mormón, y presa de un sentido de la culpabilidad, envió a su hijo a estudiar a Europa.
Ahora vive cerca de mi ciudad, y no tiene papeles.
Le he contratado como hombre de limpieza de mi casa.
Dejo claro que tengo otro blog, oficial, en el cual apenas pongo cosas personales. Entre otras razones, porque la mitad de mi familia me lo lee, y obviamente no puedo poner que me gusta el glúteo del voleibolista ni lo que me me pidió el ex una vez terminada nuestra conversación.
Lo comento porque en su primer podcast, Ed reveló la identidad de un servidor. Borjamari hizo algo parecido en su día, aunque sin revelar claramente mi nombre y apellidos.
En cierto modo, eso no me importa, y aquí de vez en cuando he hecho un par de guiños. Pero no voy a decir quién soy, porque entonces pierde la gracia.
Mi servidor me ha jugado una mala pasada, pero el caso es que aquí estoy de vuelta. Ha sido todo un susto...
La gente dice que tengo ingenio, pero en realidad lo que poseo es ingenio de escalera y mucha memoria. Ingenio de escalera es lo que los franceses llaman a lo que se te ocurre al final de una situación, cuando ya vas por la escalera y se te ocurre algo genial o adecuado que contestar.
Cuando estuve en el Terruño, mi primo me preguntó que si era completamente homosexual, porque al parecer me veo muy macho y poco estereotípico para su gusto. «¿No ves a mujeres y piensas, ¡a esa me gustaría follármela!"?» Contesté educadamente que no, aunque podría haber sido explícito (después de todo su padre fue el que me hizo el comentario de la crema).
La primera respuesta que se me ocurrió era algo vulgar y nada buena, en el sentido dialéctico de la palabra: «¿y tú no ves a tíos y te dices me gustaría follármelo o que me follen?».
Pero ayer en el gimnasio me di cuenta que era una contestación mucho más amplia. Porque cuando me fijo en una mujer, puedo hacer una valoración estética sobre sus pechos, glúteos o muslos. Pero cuando veo a un hombre, sus hombros, sus brazos, sus piernas, su barbilla, su cuello, su pecho, sus abdominales...ya. No voy a entrar en lo que veo en los vestuarios porque eso sería abrir una caja de Pandora, pero conste que es digno de enloquecer. Sobre la atracción, querido primo, no hay nada escrito. Pero todos sabemos lo que nos gusta o no.
En otro blog, mis escritos han suscitado este comentario por correo electrónico:
La forma en que asumes tu vida me parece -en algunos aspectos que a mí me importan mucho- ejemplar y por ello quería saber tus conclusiones.
Tentado estuve de enviarle este enlace.
A veces me pregunto por qué soy tan indirecto, tan sutil y dado a no ser nada claro. Entonces me llegan momentos como ayer por la mañana:
Madre: Hola. ¡Felicidades!
Servidor: Hola. Felicidades...¿por?
Madre: Por lo tuyo...por lo vuestro.
Servidor: No sé qué dices.
Madre: [Silencio tentativo] Por lo de Massachusetts.
Servidor: Ahhhhhhhhhhhhhhh.
En este país, la única compra en la que todavía se puede (y en ciertos casos debe) regatear es cuando se compra un automóvil.
Pues ayer, cuando fui a recibir la respuesta al empleo, esencialmente cuánto me iban a pagar, sentí que estaba comprando un coche.
-¿Ya sabes dónde vas a vivir?
- Sí, estoy viendo precios. Estaré en la zona y me llevaré mi coche.
- Es lo mejor que puedes hacer. ¿Entonces estás listo?
- Si se aceptan mis condiciones salariales, por supuesto.
- Uy, no sé. ¿Has visto otros empleos? No pagan lo que pides...
- Bueno, ese es mi precio. No pienso irme por menos.
- Ya, es que sólo puedo llegar a X (20% menos de lo que pido).
- No, gracias. Siento que hayas perdido el tiempo, pero no puedo irme con ese salario. ME LEVANTO
- ¿A cuánto puedo llegar? ¿En qué orquilla estás?
- En esa que te he dicho. No pienso aceptar por menos.
- Bueno, a ver si hablo con los jefes máximos y se hace el milagro.
Claro, luego me cuenta otra persona que el presupuesto lo maneja él mismo, que no hay jefes máximos.
Y sigue pasando el tiempo, y la puerta sigue abierta.
H3, mi propio H3, me envía esto:
Es bien sabido que los musulmanes fundamentalistas (terroristas en (potencia) se oponen al consumo de alcohol y consideran pecado capital ver una mujer desnuda que no sea la suya. Por esta razón, apelamos para que este miércoles, a las trece horas, todas las mujeres corran por sus oficinas desnudas (bancos, oficinas públicas, empresas privadas, comercios, etc.) y que todos los hombres corran detrás de ellas con una cerveza en la mano. Esto nos ayudará a detectar los terroristas que existen entre nosotros fin de capturarlos y deportarlo[SIC].
Aquellos hombre que pusieran cara de asco deberán ser presos de inmediato después nos encargaremos de hacer los análisis para separar los mariquillas de los verdaderos terroristas.
No sé qué decir, la verdad.
H1 tiene un novio al parecer rico, con el matiz de que no tenemos idea de cuáles son precisamente sus fuentes de ingresos. Especulamos sobre de dónde sale la guita (la pasta, tío; o la lana, güey), pero no hay forma de enterarnos.
Claro, pueden ser muchas fuentes, pero el caso es que al especula, nos imaginamos lo peor. Yo sencillamente creo que es la plusvalía. Total, que tienen broncas al respecto. La semana pasada H1 le mandó a la mierda, y él para hacer las paces, le mandó una caja con revistas y una tarjeta de crédito a nombre de H1.
Hicieron las paces. Y soy muy ingenuo al decir esto, pero ¿no es venderse? Quizá para mí el acto de autoventa no es tan malo como la obviedad. No soy quién para dar lecciones de moralidad, ni mucho menos, pero entre mis muchos pecados no están la dependencia.
Un amigo me estaba comentado que varias de sus amistades dicen «maricón» y «loca» de la manera más despectiva. «¿Por qué hacen eso sabiendo que soy gay?»
Le comento que el año pasado, cuando fui al terruño, me encontré con un tío con el que siempre me llevaba muy bien. Hizo un comentario sobre la pérdida de cabello, y bromeé sobre el hecho de que se estaba volviendo viejo.
La respuesta de mi tío:
«¿Y tú no te echas crema en el culo o qué?»
Me dejó de piedra. Siempre le había tenido por una persona fina, pero ya veo que no. Tardé varios meses en atribuir ese comentario a la homofobia.
H1 se quiere casar. Su novio se ha declarado, y prometido que no le permitirá trabajar si ella no quiere. H1, cuyo cuentakilómetros está a punto de dar una nueva vuelta y volver a cero, está contentísima.
Claro, hay un problemita. No se fía de su futuro cónyuge, no le conoce mucho y quiere contratar a un detective para que le investigue a fondo (creemos que tiene negocios turbios). Eso no ha sido óbice para dar el sí. Le digo que posponga todo, que le dedique tiempo a conocerle más.
Me preocupa que de repente el futuro cuñado se echa a llorar a sus 40 años por las razones más nimias. No estoy en contra del llanto, pero sí del que demuestra cierta inestabilidad emocional, como en esos casos.
Pero claro, el dinerito es el dinerito, y a H1 no le desagrada la oferta de estabilidad. Con mi sobrino en la universidad, vamos a ver lo que la situación aguanta. Pese a mis tambaleos, he tenido una sola pareja estable en nueve años; H1 va por cinco. Y no digo novios, sino parejas que consideraban matrimonio. Estos heterosexuales...
Estoy escribiendo varias cosas sobre la Virgen de Guadalupe, y siempre pongo Tepoyac en lugar del correcto Tepeyac. Me pregunto por qué será....
Hoy en una reunión de estas interminables que tenemos en la empresa donde servidor logra cumplir con su jornada laboral, tuvimos una conversación sobre un conocido jugador de un equipo de la variedad de fútbol que se juega en el país donde vivo.
El jugador, que es muy bueno (me gusta el fútbol, ¿pasa algo?) es, según un ávido editor de deportes, gay. Salvo que no lo dice así...
«X es maricón, estoy 98 por ciento seguro...»
Tendría que haberme ofendido, o quedado callado, pero no pude evitar la vena bromista que siempre sale para desactivar conversaciones desagradables.
«Yo creo que sólo hay una manera de averiguar el 2 por ciento restante».
«No, si no hay nada malo en eso». La respuesta Seinfeld. Si no hay nada malo, ¿para qué coño usas el peyorativo?
Digo todo esto porque como mi sexualidad es un secreto a voces, tengo estas conversaciones surreales en las cuales todos fingen que no soy homosexual.
Se lo comentaba en parte a Dante que es más cómodo quedarte en el armario, y entiendo a quienes lo hacen. Por motivos políticos no lo puedo apoyar, pero comprender, lo comprendo.
Hoy estuve hablando por teléfono con Seyd, y le comenté (en el peor tono paternalista que asumo en estas situaciones) que hay dos tipos de persona, el que separa a las personas en dos tipos, y el que no.
Pero hablando en serio, si tienes una personalidad que se preocupa por cualquier cosa y le da vueltas a los temas (los cubanos le dicen "coger lucha"), tus problemas no tendrán solución. Mejor dicho, sí tendrán solución, pero serán reemplazados por otros.
Si analizo los problemas que me traen de cabeza actualmente con los de 2001, y los de 2001 con los de 1999, suelen ser diferentes. Y los de ahora, por cierto, mucho menores. Pero sigo preocupándome, no me permito disfrutar de una vida más acomodada.
Iba a empezar otro blog en inglés en un dominio diferente, pero no tengo tiempo. Verdaderamente tengo este espejo en el ático, y ya dejo de pasar por el ático a mirarme en él. Me repatea usar a Parsimonia cada vez que tenga un problema, para que sea una válvula de escape.
Cambié de puesto de trabajo hace casi cuatro meses, y desde entonces leo muy pocos blogs. Me da vergüenza admitirlo, pues apenas tengo tiempo para mí, y mucho menos para los que me leen. Me da una vergüenza espantosa, repito, porque esto no debería ser unilateral. Sencillamente me tengo que organizar mejor.
Y no, las cosas van bien. El husband vuelve a tener ensayos casi todas las noches, y me siento aliviado por él. Es lo que quería, y yo tampoco voy a echarle en cara que no se queda en casa. El problema para él es estar encerrado, y yo como buen canceriano me callo. Para que luego vaya diciendo por ahí que Cáncer y Capricornio en el fondo no son tan opuestos.
Ya sé que divarío, que me pierdo en este post, pero no es señal de nada, tan solo de cansancio (sigo en la oficina a esta bendita hora) y de no tener ganas de ajustarme a una narrativa muy linear. Pero estoy bien, lo juro. Gracias por leer hasta aquí.
Anoche estuve con un par de amigos activistas y uno de ellos estuvo en su Cuba natal hace poco, tras 10 años de ausencia. Nos estaba contando de los chaperos cubanos, de que unos cobran $3 y otros hasta $50. Si tienes pinta de extranjero, obviamente pagas más. Los menos cobrados son los mexicanos y los centroamericanos. Pero la tarifa aumentará según esté el país frente al Fondo Monetario Internacional.
Los «pingueros» de La Habana se exhiben de todos los colores y tamaños en muchas partes de la capital, y el narrador estaba triste por la prostitución.
Yo recordé una anécdota que me contó otro amigo cuando fue a Cuba hace varios años. El chico estaba en un pueblo enmedio de la nada y le preguntó a un policía: «¿Qué se puede hacer aquí para divertirse?»
«Bueno», contestó el policía, «está mi mujer por 20 dólares, y yo por 30».
Hoy en el trabajo, donde no hablo de mi vida personal salvo con un número contado de personas, he visto a una persona a quien considero un poco homófoba (odio a la palabra por su etimología) en mi otro blog. Confieso que me ha entrado pavor.
De hecho, cuando le he visto con el monitor en esa página, el chico sabía adónde iba, pues extrajo una foto para pegarla en otro sitio y hacer una broma.
En fin, que me lee y no me dice nada. Hace cuatro años, en otro empleo, le oí decir: «no dono sangre porque soy maricón». Me sentó fatal, pero no dije nada. Al final, el silencio me ha hecho cómplice de mi propio armario y de su homofobia. Y otro que me lee...lo que me faltaba.
Aparte de mi trabajo, estoy administrando cinco webs, incluyendo esta. Ayer hice la cuenta, y debido a que en uno de ellos estoy haciendo un análisis estadístico de toma pan y moja, no tengo tiempo. A lo último le he dedicado unas 60 horas las últimas cuatro semanas, entre bases de datos, formatos y mucho pero que mucho Excel.
Pero bueno, a ver si a otros en esta misma web (ejem) se animan a escribir un poco más...
Llevo dos días planteándome cómo presentar a Manny. Me escribió un correo electrónico hace una semana, diciendo que vive en Miami y que quiere montar un blog, que cómo lo hace. Le recomendé blogspot y un par más, y le dije qué tipo de contenido iba a poner.
Me mandó el primero motu propio. Es como una especie de página de Zoe Valdés contada por un fraile penitente. Al principio me pareció inmoral, luego obsceno, y ya cuando tocó fondo, me empezó a gustar. Tiene de todo, incluyendo una ortografía aventurera y un argot bastante cubano.
Reconozco que me gustó, para qué mentir. Y le ofrecí un espacio en Parsimonia.net. Claro, con la condición de que tenía que esmerar su escritura, que ises no es una palabra. Y que se lo diseñara él solito en Movable Type. Entonces le hice una pregunta indiscreta: ¿por qué? Entiendo que se quiera desahogar, ¿pero en Internet? ¿Busca ligues? ¿Amistades? ¿Hombros en qué llorar? ¿Exhibirse?
No entendí su respuesta, y por respeto no la voy a intentar interpretar.
Aquí aviso que Manny: diario de un infiel, no es para todo el mundo. Es bastante, ejem, gráfico. Toda la responsabilidad de su contenido es de Manny, a quien no conozco en persona pero con quien sí he hablado por teléfono.
Antes de dar el enlace, también quiero decir que si te tengo enlazado y te hace falta espacio para tu blog (que no para tu web, ojo), ofrezco Parsimonia.net. Ya se lo he ofrecido a un par de personas. Solo hay cupo para dos o tres, o sea que venga, sin miedo, que no cobro.
Ahí va Diario de un infiel.
Parsimón está malito estos días, con un trancazo de cuidado. No hay nada más fascinante que vivir en el trópico y tener resfriados en pleno verano. Sé que debo algunas contestaciones y voluminosas epístolas, pero prefiero recuperar la salud antes de emprenderlas.
Uy, hola. Bienvenido a mi blog personal, donde te voy a contar cosas, obviamente, personales. Tengo un vecino, en glosas.net, que escribe de cosas menos personales, y cada vez que escriba algo impersonal a lo que suscriba, lo señalaré.
Juego con ventaja, pues no acabo de empezar. Ya tenía un nutrido grupo de lectores que espero me siga. Y apunto que lo que aquí pondré será sumamente personal, pues como diría Max en Misión imposible, el anonimato es una manta muy cómoda.
Por cierto, ruego indulgencia, pues estos comentarios a tumba ambierta y guiños generales serán los primeros y últimos.
Hay quienes aprovechan la primera entrada para decir un par de cositas sobre quien escribe estas líneas. Pongamos que no hace falta, que una de las mayores delicias de bloguear es conocer al autor poco a poco, como si de un strip-tease mental, rompecabezas o cebolla (tengo muchas lágrimas).