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Agosto 17, 2005

Virginidad y sexualidad (II)

Creo que no me expliqué o no se entendió bien lo que quise decir. Pero matizo:

Cada cual es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo. Tanto la virginidad como la promiscuidad me parecen (salvando los extremos) defendibles.

Lo que quise decir es que sea cual sea la decisión, sugiero que se tome por motivos propios, no externos. Si quieres ser virgen, adelante. Si quieres esperar a tu príncipe azul, adelante. Si quieres irte con el hijo del obispo, el voleibolista y otros, adelante también. Pero así como hay gente que tiene sexo con el objetivo principal de contárselo a sus amistades, hay gente también que se reprime por motivos de sociedad.

Obviamente cualquier persona que se lea mi blog se da cuenta que pertenezco al grupo de los promiscuos, y que entiendo menos al grupo que se puede pasar más rato sin serlo. Eso era todo, espero no haber ofendido a nadie innecesariamente, no era la intención.

Y cuando dije sola y lamentablemente, me refería a que solo he conocido a ciertas personas por Internet. Al único habitué de aquí que conozco en persona es al Turco. Y se acabó de los habitués, no conozco a nadie más en persona.

Por supuesto, también, existen otras aristas en casi todas las situaciones. Pero estoy definiéndome en una dimensión púramente sexual, porque a veces la decisión y motivación elemental son sexuales. Cuando deja de serlo, no tiene vigencia en esta dimensión.

Enero 19, 2004

Los contenidos de la empanada

Leo con cierta sorpresa el comentario de la «empanada de polla». Pues aunque he llegado hasta aquí en gran parte por ese ingrediente, vital en los regímenes alimenticios de cualquiera que se precie, mi actual confusión no se debe a ello.

Me explico: R. no es una consideración seria de por sí. Me sedujo emocional y espiritualmente hace un mes. Lo del sábado pasado fue sencillamente su consumación física.

En el fondo no me fío de él, y sigamos con la dureza de la realidad: desde la noche fatídica no me ha llamado para preguntarme cómo estoy, ni ha devuelto dos mensajes: uno en su móvil y otro en su correo electrónico. Esto me ha sorprendido no por el mero hecho de que ocurra, que me esperaba, sino por su rapidez en conseguirlo.

Se puede decir que se deba a que me fuera cuando me pidió que me quedara el sábado, pero lo dudo. Los hombres somos en el fondo muy caguetas y cualquier consideración de firmeza y continuidad emocional provoca evasión. Ha sido en parte como la serpiente que tienta a Eva.

O sea, no estoy entre R. y el husband. Estoy entre el husband y no husband. Decírselo, estoy casi seguro, sería el final. Primero porque dicho desenlace ha sido advertido en numerosas ocasiones, y segundo porque no hay verdadera contricción tras el examen de conciencia.

Además, no quiero minimizar el impacto, le dolería muchísimo. Haría daño a una persona que quiero mucho. Este planteamiento obvia que más daño le hago pensando tanto en R. y en quejarme de la pareja.

Y aquí llego al callejón sin salida: si le digo algo, no sólo se acaba, sino que no hay solución. Los problemas de agosto se han atenuado, pero no del todo. Por lo cual, no puedo prometer que no se repita lo de R.

Ah, debo añadir de que en el fondo soy muy cobarde. Y que no estoy mal con el husband. Requetebien tampoco, pero no mal. Entonces las verdaderas opciones se reducen a tres: 1. Confesar y acabar todo. 2. No decir nada y procurar mejorar las cosas. 3. No decir nada y ver lo que cura o corroe el statu quo. Esto puede ser de todo, desde conocer a otro R., a reconciliarnos de verdad o que entre alguien mejor en mi vida.

El planteamiento no es nada ético, considerado o valiente, pero hoy por hoy estoy entre la segunda y la tercera. Esto me está dando para otro post.

El caso es que R. está fuera de la ecuación. Aunque quizá reaparezca puntualmente, en el fondo no pinta nada. Ha sido un componente, no un participante ni un móvil.

Agosto 14, 2003

No hay respuestas, tan solo matices

El que tuvo que esperar a que su husband viniera a las 12:30 de la noche fui yo. Entiendo que digo barbaridades, cosas que al tener un censor quizá no diría. Pero las situaciones se repiten, se acumulan.

Mis dudas, que si no las tuviera no escribiría estas cosas tan retorcidas, son muchas. No sé distinguir muy bien entre el egoísmo y las necesidades básicas. Quizá son las secuelas de tener un padre sádico y egoísta, que me castigaba cada vez que veía en mí tendencias «egoístas» (o sea, hacer cosas por mí mismo).

Dante y Flor, gracias. Las cosas no son tan trágicas como las pinto, de ahí mi necesidad de escribir.

Peluche, tío, gracias. Pero una cosa es que hay gente que quiera más (lo cual no es tan inevitable o terrible como suena) y otra pasarte seis noches a la semana sin el amor de tu vida. Sin una persona que dice que te quiere pero por otro lado hace mutis por el foro y te entrega una décima parte de su tiempo libre.

Si no le quisiera tanto, y si no le creyera que me quiere tanto, esto sería sencillo. Quizá igual de trágico, pero mucho más breve.