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Septiembre 8, 2005

La depre ajena

Desde que he vuelto de mi viaje, el Ex tiene todo tipo de tiranteces.

Primero me deja una carta (y otras tres para mis familiares) diciendo que no quiere molestarme y que no va a pasar por casa a soltar a los perros. Y que no quiere pasar a por su correo.

Le llamo y le dejo un mensaje, pasa cuando quieras.

Sencillamente, ya se me ha pasado. Quizá me cueste más cuando me toque verle con alguien, pero es obvio que la preparación mental que llevo haciendo desde hace meses me ha ayudado a cicatrizar.

El que antes quería que fuéramos amigos alcanza una conclusión bastante sórdida: «Cuando estábamos juntos teníamos muy poco en común».

Pues hala, haz lo que quieras.

Agosto 31, 2005

La pelea

Estuve con JA todo el fin de semana, y una de las cosas que pasó fue que se apareció el Ex el sábado por la tarde, sin avisar.

Yo estaba trabajando, JA respondiendo correos electrónicos, pero fui un poco seco con el Ex.

Luego, ya con Pedro a cuestas (literalmente, porque mi mejor amigo estaba francamente imposible, y se burló de JA y todo), nos fuimos a cenar.

JA me comenta que había sido demasiado duro con el Ex, y que deberíamos invitarle. Cedo, le llamo y cenamos. Fue bastante incómodo, el Ex hablando con Pedro sobre el tema favorito de este: el sexo.

«Me he buscado un fuck buddy que es completamente activo», le comenta a Pedro.

Pedro, que tiene una capacidad inusitado para ser un perfecto maleducado, se burla de JA.

Según JA, el Ex me mira con ojos de carnero degollado. La velada se acaba pronto, a Dios gracias.

Al día siguiente me llama Pedro y le digo que ha sido un perfecto maleducado, se intenta defender pero obviamente juzga al jovísimo JA por su apariencia y no le ha gustado.

Hoy le recuerdo por mensajero al Ex que me voy de viaje. Entonces me dice que no se ha recuperado de la cena.

- ¿De qué cena?

- De la mía con él él sábado.

- ¿Te estás o estabas acostando con JA?

-Sí, ¿pero eso que importa?

- Me pareció vengativo y de mal gusto. Todavía estoy a flor de piel (raw) con lo nuestro.

En el mensajero soy cortés y conciliatorio. De hecho el Turco tiene la cortesía de llamarme para desearme un buen viaje mañana y no puedo hablar con él.

Pero luego por carta pongo las cosas en su sitio:

- Han pasado 52 días desde que rompimos.

- Desde que se inventó la palabra no, se puede rechazar este tipo de invitaciones.

- No tengo ganas de ser vengativo ni de mal gusto, ni fue mi intención. Aunque mal gusto puede ser pasarse horas en bear411.com mientras utilizas mi perfil de Windows. Y tampoco lo de activo completo estuvo de lo más educado.

No sabe qué contestarme, en cierta manera porque (creo) he sido arrollador.

Lo que tampoco sabe es que he estado a punto de mandarle a tomar por culo. Muy cerca he andado.

Una cosa, le cuento luego a JA, es expresar impresiones («me ha sentado mal», «me resultó desagradable»), otra muy distinta es acusar a alguien de algo que jamás ha tenido. El caso es que ya lo he olvidado y él, muy lamentablemente, no me ha olvidado.

Esperemos que el tiempo sane más la cosa, pero hoy por hoy vamos mal para tener algo.

Julio 13, 2005

El panegírico

En el BOE(P) he escrito un panegírico a la muerte de la pareja, y dudando entre ser sacarinoso y sutilmente no decir nada, elegí ambos. El Alteñito me comenta que soy muy noble, pero sencillamente no quiero problemas. Adoro al husband en cierto sentido, creo que es una gran persona. Pero he perdido varios años de mi vida con él (no todos, ni mucho menos), y el culpable de ello soy yo.

Está más que claro para las amistades que el que ha buscado el final soy yo. Prefiero sin embargo ahondar en el futuro y en lo bueno. Lo negativo, volcado aquí muchas veces, sólo te sirve para subirte la bilis.

Mayo 6, 2004

Me voy, no me voy, me quiere, no me quiere

La semana pasada me comentaron de una posibilidad de un empleo de la empresa en la ciudad de los rascacielos. El lunes por fin me decidí a pedirlo, y como paga una miseria, pedí el cielo y la tierra. Me dijeron que me contestarían el martes.

Se lo comenté al husband de nuevo (anteriormente se lo había dicho, pero o bien no me lo tomé muy en serio o él tampoco lo hizo), y lo hablamos el martes por la mañana. No pudimos hacerlo antes porque el lunes por la noche se quedó muy tarde en el teatro.

Total, que nos gustaría irnos de esta ciudad, y que ya veríamos. En la oficina me dicen escuetamente que lo comentaremos el viernes por la tarde. Es una señal de que quizá milagrosamente acepten mis condiciones, pero me provoca estrés, porque de darme lo que pido significa que me tendría que ir ya. Y al no concretar nada, me deja en el aire.

Y entonces el husband matiza el miércoles por la mañana que no tiene muchas ganas de irse por ahora, que tiene muchos compromisos, pero que si yo me voy, en fin, que probablemente me seguiría.

Hablamos del clima frío, de las responsabilidades de ambos, de los canes, de un montón de cosas. El sentido común dicta que retire la oferta. Pero no lo voy a hacer porque sencillamente me quiero ir de aquí. Mi vida en esta ciudad tiene poco significado, estoy apoltronado y el cuerpo y alma me piden cambio.

No sé qué me produce más ilusión, si irme, independizarme un poco, abrir nuevos caminos, cambiar de lugar, lanzarme a lo desconocido o alterar bastante el guiso. Pero ya estoy cogiendo carrerilla, y lo veo peligroso.

Seguiremos informando.

Febrero 6, 2004

¿Matrimonio? No, gracias

Mientras nos absorbe lo cotidiano, en cierta región de donde vivimos se está contemplando el matrimonio homosexual. Y a menos que ocurra algo espectacular, se implementará en mayo.

Lo curioso es que no hemos dicho «¡vamos a casarnos!» Ni la consideración de un viaje rápido a Provincetown o a Boston para unirnos. Nada.

En gran parte es porque soy el motor de la pareja. Me cuesta admitirlo, pero soy el que hago las cosas, y sin mi perseverancia, no se cumplen. Esto aplica a las finanzas y decisiones importantes.

No quiero decir con esto que el husband sea un irresponsable, pero sencillamente funciona así. Ya vamos en un mes para nueve años, y siempre ha sido de esta manera. No me debería sorprender.

Por lo tanto, si no avanzamos es porque yo no tengo ganas de avanzar. Tanto darle vueltas a las cosas, y resulta que nuestra relación es una versión particular de The Matrix. Se hará todo lo que quiera que se haga (en ciertas cosas, claro).

Esto puede parecer fenomenal, pero el problema es que mi temperamento es absolutamente pasivo e inseguro, y no sirvo para mandar de esta manera. Y claro, él es igual, salvo con cierta indiferencia y distancia que hace que mandurrearle sea mucho más desagradable que mandurrearme a mí.

Qué puñetera es la vida.

Enero 27, 2004

Telarañas mentales

Salgo de cinco días de enfermedad, de bronquitis más o menos pertinaz que me ha hecho polvo el fin de semana.

El husband me ha cuidado, atendido y protegido. No mucho, porque de enfermero tiene lo que yo de chino. Pero sí con consideración y cariño. Y entonces me doy cuenta de cosas que también se tienen que considerar. Me quiere, a su manera, con sus circunstancias, y plenamente.

Y también me doy cuenta de que mis sentimientos son todos relativos y contradictorios. Es casi como deshojar esa margarita, cosa que no hago desde mi más tierna infancia, y decir «me quiere, no me quiere». Por lo tanto, mis impresiones no son un baremo cierto, porque varían. Tengo que buscar observadores más o menos imparciales y pedir opinión. Claro, sin que se enteren de lo que va.

Todo esto a veces me parece ridículo, hago estas gilipolleces por gusto. ¿Por qué seré tan inquieto?

R., por su parte, ha desaparecido. Ni palabra, ni mensaje, ni nada. Yo no insisto. No sé qué haré si me vuelve a llamar (que ocurrirá antes o después, y como si no hubiera pasado casi nada). Pero sé que el interés físico corre (valga el juego de palabras) por un lado, y el otro interés por otro.

Lo de este chico, incluyendo mi parte en relación con él, me parece un sueño raro, un intervalo surreal que no tiene pies o cabeza. A veces creo que me lo he imaginado todo. Pero no, las pruebas están ahí. Me jode mucho que no llame, que no conteste. No por ego, sino por casi humanismo. ¿Cómo puede ser?

Varios mensajes y un e-mail aparte presuponen que algo espantoso me ha ocurrido, pero no. Todo sigue igual. Lo único que ha transcendido son muchos kleenex y tosidos. Pero nada más.

Enero 16, 2004

A la rica empanada mental

Continuo con mi empanada mental. Estoy de viaje, que es cuando el husband y yo brillamos. Hoy es su cumple, y nada, se lo esta pasando pipa recibiendo un par de masajes mientras deambulo por las calles de una helada ciudad.

Ayer, montados en un taxi, nos cogimos de la mano. Fue un momento muy intenso, pero a la vez muy raro; casi inesperado. No debo tener esta quimica contigo, no debo tener esta atraccion. Bonito pero desconcertante a la vez.

En esos momentos, dejarle me parece impensable. Me asaltan todo tipo de ideas y posibilidades positivas sobre nosotros.

Luego, claro, volvemos a nuestra ciudad y la rutina nos empieza a despellejar del optimismo. Sabe Dios. Yo, no se nada, se que es cobarde de mi parte postergar y hacerme preguntas de esta indole constantemente.

R. ha desaparecido estos dias, era de esperarse, pero frustrante. Me gustas, joder, ya hablamos de que no queriamos nada serio. Pero no iba totalmente en serio.

Enero 8, 2004

Las bromas, bromas son

Esta mañana el husband me ha preguntado que si me iba al gimnasio, y le contesté que sí. No me funciona mucho la sala de tortura, como le llama Peluche, pero estaría bastante peor de lo que estoy (que ya es decir) si no fuera.

El caso es que me dice de forma ingenua: «Ojalá pudieras hacer tú algún ejercicio para que se me reduzca el culo».

Dios mío, lo que cuesta ser bienpensado, pero esa era muy fácil de dejar pasar. A veces el husband me tiene a régimen en esos menesteres. No lo hace de forma consciente, sino que los juegos de cama, salvo los que tienen encajes, no son demasiado de su agrado.

Es un tema añejo de nuestra pareja, yo me represento como el salido insaciable y él como el frigido desinteresado. No es tan grave, pero causa tensión puntual. Y R. que me sigue hablando por mensajero. Y mi guía moral en Nicaragua. Suspiro.

Noviembre 1, 2003

Peleas, peleas, peleas

Anoche improvisamos y salimos de Halloween (sin disfraz, ya fuimos el sábado pasado a una fiesta) por una concurrida calle peatonal de mi ciudad. Estaba a rebosar, le tengo cierta fobia al gentío, pero en fin, los disfraces eran dignos de verse.

Llamamos a cuatro personas, inlcuyendo a mi amigo P., que vive lejísimos. Hace semanas que no le vemos, en parte por la distancia. Las otras tres no pueden, P. dice que está muy lejos. El husband me pide el teléfono y le increpa a venir. Quedamos a las 8:30 en una heladería.

Mientras, el bombardeo empieza. «Presiento que en algunas cosas estamos peor que hace cinco meses». Me deja aturdido, yo opino lo contrario, nos va bastante mejor, dentro de lo que somos.

«Percibo cierta hostilidad hacia mí. En dos situaciones hemos peleado y nunca peleamos». «Eso es mi tendencia a no dejar las cosas pasar. Antes me hubiera embotellado y ahora no cedo. Dije que lo iba a hacer».

«Creo que estás cabreado conmigo, mira la conversación que tuvimos en la que me dijiste que había que elegir entre el teatro y tú, que si quería más al teatro».

«Pero eso fue hace por lo menos dos meses [lo he visto, fue hace casi 10 semanas], desde entonces estamos mejor. Te veo en casa como una especie de fiera enjaulada».

«Estoy fatal, me siento miserable, no hago nada. Pero por lo menos te sientes bien al respecto».

«Sí, vaya, pero a menudo precio».

«Hay que encontrar un punto medio, pero siento hostilidad, desde esa conversación, que creo que fue a principios de este mes, no en agosto...»

Aquí iba a decirle la cruda realidad, que estaba dispuesto a dejar todo en ese instante, que sencillamente no se dejó, y que desde entonces estoy mejor, me siento (sentía) más optimista al respecto. Pero obviamente no puedo, porque entonces va a pensar que esa hostilidad percibida (falsa) es sobre el hecho de que no me pude deshacer de él.

Al concluir la cena, vamos de tienda en tienda, algo que aborrezco, máxime dentro de una conversación de este cariz.

«Creo que un componente de todo esto es tu situación económica y tu situación profesional», le digo valientemente. Su preocupación con esos asuntos se está desbordando en otros lados. No me contesta.

Vamos a otra tienda, y me dice lo del orden. Soy un desastre, y a él le gusta tener orden. «Entonces tengo que contratar a una asistenta», comento.

«No, es cuestión de costumbre, de recoger, de ser ordenado».

«Cielo, no soy una persona ordenada».

Aquí me suelta un discurso sobre el orden que no es genético, que es una falta de decencia, que es cuestión de hacerlo todos los días o semanas.

«Me dices esto con un paternalismo increíble, como si tuviera seis años. ¿Te crees que no he intentado hacerlo antes? ¿Crees que es tan sencillo romper una costumbre de años?»

Me contesta algo, y le digo que lo intentaré, pero que me lo tiene que recordar, que tiene que ser mi conciencia al respecto y darme la lata.

«Entonces me vas a acusar de ser un pesado».

Aquí pierdo las riendas, entre la escena carnavelesca a nuestro alrededor, y le digo que acusar le puedo acusar de muchas cosas, pero que...

En ese momento sube los ojos con condescendencia. Me cabreo y le dejo. Nos volvemos a juntar en la heladería.

«Si no podemos hablar de este asunto tan pequeño sin pelearnos, ¿cómo vamos a hablar de los importantes». Casi pico.

«Me acabas de decir que es un tema muy import...mira, la verdad es que me estás pidiendo una cosa ajena a mí. Lo voy a intentar, pero me hace falta que me lo recuerdes. Eso es todo». Hacemos las paces, y nos ponemos a esperar a Pedro.

Llegan las nueve y pico, el husband se quiere ir. Nos levantamos, le dejo un mensaje a Pedro, que no tiene móvil, y nos vamos. Me quedaría, pero me convence que probablemente con el follón del tráfico ha dado media vuelta.

Llegamos a casa, y a las once menos cuarto me llama Pedro, cabreadísimo. Que había llegado a las nueve (bueno, no exactamente, pero no se lo voy a pelear) y que ya no estábamos.

Está furioso. Puedo contestarle, puedo pasar el teléfono al husband porque en realidad él ha sido quien le había pinchado para que fuera. Pero no, me vuelvo un estoico y encajo todo. Pedro se envalentona, me dice más cosas, sólo alcanzo a pedir perdón y desear que la noche se acabe.

Octubre 20, 2003

Dinero y sexo

Tuve una jefa una vez que me decía que las parejas casi siempre acaban por dos razones: dinero y sexo.

El husband y yo tenemos unos arreglos bastante claros con lo primero (con lo segundo, pues no me atrevo)...

Ayer estuvo con cara deprimida todo el día. A veces mi inseguridad cree que se ha dado cuenta de alguna manera, de aquello., pero no. El secreto, triste y feo, vive una vez más, como un cadáver pudriéndose en el ataúd de los secretos.

Total (perdón por el símil, estaba pensando en Poe), que tras estar todo el día en casa sin mucho que hacer, me voy al gimnasio andando. Al volver, hacemos de las nuestras.

Sigue con cara agria, «¿qué te pasa?». Nada. Nos vamos a cenar a un restaurante nipontailandés (que proliferan por aquí), y me cuenta que anda mal de dinero, entre el máster y todo.

No entiendo, si yo me administro mal, él se debe administrar mucho peor. Como nuestras cuentas están separadas y él gana casi $70.000 brutos al año, no sé adónde va a parar el dinero. Su abuela, pensionista de 88 años, le ha pagado la mayor parte de las clases.

No me lo puedo creer.

Septiembre 24, 2003

El husband me hace caso

El husband el domingo estaba comentando con su familia que le habían ofrecido el papel del león en el Mago de Oz, y que lo había rechazado.
Le pregunté que por qué. «Porque te prometí que no iba a aceptar ni un solo papel más este año».
Ah.

Agosto 25, 2003

Las cosas del querer

Anoche estaba hablando con mi amigo Pedro, y casi me suelta un sopapo. «Mira que hacerme todo esto para nada». Es verdad, pero tampoco quiere decir que estemos en la zona del monte que tenga orégano. Reconozco que soy melodramático, un histrión, como me dice una amiga. Y que no me cuesta mucho meterme en una espiral de desesperación.

Pero también se debe a que soy un falso estoico, dejo pasar cosas pero en realidad las acumulo, encajo, encajo hasta que estallo. Y cuando estallo, estoy tan harto que el agravio tiene muy poco que ver con la realidad. No digo que esto haya sido así con el husband: mis agravios son verdaderos. No está apenas en casa. No tenemos mucho en común, carecemos de intereses mutuos. Él es mi interés también, por mucha manía que le coja, por mucha hiel que acumule, confieso que le amo.

Y es una confesión terrible, porque te quita mucho capital a la hora de negociar cosas, de pedir. Es más difícil considerar alternativas si te vas a topar con ese muro de amor, porque te das cuenta que eres prisionero voluntario. Da pánico querer a alguien tan diferente que uno, a alguien que no te va a corresponder de la misma manera que tú le correspondería. Porque no te va a entender del todo, y tú a él tampoco.

Hay explicaciones culturales para esto, familiares, personales y hasta astrológicas. Pero es la incertidumbre la que más pesa, porque al haber química en ciertos estamentos básicos y en otros no, siempre hay tanto espacio para el malentendido. Y a mí que nunca me ha gustado ser directo, que siempre soy tan sutil...un suplicio.

En el ciberespacio es fácil poner los agravios, las injusticias, los deseos y los triunfos. Describir las flaquezas, las inseguridades, las imperfecciones, sin embargo, es otro tema.

Todo esto, confieso, parece una coplilla de los años 40 (contada por Miguel de Molina, por supuesto) bastante retorcida. Las cosas del querer analizada por Freud.

Agosto 24, 2003

La conversación

Vamos a un restaurante cercano a comer (en realidad, a desayunar, son apenas las 11:30 de la mañana). Empiezo la conversación de forma sutil al principio, pero entro rápido a matar:
«Ha sido una semana muy difícil para mí. Estuve malo pero fui a trabajar igual, y tu decisión del miércoles de aceptar una obra nueva me sorprendió. Creí que ibas a dedicar más tiempo a nuestra pareja tras la crisis que tuvimos. Con el horario que tienes, es obvio que no tienes tiempo para mí, que tu prioridad personall es el teatro. Con ese plan, no tienes tiempo para vivir en pareja».

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Agosto 22, 2003

Obras son amores, y no buenas razones

Anoche estuve hablando con un amigo (de estos que viven cerca, los ves frecuentemente y nos conocen en persona). Me intentó disuadir.

«Tienes que hablar con él y decirle que no acepte la nueva obra».

Dos problemas con esto. Primero, él sabe a la perfección que el teatro (que por otra parte es algo que le fascina) está siendo una carga en nuestra pareja. Se lo he dicho, se lo he advertido en nuestras peores crisis de mayo y junio, y se lo volví a decir el domingo, tres días antes de que aceptara el papel. Segundo, ¿que se quede a hacer qué conmigo? ¿Ver la televisión? No tenemos casi nada en común, es pedirle que se aburra y me frustre.

«Es una lástima romper esto después de 8 años»

Estoy de acuerdo, pero la longevidad de la no es una razón de por sí. No es un plan de inversión en bolsa ni un plan de jubilación que premia el tiempo. Ni tampoco es un vino. Si se está infeliz, se tiene que resolver. Y si no hay solución, no hay solución.

«Ahí fuera no hay mucha gente que merezca la pena»

Sí, ya lo sé. Pero mal de muchos consuelo de tontos. Salvo por ocho horas y una alianza en el anular, mi vida en este momento es de soltero. Pero sin conocer a gente (vale, sin conocer a casi nadie).

Estuve hablando con varias personas de esto, tener gustos en común y convergencias es sumamente importante. La atracción, el amor, el cariño y el respeto pueden ser un motor, pero si no hay hormigón que una las partes constantemente, a la larga la casa se cae.

Empecé a ver las grietas en nuestro tercer año, y tendría que haber sido consecuente y enfrentarme a ellas. Pero no, seguí más o menos los tres principios de arriba y estamos donde estamos.

Anoche le esperé. Mejor dicho, le intenté esperar despierto. Me dormí a las once y media, llegó casi a la una. Esta mañana se levantó temprano, se duchó. Hablamos mientras se vestía de cosas inconsecuentes. «Fulanito tiene a su novio en el hospital, esta noche me iré a cenar con él». Después de la obra, claro.

No sé cómo interpretaría mi mirada, pero me supongo que él tiene que empezar a dudar de todo esto. Ya tiene que saber que le he dado cordeles enteros para que se ahorque.

Confieso que tengo miedo y pereza, pero ya pasamos el castaño oscuro hace rato. Gracias por vuestros comentarios, me animan y me obligan siempre a reflexionar.

Agosto 21, 2003

Bajando al pozo...

... a buscar mi gozo.

Marc Camoletti escribió la farsa Pyjamas pour six hace casi 20 años. Es una comedia de enredos sobre la infidelidad que fue traducida al inglés hace una década.

Anoche, el husband me comentó que acababa de aceptar un papel en Pyjamas pour six. La obra se estrena en octubre, y sus ensayos empiezan en cuanto estrene la obra en la cual está ensayando ahora. Que a su vez, se estrenará cuando termina su obra actual.

Creo que se me cayó la cara al suelo cuando me lo dijo.

Agosto 13, 2003

Las cosas que te conté mientras estabas dormido

¿Cómo puedo estar contigo si no estás? ¿Cómo puedo sacar esto a flote si en tu tiempo libre decides pasarlo con tus amigotes del teatro?

No lo sé, mi vida. El sábado te fuiste a una fiesta, dormiste en casa de tus amigos, desayunaste con ellos, llegaste a casa a las tres de la tarde. Para echarte una siesta de tres horas. Intento entender la ausencia, intento entender que te aburres, que te aburro. Intento entenderte, y lo más frustrante es que lo hago.

Entiendo que te hacen falta tus emociones en un asunto en el que no tengo nada que ver. Que convergimos en otras cosas que son una décima parte de tu tiempo libre. Para hablar principalmente de lo que haces en tu tiempo en el escenario. Para comentarme que fulanito hizo tal cosa en tal función o ensayo. Que me he convertido en tu asistente personal verbal, que te apoyo.

Pero me tengo que entender a mí mismo, entender que me hacen falta más cosas, que me hace falta tu compañía, la presencia de alguien que me quiere. Que me justifico muchas cosas, diciendo que hay muchas infidelidades, incluyendo la cronológica, la mental, espacial y espiritual. Que también hay cobardía de abrir esta jaula de grillos emocional, que no puede conducir a cosas buenas. Que tengo mucho miedo a estar más solo todavía.

Y no sé si me vas a entender, porque yo no me entiendo. No me logro explicar esta inercia en una decisión que me quema. No puedo saber por qué me digo estas cosas, por qué me coloco en estas situaciones. Entre la espada y la pared, entre la rebelión y la sumisión. Son dos cosas que no quiero, dos extremos que repudio. Pero aquí me veo, solo. Sin ti. Mientras ensayas tu diálogo y tus canciones, ensayo mi decisión, y no sé cuál de todas ensayar. Me preparo para todas, porque veo que ya el foco está encendido, y que pronto subirá el telón.

Mientras tanto, duermes. El ensayo de anoche, y la posterior cena con los amigos, te ha dejado cansado.

Agosto 8, 2003

Infiel de palabra

Tengo un amigo, Armand, que dice que la infidelidad empieza desde que ves a alguien en la calle y piensas irte a la cama con él. Esto me parece algo ridículo, porque pone el listón de la lealtad sumamente alto: sólo tú serás mi atracción y tentación, sólo tendré ojos para ti.

Por otra parte, es un umbral muy fácil de cruzar. Ya dentro de eso, da igual mirarle el culo que pasarte la noche con él, es todo lo mismo. Puesto el culo en la gotera...

Luego viene el pecado o desliz físico. Un lance sexual prohibido con alguien. Hay quienes los evitan, hay quienes los tienen de forma casual y natural. La monogamía no es un estado normal humano, tenemos atracciones que van más allá de nuestra pareja. Después de todo, el amor cortés es una invención del Renacimiento. Antes los humanos éramos más consecuentes y sinceros.

Dicho esto, soy de los que procura evitar estos encuentros. Primero porque son adictivos, y segundo, debido a mi forma de ser, porque soy enamoradizo. Para mí el sexo es algo más, siempre le encuentro una vía afectiva. Por eso huyo de esas situaciones, porque sé que me pueden hacer mucho daño (y al husband ni se diga).

Por último está lo que llevo practicando aquí desde hace una semana: la infidelidad de palabra y pensamiento. Es la más grave y terrible de todas, no me cabe duda. No es justa, pero tampoco es absolutamente sincera. A veces se diluyen temores y dudas, que no por expresarse son ciertos.

Me di cuenta, por enésima vez esta semana, anoche. En la intimidad me di cuenta que le quiero, que a veces digo tonterías sin pensarlas. Que a veces me canso sin razón. Hay momentos en los que expreso, injustamente, mi desazón. En resumen, que no me debo hacer mucho caso.

Agosto 3, 2003

ónde estás?

Hace tres días que no veo al husband. Matizo: hace tres días que no hablo en persona con el husband. Le he visto dormido, pero nada más. Me acuerdo perfectamente de su cara, ese jueves por la mañana. Yo madrugo más que él, con excepciones. Pero el teatro le tiene muy ocupado.

Hace tiempo, consciente o subconscientemente, tomó la decisión de dar el 90% de su tiempo libre al teatro. Lleva cuatro obras en cuatro meses, y pongamos que servidor tiene que buscarse otros menesteres. No, no esos menesteres, soy (casi) el ejemplo de la fidelidad. El problema no ha sido adaptarse a la ausencia del husband cinco noches de lunes a viernes, y la del sábado. El problema se nos dará, me temo, cuando vuelva a tener esos días libres.

Por ahora, mucha paciencia, aunque hoy estoy que no sé si cortarme las venas o dejármelas largas. Me parece, desde que ocurrió la debacle hace dos meses y miramos al precipicio, que el que hace el esfuerzo soy yo. Y me frustra, porque mi primer instinto es volverme pasivo (es un decir) y dejar que este charleston siga al borde del precipicio. Lo último es una referencia velada a Qué bello es vivir (It's a Wonderful Life).

La semana pasada tuvimos una movida, pues el sábado se fue a casa de la directora de una obra que cerraba, sita (la casa, se entiende) en el quinto pino. Conduje hasta la puerta, el husband me llamó para decirme que no estaba, y le esperé 15 minutos hasta que se me hincharon los cojones, y me fui. ¿Miniensayo del futuro?