Main

Diciembre 11, 2005

Las redes del Alteñito

Al principio me resistí y decidí no caer, después de todo, si tengo casi 10 años más que el Alteñito, debo ejercer más el sentido común. Él ya estaba enamorado en ese entonces, me lo decía el instinto y me lo confirmaba el Turco.

Pero yo iba a ser más listo, más olímpico, más taimado. En una pareja, después de todo, siempre hay uno quiere más que el otro, ya sea por poquito o por mucho. Después de 10 años de ser el superávit con el Ex, me tocaba ahora vivir de los déficits, razoné.

Pero no pude mantenerlo. Su devoción ha sido demasiado para mí resistencia, para mi ambigüedad estudiada. He caído en sus redes casi tan involuntariamente como él en las mías.

Y me he enamorado. Lo he confesado tímida y oblicuamente en otro sitio, pero lo expreso más bien con mis errores torpes. Ya empiezo a decorar cosas pensando en cuándo va a venir, voy a viajar otra vez a México a verle en cinco semanas, y el pequeño harem que tenía formado lo he desmantelado, porque ya el sexo sin él es casi un ejercicio físico y poco más.

Me siento idiota pero impotente a la vez, como el que cae lentamente en las arenas movedizas sin capacidad de salida pero con la lentitud de verla.

Mientras en su pueblo, el Alteñito da largas, como en el son de la negra. Hace 76 días me dijo que quería venir y todavía busca el plan perfecto para tramitar su visa. Son cosas que me desesperan y que permito en semisilencio.

Veo todo esto como si fuera un sueño ilusionado, pero aunque no presto atención a algunos de los nubarrones del panorama, no por ello ignoro su presencia.

Septiembre 26, 2005

El retrovisor

Ayer volví a mi ciudad después de un largo e intenso viaje de una semana. Pavarotti me viene a recoger, nos vamos a cenar con un amigo. Y de repente veo al Alteñito en el retrovisor.

Me tendría que sentir aliviado, después de todo no quiero interferir en su vida. Pero esa es también la terminología de los cobardes. Durante mi viaje estuve cerca del Alteñito (bueno, no tan cerca, pero 500 kilómetros en su país).

¿Y por qué no fue a visitarte? Dos personas me lo preguntan. Contesto que porque habíamos tenido una tensa conversación la noche anterior, yo desconociendo aún que me iba de viaje.

Yo en su lugar, pensé, hubiera ido. Otro amigo me dice que es todo una fantasía, que si en realidad nos quisiéramos que él vendría a mi ciudad «aunque sea a fregar pisos como chacha».

Y pienso, resigndamente, que así es. Y que no ha querido hacerlo. Pero mejor pensado, que no ha querido hacerlo porque yo no lo he propuesto, que he sido muy lógico y consecuente.

Hoy amanezco con Pavarotti, pero cuando se va me miro entre las piernas, y me doy cuenta que tengo un par de cojones, que para algo han de servir.

Hace una hora y pico le pido al Alteñito que venga a vivir conmigo un mes. Que no sé lo que va a pasar, pero no puedo perder la ocasión. Y le pido que se lo piense un día. Sé que me va a decir que sí, que vendrá.

No sé lo que le voy a decir a Pavarotti, ni, mejor pensado, cómo. Pero quiero al mejor, y aunque Pavarotti vale mucho, el Alteñito me ha llegado al corazón.

Septiembre 19, 2005

Se acabaron los juegos

Anoche, cuando El Turco me abre los ojos de que estoy jugando involuntariamente con el Alteñito, me decido a hablar con él. Reptimos todo lo que hay que repetir, y me parece al principio un ejercicio más, de los muchos que he tenido, para lavar mi conciencia. Pero entre el metralleo de indirectas y de sopapos de realidad, de repente cala: Es IMPOSIBLE. Por el momento lo es, le contesto. Y me callo. Me encataría añadir una palabra de aliento sobre el futuro, pero me reprimo.

No hemos dicho nada nuevo, pero esta vez me da la impresión que se ha filtrado. No es que no sienta nada por él, pero ha sido muy egoísta de mi parte jugar a la posibildidad de que estemos en reserva el uno con el otro. Quizá, lo espero, pero por lo demás no es nada justo. No estoy en su misma situación, no puedo darle más ilusión.

Septiembre 5, 2005

Las doce campanadas

Todo lo que le digo al Alteñito a continuación viene del fondo de mi alma.

-Si tuviera dinero, vendría a verte una vez al mes, aunque los amores de lejos son muy difíciles.
- Te invito a mi casa, pero en mi ciudad y mi país te morirías del asco.
- No puedo emigrar a tu país.
- Me has caído muy bien, eres una persona muy entregada y cariñosa, de lo que no se ve. Ojalá te pudiera decir otra cosa, pero no puedo.
-Vamos a seguir en contacto, sé que nos volveremos a ver pronto. Quizá nuestros caminos se crucen, quién sabe. Pero yo estoy en una línea muy concreta y exigirte que la sigas conmigo sería una locura y muy egoísta de mi parte.
- Vine por una ilusión, pero ahora nos toca vivir la realidad.

Está conforme, muy a nuestro pesar. Han sido cuatro días formidables. Bueno, cinco. Tengo dos corazonadas, una es que conocerá a alguien inesperadamente, y otra que me arrepentiré, ilógicamente, de no haber hecho más.

Septiembre 1, 2005

El viaje

Hoy salgo a conocer al Alteñito.

He sido muy honesto con JA, le he dicho todo, y manteniendo nuestro pacto de radioactivos, me aconseja sobre el Alteñito.

Y sé que le tengo que comentar al Alteñito lo de JA. No sé cómo, pues en el fondo no sé qué decirle, porque no 'puedo definir lo de JA.

JA es una persona con ambivalencias, típicas de un Virgo, y estoy aprendiendo a llevarlas.

No sé lo que va a pasar, no quiero manipular ninguna situación ni intentar controlarla. Todo tiene que tener un cauce propio y orgánico, y me bañaré en su corriente.

Todo esto, obviamente, es ajeno a mí. Pero lo intento cumplir. Solo quiero ser feliz sin hacer daño a nadie.

Al no tener carretera ni mucha pista, el Alteñito es el más frágil en esta complicada ecuación. No quiero hacerle daño, pero debo ser honesto con él. Lo he sido hasta ahora, pero le tengo que contar cosas que no le van a gustar.

Y no sé lo que va a pasar. No me quiero quedar solo, reconozco que tengo pánico. Pero lo estoy venciendo, y mi triangulación actual (Alteñito, JA y Amazón; quien me llama sin cesar) me pone nervioso.

A las 5:30 de la mañana me llama JA para desearme un buen viaje. Y de paso me recuerda algo. Pero es un recuerdo abstracto, yo le doy cuerpo.

Calma, Parsimón, calma. Vive el momento.

Agosto 29, 2005

Setenta horas

Pasar setenta horas seguidas con una persona te lleva a conocerla, sobre todo si el jueves ni le conocías.

Con AJ la cosa se vuelve matizada, hemos tenido todo tipo de intimidades, pero nos decimos (no sé muy bien si a título de pantomima o no) de que todo esto es un ejercicio hedonístico.

Me encariño, para qué negarlo, pero hoy al cenar con él soy sincero: «hace algunos años, un poeta (que fue a la cárcel por escribir un poema) me dio un buen consejo sobre un amor complicado: "suéltalo, que sea libre y haz todo lo que te pida". Lo procuro seguir, aun cuando miento y digo que lo procuro seguir.

«Pero a veces me parece difícil. Porque veo a personas pasar que merecen la pena, que me invitan a tomar baza, a controlar. A personas como el Alteñito, como Amazón, o como...tú.

«Y aunque conoceros me provoca controlar, hacer algo proactivo para manteneros, no lo hago. Eso es en contra de mi naturaleza, ajeno a mí...hacer lo que es para la relación natural en sí».

Me entiende, yo me leo y no me entiende. Pero sabe lo que digo. Con su ex trae una empanada mental que me desilusiona un poco. Pero por otro lado es respirar realidad.

Lo que omito es: «tengo miedo a perder personas como el Alteñito, Amazón y tú».

Para colmo, El Turco me comenta que el Alteñito no sigue mis admoniciones (ni las propias) y que está coladito. Absolutamente coladito. Éticamente ya sí que no sé lo que hacer, aparte de comentarle lo de JA.

Julio 13, 2005

La vehemencia

El 1 de septiembre voy a ver al Alteñito. Cinco días. Espero además de tener sexo como dos descosidos, ver cómo nos compenetramos y las realidades de esta sociedad de admiración mutua que estamos creando.

Sabe Dios lo que pasará. Ilusiones me hago, pero solo son eso. Y me alegro que no viva aquí en mi ciudad, por lo menos por ahora. Hubiera sido una transición muy fea.

Abril 1, 2004

No te quejes

De un blog que dejó de escribir hace tiempo (traducción apuntalada mía):

Jon y yo rompimos nuestra pareja. En realidad, le puse los cuernos para que rompiéramos. Por qué, preguntas. Bueno, él me informó que nunca se casaría con un tío gay ni nada por el estilo. Y que también que cuando cumpla los 25 años, iba a hacer lo siguiente independientemente de cómo fuera nuestra pareja:

1. Dejarme
2. Encontrar una tía.
3. Dejarla embarazada.

El blog se llama JON+JASON=FELICIDAD PURA

Agosto 28, 2003

Por el momento, nada

La entrevista miraba a la ciudad, desde un hotel de lujo. A veces no sabía si era para la revista en español más importante del país o para Shangay o Zero. El editor, subeditor y reportero en jefe todos gays. Y vamos, que no harían dudar a nadie. La otra reportera presente tiene un hermano activista.

«Queremos un free-lance», me dicen en un espanglish suelto y atormentado. Les contesto que no puedo, que mi empresa jamás me permitiría colaborar con alguien así. Pero se abre una relación personal, juran que me llamarán si hay plaza en español «para mí».

Les cuento que sé hacer un poco de todo: HTML, Photoshop, reportar, editar, etc... Me abren más puertas, todo acaba en sonrisas y en cotilleo. Me acompaña a la salida el reportero en jefe, ex compañero durante casi cuatro años. Quiere ponerme en una plaza editorial, pero todavía no es el momento. Me ha vendido como gracioso (que en realidad no lo soy, más bien soy bastante sarcástico cuando me da la vena) y «buen escritor». Alucino.

Total, hoy por hoy con las manos vacías. Pero me da la espina de que pronto voy a estar pidiendo una plaza en Nueva York.

Entrevista

Hoy, en unas tres horas, tengo mi entrevista con un medio de NY. Es la que me llevan postergando tres semanas por razones de salud del editor. Ya veremos, me tira muchísimo. La incógnita es el lugar (es para algo que verdaderamente se puede hacer en cualquier ciudad del mundo; sólo es cuestión de convencerles) y claro, el salario, porque Nueva York es bastante más cara que mi ciudad actual.

Agosto 8, 2003

Más oportunidades

El viernes que viene tengo una entrevista de trabajo con una importante revista, quieren que alguien edite su web, y tenga experiencia con HTML, Photoshop y revisión de artículos....mmm, parece que conozco a alguien que puede desempeñar esas labores.

Vamos a ver cuánta guita ofrecen. Me siento incómodo porque la empresa donde trabajo actualmente se ha portado muy bien conmigo (Parsimón ha tenido dos meses y medio de crisis personales, laborales y viajes extendidos). No es que crea que les traicione, pero me parece algo difícil de explicar.

La única incógnita es dónde sería el puesto, si en la ciudad de los rascacielos, como me temo, o si lo puedo hacer desde casa. Si es lo primero, esto abre cierta duda, pues depende de si el husband me quiere seguir o no. Siempre ha manifestado su desprecio por la Gran Manzana, pero habrá que verlo.

Pese al dump de inquietudes que vierto por aquí, le sigo queriendo. Las cosas, como bien dice ese gracioso filósofo que es Peluche, se hacen, no se dicen.

Agosto 6, 2003

Me confieso con el messenger

Hoy, a través del mensajero instantáneo, he tenido confesiones con dos personas diferentes. La primera, que más bien es una fantasía, es que me gustaría volver al terruño, y me he fijado un plan para hacerlo. Me temo que el husbando no me seguirá, pues sería infeliz. Lo que pasa con esto es que lo he expresado de una manera tan fría que hasta me ha asustado a mí. A mi interlocutor no tanto, pues me ha preguntado que si tengo a alguien calentando en el banquillo, cosa que no es ni remotamente cierta. Pero es terrible en muchos sentidos.

Hablando con Mauricio, me dice que me entiende, que a veces hay que reciclar a la gente. Creo que emplea el verbo mal, pero no sé, me temo que en el fondo el husband no es capaz de hacerme feliz, que no puedo seguirle porque no tiene a dónde llevarme, y que no va a querer venir al lugar que me gustaría ir a mí. Todo esto es muy metafórico y teórico, entiendo que la pareja es mucho más que eso, que la realidad y el uso se interpone entre los planes. Que no se puede ser tan frío.

Al igual que el husband nunca llegará a ser feliz por su cuenta porque es demasiado depresivo, yo nunca llegaré a ser feliz quedándome en un sitio. Y nunca echaré raíces. En el terruño tengo pocas, y en la ciudad de las triquiñuelas menos. No entiendo por qué tengo que ser tan puñeteramente complicado, con lo satisfecho que he estado en este país durante esta década, y ahora, ¡zas! Todo patas arriba.

Es caminar siempre errante mi triste sino,
sin encontrar un descanso en mi camino.
Ave perdida, nunca he de hallar
un nido amante donde cantar.

Como siempre, tan melodramático. Y con el síndrome de Casandra. Me temo que en algunos años leeré todo esto y me preguntaré qué coño me había picado, con lo bien que estaba.

Agosto 4, 2003

Confesiones del punto muerto

Tras leer lo que escribí ayer, me siento como si estuviéramos en punto muerto en el vehículo de la pareja (para los no ibéricos, explico que el punto muerto es el neutral en un coche; para los no conductores, lo siento). Vamos a cierta velocidad, y no sé qué marcha va a entrar. Ayer creía que entraba la segunda, y resultó ser la quinta. El husband está deprimido, no sé muy bien por qué. Me imagino que porque es depresivo de naturaleza, que en el fondo es una persona triste.

Y en esas situaciones brillo, porque sirvo para consolar (en todos los sentidos de la palabra), para proteger, para aliviar. La indefensidad y el dolor ajeno me atraen, no sé muy bien por qué, pero tengo un instinto protector bastante desarrollado.

Hacer estas confesiones a los ocho años es muy triste. Me acuerdo que hace poco le comenté a un amigo que no sabía lo que iba a pasar, y todavía no lo sé. Cierto, la vida en sí es una gigantesca incertidumbre, pero me supongo que cada cual tiene ciertas expectativas de su pareja. Yo las tengo, pero no son temporales. Quizá nos hartemos, quizá me harte yo. Me he dado cuenta que hemos alcanzado techo, que el techo es muy bonito (no es la Capilla Sixtina, pero tampoco está mal), pero es un techo. Ahora me toca ser egoísta y evaluar si me conviene, si merece la pena.

Tengo un buen trabajo y un marido que me quiere. Es una persona buena, decente, ética, seria y fiable. Y todavía me quejo. A veces me siento como la lechera que por querer más y soñar, se quedó sin nada. Y me pasa con todo, tengo una expectativa tan alta para las cosas, que cuando por fin ocurren me suelen decepcionar. Debo dejar de ser perfeccionista y dejarme llevar más por la vida. Ah, si puediera apreciar esta felicidad, esta estabilidad, esta buenaventuranza. Si pudiera tener un poco más de parsimonia en el corazón.