Main

Octubre 13, 2005

La canción de Pavarotti

Me aburre, sencillamente ha dejado de excitarme. Se lo puedo atribuir a muchos motivos, pero creo que ha sido su ambivalencia y sus ganas de pelear por gusto. Ambivalencia porque no sabe si quiere a su ex, y no afronta sus sentimientos de una manera madura para sus 28 años. Prefiere sumirse en unas tinieblas de contradicción y pantomima. No le puedo culpar, es mucho más fácil hacer eso. Pero ahora que su ex, Peter, ha venido a la ciudad de repente, prefiere seguir dando vueltas.

«El sábado me pasaré el día con mi amigo Peter», me dice, como si fuera la cosa más natural de mundo y como si fueran a recoger setas al monte. Me da igual, pero me repatea que sea capaz de mentirse. El Peter tampoco es un adalid de la consecuencia y de la madurez: ha venido aquí pero a sus 38 tacos (años) es incapaz de decirle a Pavarotti que viene a por él. Consecuencia, una empanada.

Hace casi una semana que aunque dormimos juntos, no tenemos sexo. Le estoy empujando suavemente para que se vaya, me pongo más arisco, más maniqueísta y me enfrento más. Es antinatural en mí, que suelo ser tan dócil y armónico. Y de paso me incomoda porque tengo madera de dictador.

En fin, que sigo pensando en el Alteñito. Acabo de salir de una enfermedad que exigía antibióticos y esta mañana me hice una señora masturbación (iba a decir paja, pero quedaba muy feo) a su nombre. No sé lo que va a pasar, pero ya me he cansado de Pavarotti.

Septiembre 21, 2005

El joven y su ardor

Estoy de vuelta en la ciudad del chico que me hizo una oferta nada decente hace un par de meses. Como he pasado de él y no he aceptado sus ruegos monetarios, creía que no iba a hacerme caso. Nos encontramos por el Messenger, y a las tres horas nos estamos acariciando en la cama. Me he sentido bien, aunque le llevo 16 años y pensé que iba a sentir más morbo, pero no, fue curiosamente entrañable y cariñoso. No me engaño mucho, quiere irse de su país y no me llego a fiar de sus múltiples alabanzas.

No sé por qué, pero a mi frente de juventudes particular les está dando mucho por alabarme, y algún día hasta me lo creeré. Pero este chico, a quien bautizaré Luisito, es el más atractivo de los cinco; los 21 años le ayudan. No me llego a fiar del todo de él, pero esta vez me está gustando más.

Lo peor de esto es que ya la honestidad se va al traste. A Pavarotti no le puedo contar de esto, se muere. Intenta ponerle andamios a su inseguridad incitándome a que me acueste con otros, pero es un esfuerzo bastante transparente de su fragilidad e incertidumbre. Cuando vuelva a mi ciudad el viernes, creo que voy a tener que reestructar el «pacto de radioactivos» que tengo con él. Obviamente, quiere más.

Septiembre 20, 2005

La canción de Pavarotti

Tener una persona siempre a tu lado constituye una especie de costumbre. A veces buena, a veces no. Soy de los que se harta un poco de la compañía y que necesita de vez en cuando la llama de la libertad, sobre todo cuando se convierte en soledad.

Creo que JA, a quien le voy a cambiar el apodo por aquí a Pavarotti por razones que serán obvias un poco más abajo, se está quedando coladito conmigo. Anoche me llamó para decirme que le hacía falta, que me echaba de menos, y hoy se ha puesto casi a rabiar cuando he anunciado un viaje de negocios casi obligatorio. Una persona que finge ser tan independiente resulta no serlo.

Pero le he dicho, yo siempre tan terapéutico, que debe analizar si todas esas cosas que siente hacia mí se deben a la separación con su ex. Creo que quiere volver con él, y no me extrañaría mucho que en tres o cuatro meses cuente aquí que siguen juntos. JA está enamorado de ese inglés borracho, frío, violento, armarizado y para colmo, amante de las suertes taurinas.

Yo soy lo contrario, y he procurado ser lo más cervantino y honesto con él. Ah, y cariñoso. Porque aunque resulte feo decirlo y muy poco modesto escribirlo, soy una persona muy afectuosa. Y eso no lo tiene todo el mundo.

Me voy con él a un festival de ópera en Monteverde dentro de doce días. Me encantará volver a ese estado, aun cuando fui con el Ex hace algunos años por motivos muy formales. El chico es un tenor aficionado. Me canta cosas de Orff y de Falla en la cama. Lo único que el Ex en la cama era las verdades. Es una lástima que haya pasado tanto tiempo con el Ex, cuando conozco a personas de calidad como el Alteñito y Pavarotti, me doy cuenta de lo que he desperdiciado. No porque él no se lo mereciera, sino porque no lo podía apreciar y reciprocar.

Septiembre 18, 2005

La incongruencia

El sábado es el primer día de Amazón como limpiador de mi casa. Al terminar casi todo (la verdad es que lo hace bastante bien), me tengo que ir y pregunta que si se puede duchar. Yo digo que sí y me empiezo a vestir para ir a la fiesta de cumpleaños de la abuela del Ex. En eso se aparece Amazón en mi cuarto como Dios le trajo al mundo. Me resisto un poco, pero sencillamente no puedo.

Al acabar le digo que ya no más, que esto no puede ser. La incongruencia es tamaña: yo estoy poniéndole los cuernos a JA, con quien estoy poniendo los cuernos al Alteñito, y esto lo hago con alguien que a su vez está poniendo los cuernos a su pareja. No puede ser, es demasiado incongruente (aunque debo decir que no hay compromisos con JA ni con el Alteñito; y que éste sabe que no soy un santo).

Todo esto es ridículo. Tengo a tres personas que de por sí merecerían una pausa en serio porque merecen la pena. Y por mi indecisión las puedo perder a las tres.

Septiembre 7, 2005

Cosas te iba a decir cuando estabas dormido

Pero no te las dije porque dormiste poquísimo, casi acechándome, aprovechando cualquier indicio de que estaba medio despierto para meterme mano.

Eres un lujo, Alteñito. Lo eres, me siento como el objeto de una obsesión magnífica, preocupante, pero estupenda. Preocupante porque conocer a alguien que quiera follar (coger, o como tú dirías, tener algo conmigo) más que yo, y que encima lo quiera hacer conmigo, es toda una novedad. Cuando me despertaste la madrugada del viernes me alteró un poco. Pero me encanta, debo reconocerlo.

Y te echo de menos. Quisiera hacerte venir, provocar algo para que vengas a vivir conmigo. Sé que las personas como tú no vienen todos los días, que aunque es prematurísimo me gusta mucho ser adorado sin saber del todo por qué.

Porque no sólo me puedes hacer feliz, sino que además te puedo hacer feliz. Pero no puedo, porque vives en un pueblo pequeño al que le quedas muy grande. Y tienes que irte de ahí, dar el salto. Todavía me acuerdo de tu cara de decepción cuando te dije lo de JA en la pizzería.

Me gustaría manipular, forzar situaciones, porque los medios justifican el fin. Pero no puedo. No porque no quiera, sino porque es una versión binaria: tu pueblo o yo, tu vida o la mía a mi manera. Entrarías con mucha desventaja, y sencillamente no me parece justo.

Tienes que tomar tu vuelo propio, no me atrevo a darte el empujoncito (o el aventón, como tú dirías). Somos hombres libres, y mi decisión me pesa porque a veces soy demasiado sensato con mi impetú. Pero eres tan frágil que no quiero alterarte sin tu permiso.

Es tentador, muy tentandor: ¿a quién no le gustaría tener a alguien que lo idolatre y saber además que lo iba a tratar bien?

Pero te esperaré como el lobo que a veces emulamos en nuestros juegos. Cuando emprendas el vuelo que alguna vez te verás obligado a emprender, te seguiré la pista. Quizá tu corazón ya esté repuesto, ya veremos.

Mientras tanto, ocupo que te ocupes de tu futuro. Dicho en tu dialecto y en el mío.

Agosto 23, 2005

La cantera se agota

Primero el voleibolista acabó su temporada en la ciudad y se fue a Nueva York. Adiós. Y después, Amazón me quiere confesar algo, después de darme largas un par de veces. «Te he mentido, [Parsimón], tengo novio. Eres muy dulce y no quiero perder tu amistad». Casi lo prefiero, a las duras. Me estaba encariñando mucho con él, tanto física como emocionalmente. Y quizá hubiera roto mi regla de tres meses sin romance constante. Él, tras tres encuentros, al parecer también se estaba enamorando.

«Quiero conservarte como amigo», me dice. Pero al parecer quiere un amigo con privilegios. Amazón tienen muchos problemas en su vida, y no sé qué hacer. Tengo ese dilema ético, y al final le digo que si quiere verme, que me llame. Quizá me toque ser su sicólogo (¿por qué le engañas?), pero en fin, un poco colgadito estoy, no lo niego.

Agosto 22, 2005

Locuras lujuriosas

«Vamos a decirlo así: si ambos salimos ilesos de esta, tendremos mucha suerte». No suelo empezar una velada íntima con esa advertencia, pero merecía la pena. Tiene apellido de dictador dominicano, y en una especie de guiño retorcido, nombre de faraón egipcio. Es de Mexicali, ciudad donde se pronuncian las ches como shes, y donde el mercurio sube bastante.

Se ha quedado tirado en una zona norte cerca de mi casa, y ha visto el BOE (P), y no ha dudado en pedirme ayuda. Apenas tiene dinero, busca la caridad ajena. Es jefe de nómina de una empresa, y no le parece súmamente raro que con ese cargo su cuenta bancaria se quede vacía. Nos intercambiamos tarjetas de negocios, y se queda en casa una noche. Habla, sueña, me comenta de no se cuántas cosas raras, y se produce la metamorfosis de perfecto desconocido a persona entrañable en menos de tres horas.

Aunque tenemos sexo, me acuesto temprano mientras él ve Se7en. Interpreta mi puerta cerrada como señal de que no quiero ser molestado, y se echa en mi incómodo sillón. Le despierto a las 8 de la mañana, y le invito a que se acueste en mi cama mientras yo hago otras cosas. Mientras duerme, me planteo ir a despertarle de una manera bastante, ejem, explícita. Pero prefiero no hacerlo.

La idea de que condiciono su estadía a que me deje follarlo me parece muy mal. Si él quiere, que lo inicie. No lo hace. Le dejo en un hostal en South Beach, seguro que se lo pasará mejor. A mí me duele el hombro. Al final, sí salimos indemnes.

Agosto 16, 2005

Virginidad versus sexualidad

No sé por qué, pero me he rodeado en Internet (sola y lamentablemente) de personas generalmente jóvenes, masculinos y gay. Algunos han tenido (y tienen) eso que nos inculca la sociedad de que el sexo es malo, y la promiscuidad. Entonces dudan entre dejar su virginidad y entregarse a la lujuria que emana de sus cuerpos.

Otros siguen vírgenes, esperando que llegue su príncipe azul. Entiendo a los dos, aunque a los últimos no tanto. Pero creo que (excluyendo las promesas de fidelidad a terceros) tenemos que dar rienda suelta a nuestros cuerpos. Si nos piden marcha, dársela. La razón creo que es muy sencilla, más allá de los motivos hedonistas: el paso del tiempo te hace lamentar la autorrepresión. Si a los 18 años hubiera pensado lo que ahora, me lo hubiera pasado bomba.

Claro, ese es el caso de muchas cosas en esta vida, y por eso siempre digo en este debate lo de Osvaldo Bazán: cogiendo (follando, chichando) se conoce a gente.

Aclaro que no se debe imponer un régimen sexual ajeno a nadie. Hay quienes soportan su virginidad bastante bien, y no aparentan sufrirla en absoluto (me proyecto). Luego están los que la entregan a cualquiera y se arrepienten, centrándose en las circunstancias del momento, a veces turbias, en lugar de la experiencia adquirida. Otros tienen momentos insaciables, y bueno, obedecen al deseo.

Hay que tener cuidado, y tomar las precauciones básicas. Y nunca arrepentirse del historial sexual. Como bien dice Victor Downes, «el promiscuo es aquel que tiene más sexo que tú». Después de todo, que te quiten lo baila'o. Y si no quieres bailar, pues no bailes. Pero eso lo decides tú, no la sociedad.

Agosto 13, 2005

Amazón, el hijo del obispo

Es hijo de un obispo. Resta morbo decir que el progenitor es de la Iglesia de Cristo de los Últimos Días, pero todo sea por la verdad oblicua. Nos conocimos hace casi tres semanas en un sitio de internet, y hablamos mucho (lo cual está siendo mi tónica) antes de que viniera a conocerme a casa. Respeta todas las prohibiciones de su iglesia, por lo menos las dietéticas, y no sé muy bien cómo proyectarme. Él se encarga de eso, y es muy cariñoso, nos pasamos casi dos horas abrazándonos y acariciándonos.

«No quiero enamorarme de ti», me cuenta. Yo tampoco, me parece todo un poco prematuro, y se lo digo. La pasión, que tanto ha faltado en esta década, ha vuelto. Me ha gustado estar con él en la cama, abrazados. Creo que cuando dos hombres lo hacemos, lo sentimos mucho más. En parte porque es más fuerte, pero también me parece más íntimo. Cualquiera besa o lamotea, pero abrazar es más complicado.

Aunque está un poco gordito, tiene unas piernas de futbolista que dan gusto. Ah, y conoce a SS.MM. Es una circunstancia muy rara, pero fascinante.

«Doña Sofía me dio un beso aquí», señala en su mejilla. Aprovecho. Six Degrees of Sofía de Grecia. Ya puedes decir que lees un blog cuyo autor besó una mejilla besada en su día por una reina de verdad.

Agosto 4, 2005

Los pecados de la juventud

El joven está viendo su telenovela. Tiene la cabeza apoyada en mi rodilla, y después de haber tenido relaciones con él, le acaricio suavemente. «Me he perdido casi toda La madrastra por ti». No pensé que me iba a ver los últimos 16 minutos del culebrón, pero los disfruto.

Conocí al voleibolista hace unos meses, y anoche me decidí a tener algo con él. Fue bastante raro, porque su amiga se quedó sin batería, y les tuve que ir a recoger para literalmente echarles un cable.

Su historia es un poco rara (estudiante de medicina forense, jugador de una selección nacional de voleibol), pero en estos momentos todo lo peculiar me atrae. Vive en un hotel de pocas estrellas, de estos edificios art decó del continente americano venidos a menos.

Su padre, que es de la isla donde dicen «bendito, nene», es al parecer dueño del hotel. El chico, oriundo del país del «chamo»y del «pana», dice pertenecer al equipo nacional de su tierra natal.

Creo que es una de esas personas que tiene una crisis de identidad nacional, porque ha estudiado en tres países distintos.

Todo esto lo acepto con casi buena fe, porque aunque puede ser un fantasma, me caen muy bien. Tiene 12 años menos que yo. No me voy a casar con él, ni nada. Ambos queremos un pasatiempo.

En la cama genial, aunque tiene mucha prisa. ¿Será la edad? ¿La madrastra? Nos despedimos, nos llamamos. Me recuerda al Alteñito en algunas cosas, creo que eso es positivo. Me imagino, claro, porque no conozco al Alteñito en persona. Cuando dejo de analizar las cosas y de dimensionar lo acontecido, soy más feliz.

El ex me ha dicho esta mañana que prefiere dormir en su nuevo apartamento a partir de hoy. Es lo que quiero, pero disimulo un poco. Sé que esto no va a ser fácil, no me engaño, pero ya lo prefiero afrontar solo una vez que ocurra.

Me vuelve a repetir lo de «lo siento, fue el error más grande de mi vida haber empezado esta separación». Esta vez me sienta mejor, pero ya es casi anecdótico. Nuestras vidas tienen más viento en sus velas, y eso es lo que cuenta en estos momentos.

Julio 27, 2005

Los polvos del camino

Anoche estuve con Ed. No, lamentablemente no con ese Ed, sino con otro con el que me llevo rondando mutuamente desde hace tiempo.

El único incoveniente es que fuma, pero la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Me dio un masaje de aupa y luego todo cayó en su lugar. Ya al ducharnos, lo más obsceno fue el agua que consumimos (me iba a sentir más culpable, pero tenemos un exceso de lluvia en esta tropical ciudad).

Y es que a veces me olvido lo erótico y estupendo que puede ser estar en una ducha con alguien sencillamente abrazándose y besándose suavemente. No me fijé en el reloj de su baño, ni nada por el estilo. Creo que estuvimos casi una hora, entre el agua y el vapor. Nada (bueno, casi nada) sexual, pero aun así muy relajante.

Soy muy enamoradizo, pero no quiero flecharme con nadie. Con Ed empiezo a hacer planes para una cena y para que veamos Plata quemada, pero nada más. Que sea físico y compañeril, creo que ambos tenemos ese nivel, y ya está. Ah, y muchas muchas duchas, que aquí no hay sequía ni por asomo.

Julio 20, 2005

Ofertas nada decentes

Hace tres meses en cierto país donde se bebe tequila, posterior al interludio moreliano tuve un romancito chilango. Fue una cosa de una noche, a partir de ese entonces solo fuimos amiguitos y punto. Cena, paseos y acompañamiento al aeropuerto.

Total, que ahora que se ha enterado de mi disponibilidad, me está echando más que flores. «¿Te gustaría hacer el amor conmigo?» La pregunta viene de sopetón, y le digo que bueno, matizando que lo que pasó entre nosotros no llegó sexualmente hablando a eso, pero que interesarme....pero le cuento lo del Alteñito, y se ofrece a visitarme durante mi romántico viaje en septiembre.

Le digo que no estaré en la ciudad grande, cuya homónima está a 58 kms. de Madrid, sino en un pueblecito típico de la sierra. No es del todo cierto, pero bueno, no me parece oportuno. Me encanta el tono juvenil, digno de chapero: «Entonces mándame el dinero del pasaje». Prefiero no hacer caso al comentario, le explico por qué no es buena idea, y ya. Pero la verdad, el hecho que tenga 21 años (bastante menos que un servidor) no le da derecho. Se lo tendría que haber aclarado, pero la verdad es que soy un cerdo: pienso en esa cara, en ese cuerpo, y decido callarme.

Pero, ¿qué coño hago yo, con todos mis respetos a mis jóvenes lectores, con un chaval de 21 años? Rectifico, cumple 21 el mes que viene.

Junio 18, 2004

Desorden total

A las pocas horas de escribir la entrada anterior me desperté súbitamente. De esos respingones que da el cuerpo cuando te percatas que te has quedado traspuesto en una situación indebida.

El caso es que me quedé dormido en cama de John. John, para los que no estén enterados, no es obviamente el husband. De hecho, apenas conozco a John de la oficina, pues nos arregla los servidores de Pascuas a Ramos.

Me gustaría mucho decir que he llegado hasta aquí como un sonámbulo cegado por alguna fuerza mayor, y que descubrir mi cuerpo y su cuerpo cubierto de una lámina costrosa fue una sorpresa desagradable. Y que soy inocente (o por lo menos rebelde porque el mundo me hizo así). Que la culpa lo tiene el trastorno neurovegetativo.

Pero no, estoy aquí porque he querido venir a Overtown, una de las peores zonas de mi ciudad. Y he querido venir a follármelo, seamos sinceros. Y tras la segunda vuelta nos quedamos dormidos, sin duchas y sin leches (bueno, sí). Y no mentiré (aunque eso si parecerá mentira), quise una tercera ocasión, pero tras toquetearme, John se volvió a dormir. Me levanté al baño, me lavé un poco, escribí una nota de despedida y me fui.

Le conocí hace tres semanas, es una versión lampiña y esbelta del husband. Empezamos a hablar, y me picó la curiosidad su falta de vello. Él dijo que era de una ciudad del norte, y que se acababa de mudar aquí hace unos meses. Ah, y que vivía en Overtown. ¿Overtown? ¿Y no te roban a diario? No, aseguró es un barrio muy tranquilo. Mi casa a veces la dejo abierta y no pasa nada. De hecho, puedes venir un día y verás. Pues venga, el sábado (no fue tan fluido el tema, pero sintetizo).

La autoinvitación dio resultado. Pero creo que no me gustó mucho John, sino la oportunidad de zumbármelo. Depravación total. Tenía razón, la casa parecía apacible y era lampiño total.

Esto debería ser el fondo, ¿verdad? El punto más bajo, cutre y horrendo del tema. Pero no.

El miércoles acompañé a un amigo, uno de esos casos descarriados que tanto me fascinan, mientras trabajaba en una tienda turística de la ciudad. Me contó como estaba enamorado de su compañero de piso, de cómo había tenido sexo oral durante casi cuatro años, y que ahora vino otro y ¡zas! Se lo robó. Todo esto con ribetes melodramáticos, pues es obvio que está enamorado, celoso y resentido, y que para colmo el compañero no va a salir del armario ni a tiros.

Por fin se va a ir a otro apartamento, y le digo que tiene que conocer a alguien gay en el plano social y salir. El chico es 10 años más joven que yo.

«¿Y por qué no tú? Me has ayudado mucho». En circunstancias normales echaría mano de la falsa modestia y recitaría las variadas razones. Pero no, sonrío y digo que a lo mejor hay que probar la mercancía.

No sé cómo (bueno, no sé el por qué), pero el chico cierra la tienda y me lleva a la trastienda. Lo demás es clasificado X, salvo que a mitad se quiso echar atrás y no le dejé. Tonterías como que quizá algún cliente podía entrar. ¡Por Dios!

Llegué a casa sintiéndome como el monstruo que había sido. Una persona de un grupo activista al que pertenezco, que me recomendó el chico para la ayuda, me llamó ayer porque dice que está un poco alarmado conmigo. Eso fue por lo menos el mensaje, pues no contesté el teléfono.

Ninguno de los dos me contesta. No les he llamado, pero sí he intentado los demás medios. Y ya me digo que tengo que parar, que ya está bien. Estuve a punto de incorporame a adictos sexuales anónimos. Hay un grupo cerca de casa. Confieso que no lo he hecho porque una de sus penitencias es soltar prenda de los cuernos con los seres queridos. Y no puedo. Sencillamente no puedo. Soy demasiado cobarde para sentarme y decirle que, cielo, te he puesto los cuernos y la última vez apenas pude parar. Y que todo ese rollo que te solté sobre el daño que mi padre le hizo a mi madre con lo mismo, y que no lo repetiría, que eso era, un rollo.

El culebrón sigue, pero ya me cansa. No entiendo a los obsesos, tienen que acabar agotados al final del día. Eso quizá será lo que me salve, que soy demasiado vago para obsesionarme con esto a largo plazo.

Junio 2, 2004

El polvo del camino

Me pasó en un viaje reciente, cuando unas obras cerraron por unos minutos una carretera de montaña. Empecé con una conversación tonta con el que iba delante, que también se había bajado de su coche. Aunque de sarasa no tenía mucha pinta (yo tampoco, todo ha de decirse), empecé a sentirme un poco raro, como que este señor, un vendedor de cervezas algo gordito, me estaba echando los tejos.

Efectivamente, gracias a la lentitud de los obreros, ya me había invitado a tomar un café. Del café a la alcoba hay varios pasos, pero geográficos nada más, ninguno que merezca ser relatado.

Todo muy bien, hasta que de repente, como si alguien operara el control remoto, zas. Se apaga la pasión, la manguera se queda sin agua. Sin ton ni son, sería el cansancio o algo raro, o esa conciencia que de vez en cuando hace actos de presencia fugaces. No sé, pero el caso es que me frustra bastante.

Tras su conclusión (ya entiendo mucho más cómo se sienten las mujeres que no pueden evitar que sus maridos se las zumben), le invito a cenar. No mencionamos nada de lo ocurrido entre las sábanas, es como si no hubiera ocurrido nada.

24 horas después, follo como un descosido con el husband, con quien me encontré en coordenadas precisas. Cosas de la vida.

Tres días más tarde, esperando mi vuelo nocturno, decido pasar unas horitas en un balneario de un hotel de lujo para desintoxicarme un poco y quitarme el sudor del camino. Todo genial, pero cuando me voy a duchar, un chico chino, delicioso, se me insinua. ¿Yooooo?

No hay nadie más en mi ducha, o sea que deber ser que sí. Como la escena tiene de improbable lo que peligrosa, me enseña su llave magnética y me da un papelito con un número de cuatro dígitos, me imagino que el de su habitación (¡qué listo soy!).

El chico está bien, tiene a lo sumo 25 años y si es chapero se está quedando en el hotel equivocado.

¿Y qué cojones hago ahora? Hace seis años caí en una espiral de infidelidad, y fue horrorosa, muy difícil de parar. Era casi una adicción, de la cual salí a duras penas. No quiero volver a pasar por esa puerta, y además, faltan menos de cinco horas para que salga mi vuelo.

Como Brad Davis en la escena de la sauna de El expreso de medianoche (en la que deja a un pobre Norbert Weisser compuesto y sin novio), le digo que no con una sonrisa. Se cabrea y se va al baño turco. Ironías de la vida.

Lo peor del caso es que me pasé dos horas en el aeropuerto esperando en la puerta de embarque. Tenía vistas al hotel en cuestión.

Cuando me monté en el avión, pensé que mejor le hubiera dicho que no al cervecero y que sí al chino. Lo sabré para la próxima.

Agosto 31, 2003

La fiera desbocada del deseo

Ayer estaba bastante desbocado en lo que libido se refiere. Aunque pude cumplir con la moral y la ley posteriormente (je, je) con mi pareja, hubo unos momentos en los cuales la lujuria me hubiera hecho, fácilmente, caer ante la tentación. Afortunadamente, aunque sí hubo muchas ganas, la tentación no se personó.

Al concluir todo, recuperando mi calma, me pregunto por qué tengo esa capacidad de desmadrarme así, de echar la lógica y la ética a un lado y ponerme en este plan de quererme follar a medio mundo.

No me jacto, pues ser esclavo de las pasiones (máxime de esta) es vergonzoso, algún día me traerá serias consecuencias.

No se debe al distanciamiento con el husband, pues ha sido provocada en nuestros momentos más felices. Es una fiera que llevo dentro, y que de vez en cuando asoma su cabeza.

Mi madre dice que mi padre tiene un trastorno neurovegetativo (que creo que era el término médico franquista de los años 60 para definir a los salidos) y que es el que le causa sus ganas de tirarse a toda quien pase por delante.

Es frustrante por un lado porque me considero una persona equilibrada (bueno, no TANTO) y comedida. Por otro reconozco que es emocionante. Ya sé que no está bien hacer lo que me gustaría hacer en estos casos, pero lo intento de igual manera.

Dudo que llegue a ser un adicto sexual, pero hay veces que creo que sí.

Agosto 25, 2003

Las cosas como son

Chayanne A Parsimón le gusta mucho Chayanne. A Parsimón le cae fatal la gente que habla de sí misma en tercera persona, pero eso ya es otro tema. Sigamos en primera persona.

Me gusta Chayanne, aunque no su música. Su nuevo disco, una mercantil treta para intentar conseguir el mercado español, me trae sin cuidado. La única canción que tolero de Elmer Figueroa (razón suficiente para cambiarse el nombre al de una tribu norteamericana) es Tiempo de vals.

Antes de conocerlo, me parecía vulgar y demasiado. Típico de las estrellas de esta estatura. Luego, le conocí. Y en fin, no sé si será su magnetismo animal, su mirada, su forma de captar, pero se me cayó la baba. Es la única persona que ha provocado eso en mí instantáneamente.

Claro, el chico, al igual que yo, no es perfecto. Está más loco que una cabra, tiene un ego de aquí a China y es más falso que una peseta de madera. Pero aclaremos, en la cama tiene que ser algo especial. Ya sé que parezco un chiquillo salido del plato, absolutamente impropio. Pero Chayanne me tira, mucho. Cada vez que veo un banner de él, me vuelvo un poco loco.

Es un amor imposible, tonto a todas luces. Pero cuando lo conocí, por primera vez en mi vida entendí a las quinceañeras que le siguen a él y a los 20.000 otros cantantes.

Hay un rumor de su ex representante y él, que eran amantes y que él al final lo dejó. No sé, es lo mismo, y aunque el representante era de mi nacionalidad, no importa. Está igual de lejos.

Y a todos los que me digan «pero si es...», les contesto: «Deja que ponga su mano en tu hombro, como si fueras único en el mundo. Es falso, cierto, pero te lo crees. Y al creértelo, lo deseas. Porque ya todo es posible».

Agosto 12, 2003

Sex shop

El domingo fuimos a un sex shop de South Beach, con el nombre de Love Boutique.

Me parece que venden todos esos productos raros o de dudoso proceder que te encuentras en los anuncios de revistas de segunda. Soluciones para todo, aunque no había muchas cosas para parejas gays, teniendo en cuenta que es el principal barrio gay de nuestra ciudad.

Servidor derrochó más la imaginación, comprando cosas con anillas y broches, que a decir verdad no dieron la talla. El husband fue más práctico y obtuvo una crema con sabor a mantequilla de ron.

No hace falta decir que posteriormente no hubieron tostadas.

El caso es que en estos lugares uno se encuentra suplentes de todo. Es increíble lo cerca que puedes estar de un reemplazo (salvo emocional) para todo.