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Septiembre 18, 2006

No hay mucho de qué hablar

El Ex vino de visita y decidió pasar por casa a verme, por primera vez en nueve meses. Está un poco más gordo, aunque no mucho. El Alteñito prefirió, discretamente, no salir, y al enterarse de su existencia, el Ex también decidió no salir.

Casi acabamos hablando del tiempo. Dice que todavía me quiere (contesto con agradecimiento, no sé medir cuánto ha disminuido en mi estima) y farda de que gana más de 100 mil dólares.

Al final, ambos queremos que se vaya. Los amigos me cuentan que ha pronunciado que no podemos ser amigos y cosas por el estilo. Estoy de acuerdo, por el momento. Se va a hacer el bypass gástrico en los próximos meses, es la claudicación ante la gula.

Marzo 10, 2006

Hagamos un poco el ridículo

El ex se mudó a una ciudad muy lejana de aquí. Bastante...Hemos perdido el contacto, en parte por los miles de kilómetros entre nosotros y en parte porque sigo convencido de que está malito de la cabeza.

El caso es que hace dos semanas me mandó a mi cuenta de hotmail, sagrada, un correo para decirme que venía, pero solo «para tu información». Me sentó un poco mal y decidí actuar como si no lo hubiera recibido.

Vino y se fue, no me llamó ni nada. El martes le pillé por el mensajero y me hice el sueco. Pero cometió el error de decirme que comió con mi mejor amigo, Pedro. Y cometió el error de contarle el rollo a Pedro, que es tan discreto como un colador es aislante.

Básicamente, el Ex se ha despendolado. Lleva una camiseta que dice «Catcher», que en argot de la comunidad gay viene siendo receptor o pasivo. Para colmo, se engatusó con un chico en otro estado (hasta ahí el paralelismo) y decidieron conocerse en esta santa ciudad.

La cosa iba bien hasta que se conocieron en persona. El machote que iba ser este chico acabó siendo una reinona, y el ex tuvo que iniciar todo contacto físico. Ah, la ironía. Escena final: el jacuzzi de su habitación. El ex quiere marcha y el chico le da calabazas. Ambos desnudos. Bastante sórdido.

Por un lado me da lástima, pero por otro la ironía me hace sonreír un poco. Scheudenfreude, no puedo evitarlo. Lo tenías todo en casa y no hiciste caso. Ahora lo buscas todo como un descosido. Que te zurzan.

Diciembre 27, 2005

El subibaja

El Ex me llama hoy para decirme que me ha dado un poder que me permitirá pedir préstamos con la propiedad. Se lo agradezco, y me dice que «no quise ser maleducado en la cena anterior, espero que no te haya herido». La verdad es que no entiendo en qué fase vas por todo esto, respondo.

«Es muy fácil de ver». No entiende mi contestación, piensa que me refiero únicamente a la cena, pero es en general lo que ha ocurrido en estos cinco meses. El otro día su mejor amigo me comentaba que el Ex esperaba que yo le salvara en julio. ¿Cómo? Ofendiéndome y arrinconándome, se ve.

Tiene una disonancia cognitiva gigantesca, espero que se mejore. Que su travesía en el desierto le ilumine un poco. Otro amigo dice: «Ojalá que conozca a un cabró para que se dé cuenta de lo bueno que fue Parsimón con él». Eso es demasiado, y además, ¿de qué serviría? Ya de nada. No queda nada, apenas buena voluntad.

Diciembre 20, 2005

La cena de la discordia

Anoche convoqué al Ex a cenar. Utilizo el verbo porque hemos estado bastante distantes y después del episodio de hace cuatro meses, apenas hemos hablado en serio.

Nos va bien hasta que comento lo del Alteñito. Entonces frunce el ceño y me comenta que si estoy saliendo con él, que no está listo para comentar ni escuchar nada de la vida romántica.

Me quedo de piedra. Han pasado 161 días, no es una cosa de ayer. Cierto, son 10 años, pero los últimos fueron de desconexión total.

Entonces añade que no vamos a ser amigos por un buen rato. Me dan ganas de levantarme e irme, pero prefiero aguantar y sonreír. Si me va a decir estupideces, mi desquite es permanecer imperturbable. «Mientras estás hecho una mierda, yo fresco como una rosa».

Empezamos entonces a hablar de cine, como si la otra materia se hubiera agotado normalmente. Se va a ir a vivir a la lejana ciudad de San Diego en unos días y quiere empezar de cero.

«¿No tenemos asuntos pendientes?»

Nada, solo era hablar, normalizar, contesto. Critica el verbo normalizar, pero es obvio que está malito de la cabeza y que pelear no me va a servir de nada. Prefiero tomar el camino verde que va a la ermita y dejarlo pasar. Nos despedimos con un abrazo, me está dando señales claras de que no quiere verme, que todavia lo lleva a flor de piel. En fin, que lo lleva mal.

Lo siento por él, de veras que sí. Pero ya es lo único que me queda emocionalmente: lástima.

Agosto 10, 2005

El bajón

Con el sexo siempre me ha pasado algo muy raro: cada vez que me embalo, quiero más y más, y paralelamente más vacío me siento. El bajón me pilló por lo tanto el domingo, después de visitar el nuevo piso del ex, muy mono en muy buen barrio.

Al salir, me siento mal. Me lo esperaba, me lo decía, pero como todo, una cosa es la teoría y otra es la práctica. Fue temporal, pero me dio un poco de miedo. Quiero andar esa cuerda floja entre la codependencia y el ermitañismo. Hay un camino intermedio, lo sé, es cuestión de encontrar suficiente parsimonia y seguirlo. Pero si antes no me engañaba, ahora menos. Diez años con la misma persona, aun en los momentos en los que estábamos sumidos en el olvido mutuo, crean costumbre. En fin, que soy un ser humano y que he tenido un momento bajo.

Eso no quiere decir que me arrepienta de mi decisión ni que me haya engañado. Sigo mirando al futuro. Tan solo estoy más agradecido con mi familia, amigos, con Ed., el voleibolista y, sobre todo, con el Alteñito. Sin todos ellos, esto hubiera sido mucho más difícil de llevar.

Agosto 3, 2005

Sólo quiero que te vayas

El lunes por la noche me pilla el ex viendo la tele, y me cuenta de su vida y desventuras. Por fin le van a dar su apartamento este fin de semana, y se irá. Me pregunta que cómo estoy, y le digo que sencillamente quiero que todo esto acabe de una vez, que se vaya y que ambos comencemos a retomar nuestras vidas.

Estoy cabreado con lo del sábado, y se lo digo. Y también preocupado por él, y por supuesto que se lo digo, porque a veces tengo que dar rienda suelta a mi hostilidad porque si no me callo las cosas.

- No te tienes que preocupar por mí, no voy a hacer ninguna locura.
- Quieres decir que no vas a hacer ninguna locura más.

La conversación va por ahí toda la noche, con ese tono subido que francamente no me gusta pero que no puedo ocultar. Le reprocho lo que hizo nada más acabar con el francés, que viniera a casa sabiendo de sobra que me lo iba a endilgar. Me acaba pidiendo perdón otra vez, por su falta de todo.

Y sí, confiensa que hace un mes no estaba en condiciones para hacer la propuesta que hizo: «creo que me hacía falta a mí separarme, estaba descontrolado. Tenías razón».

La razón para mí es como una especie de seducción, ansio tenerla, pero una vez que la poseo, sobre todo de forma tan machacona, ya no me interesa. Es triste, muy triste, todo esto.

Pero me siento bien, es lo único que no le cuento. Que en el fondo estoy como unas castañuelas. No quiero herirle, todavía le aprecio. Parece contradictorio, pero no lo es.

Le estoy haciendo una especie de pantomima dialéctica: ¿no cree que si ha tenido esas dos faltas de juicio tan graves necesita ayuda? Para mí sería obvio en mi persona, no sé, pero no se da cuenta. Solo ante el peligro, se ha creído Gary Cooper.

Agosto 1, 2005

El pudor

Antes iba por casa en calzoncillos y a veces sin camisa. Ahora, con el ex todavía en casa no puedo. Él no ha cambiado un ápice, sigue andando como perro por su casa marcando paquete (no lo puede evitar). Pero yo me pongo bañador y camiseta.

Es una razón más para querer que se vaya en cuanto antes. El sábado le vi tan derrotado y vulnerable cuando me contó los detalles cutres de lo que le había pasado, que no le hubiera dicho que no a nada físico. Menos mal que no ocurrió. Y no quiero que se presente la situación otra vez. Tiene una red de apoyo ajena a mí, la debe utilizar.

El miércoles teóricamente la comunidad de su nueva casa votará para aceptarle como inquilino. Obviamente, desde aquí pido un sí en dicho voto.

Julio 30, 2005

La telenovela

El ex husband no estaba en casa anoche, cuando llegué a la 1 de la madrugada. Venía de casa de Ed., y me esperaba un poco de show. Pero cero husband.

Hoy llega a eso de las cinco, estoy echándome la siesta, y no me doy cuenta de que está hasta que salgo al salón.

«Tengo ganas de morir», dice. No sé que contestarle aparte de la charla estándar para levantarle el ánimo. La cosa va en peor, porque me entero de que en los últimos días ha estado con un chico francés, ex novio de uno de nuestros mejores amigos. Un chico que es un basurita de persona.

Y el jueves, el ex husband le propuso ser su pareja. Estuvieron juntos el jueves y el viernes, donde pernoctó. Hoy sábado el francés le ha mandado a freír espárragos. Está hecho polvo.

Yo pierdo las riendas, y casi rayano en los gritos le digo que está chalado, que es un lapso de juicio. «Pero le he ofrecido lo mejor de mí», contesta irracionalmente. Me siento horrorizado. Es literalmente la encarnación del refrán echarle margaritas a los cerdos.

Apenas acabamos hace 19 días, y ya está proponiendo a alguien ser su pareja. Le tiene pánico a la soledad.

Julio 28, 2005

En este monte falta orégano

Tengo dos teorías posibles sobre mi aparente tranquilidad. Mi primera y favorita es que ya tenía más que asumida y asimilada la separación desde hace meses, y por lo tanto emocionalmente mi momento bajo vino hace tres semanas.

La segunda y menos favorita es que no me he dado cuenta todavía del batacazo emocional. y lo encubro con otras actividades. Ambas no son autoexcluyentes, pero estoy listo para ello.

Anoche cuando llegué a casa, me encuentro al husband con un bajón espantoso: «no tengo ilusiones en mi vida...no me gusta estar solo». Me contengo, no le digo la verdad ni le contesto de mala manera ni con lo obvio: ¿Y POR QUÉ COÑO EMPEZASTE ESTO?

Porque la realidad es que probablemente nunca lo hubiera dejado. Cuando hubiera encontrado los huevos, me hubiera convencido la compasión, y viceversa. Si me hubiera salido con estas, casi seguro que cedo.

Le he recomendado que se tiene que ir de crucero en su mes sabático, o a un rancho con chaperos o algo así. Pero no, prefiere sufrir.

La vida es irónica de verdad. Después de que fue la actividad que más contribuyó a minarnos, me comenta esto: «Ya no me gusta el teatro». Es puñetero, francamente trágico. Un poco inmaduro, pero trágico.

Añade que es un Capricornio perro, que es leal. Que no funciona bien sin alguien a su lado. Me tengo que callar otra vez.

Cuántas cosas hubiera dicho, cuanta bilis hubiera manado. Al final le comento que estamos en momentos delicados y que me es preferible no hablar de estos temas ahora. Es verdad, la oración esconde dimensiones inimaginables, pero es verdad. Y una vez más me da un poco de lástima. No está bien. Ahora entiendo más todavía por qué las amistades están mucho más preocupados por él que por mí.

Julio 25, 2005

Los anuncios personales

Sé que lo que estoy a punto de poner es un poco enfermizo, pero bueno, siguiendo la tónica de este blog, ¿qué no es?

Lo peor de ver la historia del navegador es que ves lo que tiene puesto tu ex, y todo. Toparme sin querer queriendo con su perfil en un sitio bear me da a entender dos cosas: o bien no tiene mucho contacto con la realidad, o verdaderamente quiere ser otro. La mejora que da el divorcio, o por lo menos la intención de cambiar.

A mí me pasa lo mismo, aunque espero que no sea en un grado tan extremo.

Y un consejo de mi época de golfo: todo lo que podría comprometerte debe ir en Firefox, sin que tenga historia o caché.

Julio 23, 2005

Los irritantes

Es curioso ver lo que te molesta de una persona una vez que has cortado los lazos afectivos con ella. El husband come y deja los platos por doquier, no soy un modelo de limpieza y orden, pero me sienta mal. Y de repente, después de criticarla por años, ahora bebe mi agua con gas, y deja las botellas semivacías en la nevera.

Es nimio, lo admito. Pero me cae como una patada en los güevos. Me quedan 10 días de esto, sin duda lo voy a aguantar. Pero no deja de resultarme curioso.

Julio 19, 2005

La distancia

Hoy es miércoles, no veo al husband desde el lunes. No me quejo, pero ha estado taaaaaaaaaaan ocupado entre el trabajo y el teatro que me recuerda a los viejos tiempos, cuando yo era el 97 por ciento de su vida y me pasaba el 97 por ciento de las horas sin verle.

El viernes o el lunes tenemos teóricamente la escritura del préstamo, y en 10 días se va. No puedo esperar, la verdad.

Julio 18, 2005

Confesiones

Con las amistades, me da un poco de vergüenza decir que me siento bien. No genial ni espectacular, tan solo sereno.

Mi madre creo que pasa, aunque me dice, a estas alturas: «tienes que tener cuidado...cuidado con las enfermedades, la calle está muy mal».

Pero me siento libre. Y ya sé que a los lectores de este blog les parecerá raro ese calificativo, el caso es que me alegra.

Julio 12, 2005

La conversación final

Pensé que estaba preparado para decirle que no podíamos seguir, y que iba a ser sencillo. No lo fue, en parte porque se opuso y en parte porque tiró puyas por todas partes. Pero principalmente porque me alabó: «Eres lo mejor que ha pasado en mi vida», «nunca encontraré a alguien como tú».

Y, cuatro veces, la pregunta: «¿Estás seguro?» Hacemos los planes, se quiere llevar un huevo de dinero de la plusvalía de la casa (me sorprende), pero acepto. Me quedaré con la casa y con los perros.

Le damos vueltas, intentamos una autopsia educada, pero prefiero ceder. Ya he ganado la guerra, que consiga todas las batallas dialécticas que quiera. Quiere igualarse conmigo a la vez que ponerme bien, quiere fijar su pica en el Flandes de la pareja. Me callo, ya discutiré en otro momento.

Me emociono un par de veces, él no. Y al final, casi de forma mágica, hacemos el amor follamos. No tiene ton ni son, no me lo explico bien. Pero estaba excitado y él también, y se notaba que estaba resaborando todo. No muevo muchos dedos, y al final me lo pide: «fuck me».

Cuando terminamos todo, se levanta y se va al cuarto de los huéspedes. JODER.

Julio 10, 2005

3.775 días

Después de todo el tiempo, las reflexiones y la incertidumbre, todo acabó de manera relativamente sencilla. Al sentarnos en una mesa del restaurante éramos pareja, al levantarnos dos horas más tarde, dejábamos de serlo. Pero centrarlo en esa comida, celebrada exactamente diez años y 4 meses al día de conocernos, precisamente en el mismo centro comercial, sería como concentrarnos en el último cabo que suelta un buque grande.

En esta página han quedado documentadas las desavenencias del pasado. No ahondaré en ellas. Pero sí, en los siguientes cuatro posts, dejaré ver cómo se tramó la ruptura.

La nada dulce Navidad

Diciembre de 2004. La odio, me parece un ejercicio artificial con el inconveniente además de que los seres queridos no solo la celebran, sino que además creen en ella. Por lo cual, ante el riesgo de parecer un cabrón, me doblego y la celebro. El husband me había acompañado y pastoreado en las ocho anteriores, pero en esta, no.

Sencillamente está deprimido, sin rumbo. No quiere hablar, no quiere pastillas, no quiere asesoría ni nada. Quiere permanecer en su estado semiautista, triste y deprimido. Generalmente los episodios suelen durar un día o dos, pero lleva dos semanas así. Falta un día para la Navidad y no ha comprado regalos a nadie.

Le compro cosas a su familia, y a él. Se sorprende, pero sigue en su agujero negro. Todos los regalos vienen de los dos, pero es obvio que él no ha hecho nada cuando pone mayor cara de sorpresa que el obsequiado al abrirlos.

Dos días más tarde decido dejarle. Esperaré a un préstamo, pero no puedo seguir así, en una vida de pareja menguante con una persona que no solo no quiere hacer nada sobre su infidelidad, sino además sobre el impacto que tiene a su alrededor.

Entonces, pasa lo de siempre, con una lesión fortuita: las cosas mejoran, él también, y me cuida con mucho cariño mientras me recupero. No puedo dejarle, una vez más me es imposible.

This is the end, my only friend, the end

Todo pasó de una manera rápida. Primero, no quiso ir conmigo a mi cumpleaños, alegando una enfermedad. El husband llevaba unos días un poco raros, y al decirme eso me quedé de piedra. Tenía a gente esperando, pero al montarme en el coche me dije que esto había llegado a su final.

Al volver, la furia fue reemplazada por compasión, algo que tengo muy poco pero que se aparece en los momentos más incómodos. Está mal de la cabeza, es la depresión, tienes que seguirle amando, pienso mientras llego a casa.

Al entrar, me espera un reloj de doscientos dólares que ha ido a comprar mientras celebraba. Se sentía culpable. Así se quedaron las cosas durante seis días. Pensé que una vez más habíamos alcanzado el borde del precipicio y habíamos dado equivocadamente media vuelta.

Esta vez, el equivocado fui yo. El sábado siguiente fuimos a comprar una sartén y a cenar. Al sentarnos en el restaurante, de repente le cambió el rictus. Parecía que se le había muerto alguien.

«¿Qué te pasa?», pregunté retóricamente, pues sabía de sobra que había alcanzado otro bache.

«Nada». Se pasó media hora comiendo el queso y los garbanzos de su ensalada. Lo de 30 minutos no es ninguna exageración ni recurso de estilo: fue exactamente lo que tardó.

El domingo se levanta, y se va. «Tengo que irme de esta casa. Me llevo el móvil si quieres hablar conmigo». Bien.

No sé cómo lo logra, pero me vuelve a dejar de piedra. Me desespero. Vuelve a las 10 de la noche, ha ido a casa de varios amigos.

El lunes es festivo, día de fuegos artificiales en este país. Vamos a comer a un restaurante en el centro comercial donde nos conocimos, que nos queda un poco lejos pero me gusta el sitio.

Al principio le da vueltas al tema, pero me cuenta que hace dos años cuanto tuvimos nuestra peor crisis, sentía algo por otra persona. Me sorprende y se lo digo, pues estuvimos con terapia y todo, y ahora sale esto a relucir. Insólito.

Poco después continúa la letanía de confesiones: en ese entonces estaba dispuesto a dejarme, pero básicamente le di lástima. Quizá no lo quiso expresar así, pero así salió. Mi subconsciente recibe un latigazo, pero no me doy cuenta conscientemente hasta mucho más tarde de lo que acaba de decirme.

Explica que estamos tan mal como hace dos años, bueno, matiza cuando muerdo, casi tan mal. Le recuerdo mi leit-motiv, mi mantra para esto: siendo como somos, tenemos la mejor pareja posible que se pueda esperar de dos personas. Si no te gusta, no creas que se puede mejorar marginalmente.

«Siento que falta algo», añade. Contesto que en su situación actual no es bueno tener estas discusiones, que quizá debamos esperar a que se reponga. Me dice que no, que solo afecta sus percepciones.

Entonces, propone, quizá venga bien una separación. Se me abre el cielo, no voy a tener que proponerlo yo. «Mi hermana se separó de mi cuñado durante cuatro meses, y volvieron».

Piensa que va funcionar, cree que este coche blindado, que muestra su edad y desgaste, puede detenerse y volver a arrancar después de 10 años de uso y abuso. Me callo.

Continuamos, y al toro le sigue poniendo banderillas. «No puedo seguir así y es muy radical acabar todo». Pues acordado. Se irá a casa de su abuela.

Me fascina su inocencia, después de todo lo hablado, de expresar su repulsa hacia mí y la pareja, tiene fe en que las cosas salgan bien. No se da cuenta que es ilógico seguir si se utilizan sus propias palabras.

No sé muy bien, al levantarme, quién ha manipulado a quién. Si yo a él para que se ofreciera a terminar, o él a mí para que aceptara. Pero sé que esto no tiene vuelta de hoja. Por respeto intentaré seguir separados por un tiempo, pero ya se acabó.

El martes me levanto con miedo. Ya se ha ido, se ha levantado en el cuarto de los huéspedes, donde ha dormido. Tengo pánico a estar solo, pero sé que no puedo seguir así. Me tranquilizo, me sosiegan un par de amigas (en teoría no le podemos decir nada a nadie) y empiezo a mirar al futuro.

Sin él.