" /> Parsimonia: Diciembre 2005 Archives

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18:57 del 27 de Diciembre de 2005

El subibaja

El Ex me llama hoy para decirme que me ha dado un poder que me permitirá pedir préstamos con la propiedad. Se lo agradezco, y me dice que «no quise ser maleducado en la cena anterior, espero que no te haya herido». La verdad es que no entiendo en qué fase vas por todo esto, respondo.

«Es muy fácil de ver». No entiende mi contestación, piensa que me refiero únicamente a la cena, pero es en general lo que ha ocurrido en estos cinco meses. El otro día su mejor amigo me comentaba que el Ex esperaba que yo le salvara en julio. ¿Cómo? Ofendiéndome y arrinconándome, se ve.

Tiene una disonancia cognitiva gigantesca, espero que se mejore. Que su travesía en el desierto le ilumine un poco. Otro amigo dice: «Ojalá que conozca a un cabró para que se dé cuenta de lo bueno que fue Parsimón con él». Eso es demasiado, y además, ¿de qué serviría? Ya de nada. No queda nada, apenas buena voluntad.

23:01 del 20 de Diciembre de 2005

La cena de la discordia

Anoche convoqué al Ex a cenar. Utilizo el verbo porque hemos estado bastante distantes y después del episodio de hace cuatro meses, apenas hemos hablado en serio.

Nos va bien hasta que comento lo del Alteñito. Entonces frunce el ceño y me comenta que si estoy saliendo con él, que no está listo para comentar ni escuchar nada de la vida romántica.

Me quedo de piedra. Han pasado 161 días, no es una cosa de ayer. Cierto, son 10 años, pero los últimos fueron de desconexión total.

Entonces añade que no vamos a ser amigos por un buen rato. Me dan ganas de levantarme e irme, pero prefiero aguantar y sonreír. Si me va a decir estupideces, mi desquite es permanecer imperturbable. «Mientras estás hecho una mierda, yo fresco como una rosa».

Empezamos entonces a hablar de cine, como si la otra materia se hubiera agotado normalmente. Se va a ir a vivir a la lejana ciudad de San Diego en unos días y quiere empezar de cero.

«¿No tenemos asuntos pendientes?»

Nada, solo era hablar, normalizar, contesto. Critica el verbo normalizar, pero es obvio que está malito de la cabeza y que pelear no me va a servir de nada. Prefiero tomar el camino verde que va a la ermita y dejarlo pasar. Nos despedimos con un abrazo, me está dando señales claras de que no quiere verme, que todavia lo lleva a flor de piel. En fin, que lo lleva mal.

Lo siento por él, de veras que sí. Pero ya es lo único que me queda emocionalmente: lástima.

18:16 del 12 de Diciembre de 2005

El acecho

Anoche cené con Pavarotti, quien como niño pequeño quiere recuperar su ascendencia conmigo después de la debacle que ambos tuvimos hace mes y pico.

Con él tengo química, no me cabe la menor duda. Por eso nunca seremos amigos de verdad, porque en el fondo sabemos que ambos nos entendemos. Todo se complica por nuestros amores de lejos.

Él está enamorado, resignadamente, como alguien que lleva las flechas de cupido como si fuera una pesada cruz. El manantial de tanta desdicha es un inglés que vive en España, a quien quiere nada disimuladamente, una vez que se analiza la lámina negativa.

Yo tengo al Alteñito, y lo sabe. Le envidia, y le da celos, pero sabe que me he decidido por él. Mientras respeta en lo fundamental el asunto, de manera subconsciente procura minarlo. Me hace preguntas indiscretas, me suelta indirectas y se intranquiliza.

La dualidad de Pavarotti es fascinante. En cierto modo me quiere usar, porque tiene verdadero pánico a estar solo. Y si su novio anglo no funciona, obviamente soy su banquillo o bullpen.

Pero por otro lado está un poco colgado y se nota en sus celos, en sus preguntas esquivas. Ayer se le escapan dos cosas: «Si no funciona lo del inglés y lo del Alteñito…» Se quedaron los puntos suspensivos en el aire, flotando pesadamente. No piqué. Luego dice, «Estoy esperando que se te quite la manía para que te des cuenta de lo que estoy haciendo». Y la verdad es que se está comportando muy bien.

Odio la composición de lugar que se ha hecho para sí y para mí: si falla el otro, tú me sirves. Es absolutamente egoísta y negativa. Pero se pega como una lapa, se resiste a ver la indiferencia y hasta el oprobio que he expresado.

Y me acecha, de eso no hay duda.

17:49 del 11 de Diciembre de 2005

Las redes del Alteñito

Al principio me resistí y decidí no caer, después de todo, si tengo casi 10 años más que el Alteñito, debo ejercer más el sentido común. Él ya estaba enamorado en ese entonces, me lo decía el instinto y me lo confirmaba el Turco.

Pero yo iba a ser más listo, más olímpico, más taimado. En una pareja, después de todo, siempre hay uno quiere más que el otro, ya sea por poquito o por mucho. Después de 10 años de ser el superávit con el Ex, me tocaba ahora vivir de los déficits, razoné.

Pero no pude mantenerlo. Su devoción ha sido demasiado para mí resistencia, para mi ambigüedad estudiada. He caído en sus redes casi tan involuntariamente como él en las mías.

Y me he enamorado. Lo he confesado tímida y oblicuamente en otro sitio, pero lo expreso más bien con mis errores torpes. Ya empiezo a decorar cosas pensando en cuándo va a venir, voy a viajar otra vez a México a verle en cinco semanas, y el pequeño harem que tenía formado lo he desmantelado, porque ya el sexo sin él es casi un ejercicio físico y poco más.

Me siento idiota pero impotente a la vez, como el que cae lentamente en las arenas movedizas sin capacidad de salida pero con la lentitud de verla.

Mientras en su pueblo, el Alteñito da largas, como en el son de la negra. Hace 76 días me dijo que quería venir y todavía busca el plan perfecto para tramitar su visa. Son cosas que me desesperan y que permito en semisilencio.

Veo todo esto como si fuera un sueño ilusionado, pero aunque no presto atención a algunos de los nubarrones del panorama, no por ello ignoro su presencia.