" /> Parsimonia: Septiembre 2005 Archives

« Agosto 2005 | Página Principal | Octubre 2005 »

22:45 del 28 de Septiembre de 2005

Las canciones: banda sonora de los últimos tres meses

Lo estaba pensando, las canciones que me vienen a la cabeza cada vez que pienso en una persona:

El Alteñito: Cuatro vidas, por Eydie Gormé y Los Panchos. Confieso que nunca la había oído y es su favoritas. Cuando la cantamos juntos, compartiendo el iPod fue un momento especial. La canción tiene una intensidad sui generis.

Pavarotti: Crazy, por Cassandra Wilson o Willie Nelson. Me parece que es un reflejo de la inestabilidad que percibo de él, percepción en sí rara, porque se ha pasado casi todas las últimas noches conmigo. Pero tiene una visión cíclica de todo y eso me intranquiliza. O quizá sea porque tiene el ascendente en Géminis, signo del cual ya no me fío ni un pelo.

Ex: Faith, de George Michael. Una canción muy dura para una situación bastante rara. De repente, no pinta nada en mi vida y no me importa.

La que todos me deberían cantar a mí: La tortura, sobre todo la parte de Shakira. Hasta yo reconozco que últimamente estoy muy pendón.

20:34 del 26 de Septiembre de 2005

El retrovisor

Ayer volví a mi ciudad después de un largo e intenso viaje de una semana. Pavarotti me viene a recoger, nos vamos a cenar con un amigo. Y de repente veo al Alteñito en el retrovisor.

Me tendría que sentir aliviado, después de todo no quiero interferir en su vida. Pero esa es también la terminología de los cobardes. Durante mi viaje estuve cerca del Alteñito (bueno, no tan cerca, pero 500 kilómetros en su país).

¿Y por qué no fue a visitarte? Dos personas me lo preguntan. Contesto que porque habíamos tenido una tensa conversación la noche anterior, yo desconociendo aún que me iba de viaje.

Yo en su lugar, pensé, hubiera ido. Otro amigo me dice que es todo una fantasía, que si en realidad nos quisiéramos que él vendría a mi ciudad «aunque sea a fregar pisos como chacha».

Y pienso, resigndamente, que así es. Y que no ha querido hacerlo. Pero mejor pensado, que no ha querido hacerlo porque yo no lo he propuesto, que he sido muy lógico y consecuente.

Hoy amanezco con Pavarotti, pero cuando se va me miro entre las piernas, y me doy cuenta que tengo un par de cojones, que para algo han de servir.

Hace una hora y pico le pido al Alteñito que venga a vivir conmigo un mes. Que no sé lo que va a pasar, pero no puedo perder la ocasión. Y le pido que se lo piense un día. Sé que me va a decir que sí, que vendrá.

No sé lo que le voy a decir a Pavarotti, ni, mejor pensado, cómo. Pero quiero al mejor, y aunque Pavarotti vale mucho, el Alteñito me ha llegado al corazón.

10:01 del 21 de Septiembre de 2005

El joven y su ardor

Estoy de vuelta en la ciudad del chico que me hizo una oferta nada decente hace un par de meses. Como he pasado de él y no he aceptado sus ruegos monetarios, creía que no iba a hacerme caso. Nos encontramos por el Messenger, y a las tres horas nos estamos acariciando en la cama. Me he sentido bien, aunque le llevo 16 años y pensé que iba a sentir más morbo, pero no, fue curiosamente entrañable y cariñoso. No me engaño mucho, quiere irse de su país y no me llego a fiar de sus múltiples alabanzas.

No sé por qué, pero a mi frente de juventudes particular les está dando mucho por alabarme, y algún día hasta me lo creeré. Pero este chico, a quien bautizaré Luisito, es el más atractivo de los cinco; los 21 años le ayudan. No me llego a fiar del todo de él, pero esta vez me está gustando más.

Lo peor de esto es que ya la honestidad se va al traste. A Pavarotti no le puedo contar de esto, se muere. Intenta ponerle andamios a su inseguridad incitándome a que me acueste con otros, pero es un esfuerzo bastante transparente de su fragilidad e incertidumbre. Cuando vuelva a mi ciudad el viernes, creo que voy a tener que reestructar el «pacto de radioactivos» que tengo con él. Obviamente, quiere más.

12:08 del 20 de Septiembre de 2005

La canción de Pavarotti

Tener una persona siempre a tu lado constituye una especie de costumbre. A veces buena, a veces no. Soy de los que se harta un poco de la compañía y que necesita de vez en cuando la llama de la libertad, sobre todo cuando se convierte en soledad.

Creo que JA, a quien le voy a cambiar el apodo por aquí a Pavarotti por razones que serán obvias un poco más abajo, se está quedando coladito conmigo. Anoche me llamó para decirme que le hacía falta, que me echaba de menos, y hoy se ha puesto casi a rabiar cuando he anunciado un viaje de negocios casi obligatorio. Una persona que finge ser tan independiente resulta no serlo.

Pero le he dicho, yo siempre tan terapéutico, que debe analizar si todas esas cosas que siente hacia mí se deben a la separación con su ex. Creo que quiere volver con él, y no me extrañaría mucho que en tres o cuatro meses cuente aquí que siguen juntos. JA está enamorado de ese inglés borracho, frío, violento, armarizado y para colmo, amante de las suertes taurinas.

Yo soy lo contrario, y he procurado ser lo más cervantino y honesto con él. Ah, y cariñoso. Porque aunque resulte feo decirlo y muy poco modesto escribirlo, soy una persona muy afectuosa. Y eso no lo tiene todo el mundo.

Me voy con él a un festival de ópera en Monteverde dentro de doce días. Me encantará volver a ese estado, aun cuando fui con el Ex hace algunos años por motivos muy formales. El chico es un tenor aficionado. Me canta cosas de Orff y de Falla en la cama. Lo único que el Ex en la cama era las verdades. Es una lástima que haya pasado tanto tiempo con el Ex, cuando conozco a personas de calidad como el Alteñito y Pavarotti, me doy cuenta de lo que he desperdiciado. No porque él no se lo mereciera, sino porque no lo podía apreciar y reciprocar.

15:13 del 19 de Septiembre de 2005

Se acabaron los juegos

Anoche, cuando El Turco me abre los ojos de que estoy jugando involuntariamente con el Alteñito, me decido a hablar con él. Reptimos todo lo que hay que repetir, y me parece al principio un ejercicio más, de los muchos que he tenido, para lavar mi conciencia. Pero entre el metralleo de indirectas y de sopapos de realidad, de repente cala: Es IMPOSIBLE. Por el momento lo es, le contesto. Y me callo. Me encataría añadir una palabra de aliento sobre el futuro, pero me reprimo.

No hemos dicho nada nuevo, pero esta vez me da la impresión que se ha filtrado. No es que no sienta nada por él, pero ha sido muy egoísta de mi parte jugar a la posibildidad de que estemos en reserva el uno con el otro. Quizá, lo espero, pero por lo demás no es nada justo. No estoy en su misma situación, no puedo darle más ilusión.

15:13 del 18 de Septiembre de 2005

La incongruencia

El sábado es el primer día de Amazón como limpiador de mi casa. Al terminar casi todo (la verdad es que lo hace bastante bien), me tengo que ir y pregunta que si se puede duchar. Yo digo que sí y me empiezo a vestir para ir a la fiesta de cumpleaños de la abuela del Ex. En eso se aparece Amazón en mi cuarto como Dios le trajo al mundo. Me resisto un poco, pero sencillamente no puedo.

Al acabar le digo que ya no más, que esto no puede ser. La incongruencia es tamaña: yo estoy poniéndole los cuernos a JA, con quien estoy poniendo los cuernos al Alteñito, y esto lo hago con alguien que a su vez está poniendo los cuernos a su pareja. No puede ser, es demasiado incongruente (aunque debo decir que no hay compromisos con JA ni con el Alteñito; y que éste sabe que no soy un santo).

Todo esto es ridículo. Tengo a tres personas que de por sí merecerían una pausa en serio porque merecen la pena. Y por mi indecisión las puedo perder a las tres.

13:50 del 11 de Septiembre de 2005

De cómo convertí a Amazón

En medio de una separación (involuntaria para ambos) con JA en otro fin de semana conjunto, me llama Amazón.

Quiere venir, a «besar esos labios», entre otras cosas. Le dejo venir, pero empezamos a hablar. Tal como vaticiné, me convierto en su sicólogo.

Me entero de su pareja, que tiene 13 años más que él, un insensible que no le hace feliz.

Le digo que debido a que tiene pareja, no nos podemos seguir viendo sexualmente, porque soy una especie de bastón. Creo que lo entiende, y entonces me cuenta su historia.

BREVE HISTORIA DE AMAZÓN

Nació en el llamado «París de la Selva», cuando el siglo pasado estaba de moda comparar a las ciudades americanas con la capital francesa.

Su padre, un predicador bautista, se fue de casa con otra mujer, dejando que los abuelos de Amazón inculcaran el valor del trabajo y del estudio.

La hermana de Amazón le convirtió al mormonismo, y esto logró la furia de su padre, quién se fue a la quiebra y fue abandonado por su amante.

Cuando su padre volvió a casa, le dio tres meses a Amazón para que se fuera de casa. El chico se fue a un cercano país latinoamericano, hasta que el progenitor tuvo problemas de salud y le pidió que se quiera.

Posteriormente, el padre acabó como un obispo mormón, y presa de un sentido de la culpabilidad, envió a su hijo a estudiar a Europa.

Ahora vive cerca de mi ciudad, y no tiene papeles.

Le he contratado como hombre de limpieza de mi casa.

09:34 del 8 de Septiembre de 2005

La depre ajena

Desde que he vuelto de mi viaje, el Ex tiene todo tipo de tiranteces.

Primero me deja una carta (y otras tres para mis familiares) diciendo que no quiere molestarme y que no va a pasar por casa a soltar a los perros. Y que no quiere pasar a por su correo.

Le llamo y le dejo un mensaje, pasa cuando quieras.

Sencillamente, ya se me ha pasado. Quizá me cueste más cuando me toque verle con alguien, pero es obvio que la preparación mental que llevo haciendo desde hace meses me ha ayudado a cicatrizar.

El que antes quería que fuéramos amigos alcanza una conclusión bastante sórdida: «Cuando estábamos juntos teníamos muy poco en común».

Pues hala, haz lo que quieras.

00:25 del 7 de Septiembre de 2005

Cosas te iba a decir cuando estabas dormido

Pero no te las dije porque dormiste poquísimo, casi acechándome, aprovechando cualquier indicio de que estaba medio despierto para meterme mano.

Eres un lujo, Alteñito. Lo eres, me siento como el objeto de una obsesión magnífica, preocupante, pero estupenda. Preocupante porque conocer a alguien que quiera follar (coger, o como tú dirías, tener algo conmigo) más que yo, y que encima lo quiera hacer conmigo, es toda una novedad. Cuando me despertaste la madrugada del viernes me alteró un poco. Pero me encanta, debo reconocerlo.

Y te echo de menos. Quisiera hacerte venir, provocar algo para que vengas a vivir conmigo. Sé que las personas como tú no vienen todos los días, que aunque es prematurísimo me gusta mucho ser adorado sin saber del todo por qué.

Porque no sólo me puedes hacer feliz, sino que además te puedo hacer feliz. Pero no puedo, porque vives en un pueblo pequeño al que le quedas muy grande. Y tienes que irte de ahí, dar el salto. Todavía me acuerdo de tu cara de decepción cuando te dije lo de JA en la pizzería.

Me gustaría manipular, forzar situaciones, porque los medios justifican el fin. Pero no puedo. No porque no quiera, sino porque es una versión binaria: tu pueblo o yo, tu vida o la mía a mi manera. Entrarías con mucha desventaja, y sencillamente no me parece justo.

Tienes que tomar tu vuelo propio, no me atrevo a darte el empujoncito (o el aventón, como tú dirías). Somos hombres libres, y mi decisión me pesa porque a veces soy demasiado sensato con mi impetú. Pero eres tan frágil que no quiero alterarte sin tu permiso.

Es tentador, muy tentandor: ¿a quién no le gustaría tener a alguien que lo idolatre y saber además que lo iba a tratar bien?

Pero te esperaré como el lobo que a veces emulamos en nuestros juegos. Cuando emprendas el vuelo que alguna vez te verás obligado a emprender, te seguiré la pista. Quizá tu corazón ya esté repuesto, ya veremos.

Mientras tanto, ocupo que te ocupes de tu futuro. Dicho en tu dialecto y en el mío.

09:21 del 5 de Septiembre de 2005

Las doce campanadas

Todo lo que le digo al Alteñito a continuación viene del fondo de mi alma.

-Si tuviera dinero, vendría a verte una vez al mes, aunque los amores de lejos son muy difíciles.
- Te invito a mi casa, pero en mi ciudad y mi país te morirías del asco.
- No puedo emigrar a tu país.
- Me has caído muy bien, eres una persona muy entregada y cariñosa, de lo que no se ve. Ojalá te pudiera decir otra cosa, pero no puedo.
-Vamos a seguir en contacto, sé que nos volveremos a ver pronto. Quizá nuestros caminos se crucen, quién sabe. Pero yo estoy en una línea muy concreta y exigirte que la sigas conmigo sería una locura y muy egoísta de mi parte.
- Vine por una ilusión, pero ahora nos toca vivir la realidad.

Está conforme, muy a nuestro pesar. Han sido cuatro días formidables. Bueno, cinco. Tengo dos corazonadas, una es que conocerá a alguien inesperadamente, y otra que me arrepentiré, ilógicamente, de no haber hecho más.

15:13 del 2 de Septiembre de 2005

¿Mentir u omitir?

El encuentro va bien. Hay mucha conexión física y emotiva, y aun dentro de nuestras respectivas timideces, logramos conectar. Llegamos a la cabaña, y nos entregamos durante dos horas.

Después nos acercamos al bonito pueblo, y en una pizzería decido soltárselo. Lo de JA, veo que al Alteñito le cambia el rictus, y es una especie de espada de Damocles. Si no se lo digo, es una omisión tamaña. Si se lo cuento, le hago sufrir.

Confieso que se lo he dicho por egoísmo, para quitarme la responsabilidad y trasmitírsela. Pero ahora me hubiera gustado, egoístamente, haberme callado. No estaría sufriendo. Por un momento me siento como el hijoputa de mi padre.

Me da la razón, me dice que gracias por ser sincero, aunque le veo el disgusto. «No me lo esperaba», me dice.

¿Y ahora qué? Quedamos en ver dónde nos lleva el fin de semana.

06:54 del 1 de Septiembre de 2005

El viaje

Hoy salgo a conocer al Alteñito.

He sido muy honesto con JA, le he dicho todo, y manteniendo nuestro pacto de radioactivos, me aconseja sobre el Alteñito.

Y sé que le tengo que comentar al Alteñito lo de JA. No sé cómo, pues en el fondo no sé qué decirle, porque no 'puedo definir lo de JA.

JA es una persona con ambivalencias, típicas de un Virgo, y estoy aprendiendo a llevarlas.

No sé lo que va a pasar, no quiero manipular ninguna situación ni intentar controlarla. Todo tiene que tener un cauce propio y orgánico, y me bañaré en su corriente.

Todo esto, obviamente, es ajeno a mí. Pero lo intento cumplir. Solo quiero ser feliz sin hacer daño a nadie.

Al no tener carretera ni mucha pista, el Alteñito es el más frágil en esta complicada ecuación. No quiero hacerle daño, pero debo ser honesto con él. Lo he sido hasta ahora, pero le tengo que contar cosas que no le van a gustar.

Y no sé lo que va a pasar. No me quiero quedar solo, reconozco que tengo pánico. Pero lo estoy venciendo, y mi triangulación actual (Alteñito, JA y Amazón; quien me llama sin cesar) me pone nervioso.

A las 5:30 de la mañana me llama JA para desearme un buen viaje. Y de paso me recuerda algo. Pero es un recuerdo abstracto, yo le doy cuerpo.

Calma, Parsimón, calma. Vive el momento.