" /> Parsimonia: Julio 2005 Archives

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23:34 del 30 de Julio de 2005

La telenovela

El ex husband no estaba en casa anoche, cuando llegué a la 1 de la madrugada. Venía de casa de Ed., y me esperaba un poco de show. Pero cero husband.

Hoy llega a eso de las cinco, estoy echándome la siesta, y no me doy cuenta de que está hasta que salgo al salón.

«Tengo ganas de morir», dice. No sé que contestarle aparte de la charla estándar para levantarle el ánimo. La cosa va en peor, porque me entero de que en los últimos días ha estado con un chico francés, ex novio de uno de nuestros mejores amigos. Un chico que es un basurita de persona.

Y el jueves, el ex husband le propuso ser su pareja. Estuvieron juntos el jueves y el viernes, donde pernoctó. Hoy sábado el francés le ha mandado a freír espárragos. Está hecho polvo.

Yo pierdo las riendas, y casi rayano en los gritos le digo que está chalado, que es un lapso de juicio. «Pero le he ofrecido lo mejor de mí», contesta irracionalmente. Me siento horrorizado. Es literalmente la encarnación del refrán echarle margaritas a los cerdos.

Apenas acabamos hace 19 días, y ya está proponiendo a alguien ser su pareja. Le tiene pánico a la soledad.

08:27 del 28 de Julio de 2005

En este monte falta orégano

Tengo dos teorías posibles sobre mi aparente tranquilidad. Mi primera y favorita es que ya tenía más que asumida y asimilada la separación desde hace meses, y por lo tanto emocionalmente mi momento bajo vino hace tres semanas.

La segunda y menos favorita es que no me he dado cuenta todavía del batacazo emocional. y lo encubro con otras actividades. Ambas no son autoexcluyentes, pero estoy listo para ello.

Anoche cuando llegué a casa, me encuentro al husband con un bajón espantoso: «no tengo ilusiones en mi vida...no me gusta estar solo». Me contengo, no le digo la verdad ni le contesto de mala manera ni con lo obvio: ¿Y POR QUÉ COÑO EMPEZASTE ESTO?

Porque la realidad es que probablemente nunca lo hubiera dejado. Cuando hubiera encontrado los huevos, me hubiera convencido la compasión, y viceversa. Si me hubiera salido con estas, casi seguro que cedo.

Le he recomendado que se tiene que ir de crucero en su mes sabático, o a un rancho con chaperos o algo así. Pero no, prefiere sufrir.

La vida es irónica de verdad. Después de que fue la actividad que más contribuyó a minarnos, me comenta esto: «Ya no me gusta el teatro». Es puñetero, francamente trágico. Un poco inmaduro, pero trágico.

Añade que es un Capricornio perro, que es leal. Que no funciona bien sin alguien a su lado. Me tengo que callar otra vez.

Cuántas cosas hubiera dicho, cuanta bilis hubiera manado. Al final le comento que estamos en momentos delicados y que me es preferible no hablar de estos temas ahora. Es verdad, la oración esconde dimensiones inimaginables, pero es verdad. Y una vez más me da un poco de lástima. No está bien. Ahora entiendo más todavía por qué las amistades están mucho más preocupados por él que por mí.

08:55 del 27 de Julio de 2005

Los polvos del camino

Anoche estuve con Ed. No, lamentablemente no con ese Ed, sino con otro con el que me llevo rondando mutuamente desde hace tiempo.

El único incoveniente es que fuma, pero la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Me dio un masaje de aupa y luego todo cayó en su lugar. Ya al ducharnos, lo más obsceno fue el agua que consumimos (me iba a sentir más culpable, pero tenemos un exceso de lluvia en esta tropical ciudad).

Y es que a veces me olvido lo erótico y estupendo que puede ser estar en una ducha con alguien sencillamente abrazándose y besándose suavemente. No me fijé en el reloj de su baño, ni nada por el estilo. Creo que estuvimos casi una hora, entre el agua y el vapor. Nada (bueno, casi nada) sexual, pero aun así muy relajante.

Soy muy enamoradizo, pero no quiero flecharme con nadie. Con Ed empiezo a hacer planes para una cena y para que veamos Plata quemada, pero nada más. Que sea físico y compañeril, creo que ambos tenemos ese nivel, y ya está. Ah, y muchas muchas duchas, que aquí no hay sequía ni por asomo.

09:03 del 26 de Julio de 2005

El ingenio de escalera y la sexualidad

La gente dice que tengo ingenio, pero en realidad lo que poseo es ingenio de escalera y mucha memoria. Ingenio de escalera es lo que los franceses llaman a lo que se te ocurre al final de una situación, cuando ya vas por la escalera y se te ocurre algo genial o adecuado que contestar.

Cuando estuve en el Terruño, mi primo me preguntó que si era completamente homosexual, porque al parecer me veo muy macho y poco estereotípico para su gusto. «¿No ves a mujeres y piensas, ¡a esa me gustaría follármela!"?» Contesté educadamente que no, aunque podría haber sido explícito (después de todo su padre fue el que me hizo el comentario de la crema).

La primera respuesta que se me ocurrió era algo vulgar y nada buena, en el sentido dialéctico de la palabra: «¿y tú no ves a tíos y te dices me gustaría follármelo o que me follen?».

Pero ayer en el gimnasio me di cuenta que era una contestación mucho más amplia. Porque cuando me fijo en una mujer, puedo hacer una valoración estética sobre sus pechos, glúteos o muslos. Pero cuando veo a un hombre, sus hombros, sus brazos, sus piernas, su barbilla, su cuello, su pecho, sus abdominales...ya. No voy a entrar en lo que veo en los vestuarios porque eso sería abrir una caja de Pandora, pero conste que es digno de enloquecer. Sobre la atracción, querido primo, no hay nada escrito. Pero todos sabemos lo que nos gusta o no.

21:08 del 25 de Julio de 2005

Los anuncios personales

Sé que lo que estoy a punto de poner es un poco enfermizo, pero bueno, siguiendo la tónica de este blog, ¿qué no es?

Lo peor de ver la historia del navegador es que ves lo que tiene puesto tu ex, y todo. Toparme sin querer queriendo con su perfil en un sitio bear me da a entender dos cosas: o bien no tiene mucho contacto con la realidad, o verdaderamente quiere ser otro. La mejora que da el divorcio, o por lo menos la intención de cambiar.

A mí me pasa lo mismo, aunque espero que no sea en un grado tan extremo.

Y un consejo de mi época de golfo: todo lo que podría comprometerte debe ir en Firefox, sin que tenga historia o caché.

10:48 del 23 de Julio de 2005

Los irritantes

Es curioso ver lo que te molesta de una persona una vez que has cortado los lazos afectivos con ella. El husband come y deja los platos por doquier, no soy un modelo de limpieza y orden, pero me sienta mal. Y de repente, después de criticarla por años, ahora bebe mi agua con gas, y deja las botellas semivacías en la nevera.

Es nimio, lo admito. Pero me cae como una patada en los güevos. Me quedan 10 días de esto, sin duda lo voy a aguantar. Pero no deja de resultarme curioso.

17:12 del 20 de Julio de 2005

Ofertas nada decentes

Hace tres meses en cierto país donde se bebe tequila, posterior al interludio moreliano tuve un romancito chilango. Fue una cosa de una noche, a partir de ese entonces solo fuimos amiguitos y punto. Cena, paseos y acompañamiento al aeropuerto.

Total, que ahora que se ha enterado de mi disponibilidad, me está echando más que flores. «¿Te gustaría hacer el amor conmigo?» La pregunta viene de sopetón, y le digo que bueno, matizando que lo que pasó entre nosotros no llegó sexualmente hablando a eso, pero que interesarme....pero le cuento lo del Alteñito, y se ofrece a visitarme durante mi romántico viaje en septiembre.

Le digo que no estaré en la ciudad grande, cuya homónima está a 58 kms. de Madrid, sino en un pueblecito típico de la sierra. No es del todo cierto, pero bueno, no me parece oportuno. Me encanta el tono juvenil, digno de chapero: «Entonces mándame el dinero del pasaje». Prefiero no hacer caso al comentario, le explico por qué no es buena idea, y ya. Pero la verdad, el hecho que tenga 21 años (bastante menos que un servidor) no le da derecho. Se lo tendría que haber aclarado, pero la verdad es que soy un cerdo: pienso en esa cara, en ese cuerpo, y decido callarme.

Pero, ¿qué coño hago yo, con todos mis respetos a mis jóvenes lectores, con un chaval de 21 años? Rectifico, cumple 21 el mes que viene.

18:15 del 19 de Julio de 2005

La distancia

Hoy es miércoles, no veo al husband desde el lunes. No me quejo, pero ha estado taaaaaaaaaaan ocupado entre el trabajo y el teatro que me recuerda a los viejos tiempos, cuando yo era el 97 por ciento de su vida y me pasaba el 97 por ciento de las horas sin verle.

El viernes o el lunes tenemos teóricamente la escritura del préstamo, y en 10 días se va. No puedo esperar, la verdad.

09:10 del 18 de Julio de 2005

Confesiones

Con las amistades, me da un poco de vergüenza decir que me siento bien. No genial ni espectacular, tan solo sereno.

Mi madre creo que pasa, aunque me dice, a estas alturas: «tienes que tener cuidado...cuidado con las enfermedades, la calle está muy mal».

Pero me siento libre. Y ya sé que a los lectores de este blog les parecerá raro ese calificativo, el caso es que me alegra.

22:11 del 13 de Julio de 2005

El panegírico

En el BOE(P) he escrito un panegírico a la muerte de la pareja, y dudando entre ser sacarinoso y sutilmente no decir nada, elegí ambos. El Alteñito me comenta que soy muy noble, pero sencillamente no quiero problemas. Adoro al husband en cierto sentido, creo que es una gran persona. Pero he perdido varios años de mi vida con él (no todos, ni mucho menos), y el culpable de ello soy yo.

Está más que claro para las amistades que el que ha buscado el final soy yo. Prefiero sin embargo ahondar en el futuro y en lo bueno. Lo negativo, volcado aquí muchas veces, sólo te sirve para subirte la bilis.

La vehemencia

El 1 de septiembre voy a ver al Alteñito. Cinco días. Espero además de tener sexo como dos descosidos, ver cómo nos compenetramos y las realidades de esta sociedad de admiración mutua que estamos creando.

Sabe Dios lo que pasará. Ilusiones me hago, pero solo son eso. Y me alegro que no viva aquí en mi ciudad, por lo menos por ahora. Hubiera sido una transición muy fea.

21:10 del 12 de Julio de 2005

La conversación final

Pensé que estaba preparado para decirle que no podíamos seguir, y que iba a ser sencillo. No lo fue, en parte porque se opuso y en parte porque tiró puyas por todas partes. Pero principalmente porque me alabó: «Eres lo mejor que ha pasado en mi vida», «nunca encontraré a alguien como tú».

Y, cuatro veces, la pregunta: «¿Estás seguro?» Hacemos los planes, se quiere llevar un huevo de dinero de la plusvalía de la casa (me sorprende), pero acepto. Me quedaré con la casa y con los perros.

Le damos vueltas, intentamos una autopsia educada, pero prefiero ceder. Ya he ganado la guerra, que consiga todas las batallas dialécticas que quiera. Quiere igualarse conmigo a la vez que ponerme bien, quiere fijar su pica en el Flandes de la pareja. Me callo, ya discutiré en otro momento.

Me emociono un par de veces, él no. Y al final, casi de forma mágica, hacemos el amor follamos. No tiene ton ni son, no me lo explico bien. Pero estaba excitado y él también, y se notaba que estaba resaborando todo. No muevo muchos dedos, y al final me lo pide: «fuck me».

Cuando terminamos todo, se levanta y se va al cuarto de los huéspedes. JODER.

11:08 del 10 de Julio de 2005

3.775 días

Después de todo el tiempo, las reflexiones y la incertidumbre, todo acabó de manera relativamente sencilla. Al sentarnos en una mesa del restaurante éramos pareja, al levantarnos dos horas más tarde, dejábamos de serlo. Pero centrarlo en esa comida, celebrada exactamente diez años y 4 meses al día de conocernos, precisamente en el mismo centro comercial, sería como concentrarnos en el último cabo que suelta un buque grande.

En esta página han quedado documentadas las desavenencias del pasado. No ahondaré en ellas. Pero sí, en los siguientes cuatro posts, dejaré ver cómo se tramó la ruptura.

La nada dulce Navidad

Diciembre de 2004. La odio, me parece un ejercicio artificial con el inconveniente además de que los seres queridos no solo la celebran, sino que además creen en ella. Por lo cual, ante el riesgo de parecer un cabrón, me doblego y la celebro. El husband me había acompañado y pastoreado en las ocho anteriores, pero en esta, no.

Sencillamente está deprimido, sin rumbo. No quiere hablar, no quiere pastillas, no quiere asesoría ni nada. Quiere permanecer en su estado semiautista, triste y deprimido. Generalmente los episodios suelen durar un día o dos, pero lleva dos semanas así. Falta un día para la Navidad y no ha comprado regalos a nadie.

Le compro cosas a su familia, y a él. Se sorprende, pero sigue en su agujero negro. Todos los regalos vienen de los dos, pero es obvio que él no ha hecho nada cuando pone mayor cara de sorpresa que el obsequiado al abrirlos.

Dos días más tarde decido dejarle. Esperaré a un préstamo, pero no puedo seguir así, en una vida de pareja menguante con una persona que no solo no quiere hacer nada sobre su infidelidad, sino además sobre el impacto que tiene a su alrededor.

Entonces, pasa lo de siempre, con una lesión fortuita: las cosas mejoran, él también, y me cuida con mucho cariño mientras me recupero. No puedo dejarle, una vez más me es imposible.

El monedero del moreliano

Hace algunos años que conozco al moreliano por Internet. Cuando paso por su ciudad, en un viaje que hago por su país, me invita a su casa. Acepto, aunque estoy agotado y pido una siesta. Me la echo en su cuarto de huéspedes.

Al poco está recostado al lado mío. No es de mal ver, pero no debería hacer esto. Conoce mi situación, y siempre hemos guardado una etiqueta exquisita de ciberamigos. Pero le tengo al lado, echado, y no debería estar pasando esto. Pero pasa. Al poco estamos bajo la regadera(su ducha), y un poco más tarde dando revolcones.

Hacía unas horas no quería pasar por mi hotel a conocerme en persona (con una invitación que no conllevaba nada sexual), porque tenía miedo a que fuera reconocido por el director. Ahora, al dejarme en mi coche, me da un beso. Los pocos transeúntes nos miran.

Al día siguiente tengo un trabajo que me lleva a 50 kilómetros de su ciudad, y nos llamamos. Ceno en la Plaza Chica de la población, pensando en él. Al amanecer, salgo de regreso a su ciudad. Quedamos de noche, porque trabaja como un burro, y acabamos en su casa. No salimos, sino que hacemos el amor (o tenemos sexo, como se quiera). Charlamos y me regala un monedero para que no se me caiga la calderilla. «Me sobran».

El día siguiente fue el más largo de mi viaje, porque empezó en la puerta de la casa del moreliano, despidiéndome de él frente a un compañero de trabajo. La liberación que alcanzamos hace dos días se ha disipado, y solo nos abrazamos.

Generalmente cuando pasan estas cosas, no puedo esperar a poner tierra por medio, pero los valles y volcanes me hacen pensar más en el. La ciudad de llegada, que rima con casco, me aburre. No puedo olvidarlo.

Se me ocurre enviarle «Amanecí en tus brazos», cantado a dúo por Chavela Vargas y Ana Belén. Durante una semana, nada sé. Luego empezamos a hablar, a considerar cosas. Y me confiesa que el monedero era un regalo de su abuelo, quien le puso una especie de conjuro a la michoacana: «dale este monedero a quien quieras, y si se va, el monedero te lo volverá a traer».

Las conversaciones por teléfono son intensas, pero acentúan nuestra distancia. Aunque viajo al terruño pensando en él más que en el husband, el fin está cerca. A la semana de vuelta me dice que ha conocido a otra persona.

La razón es un poco ridícula: «tiene la piel blanca y el pelo igual que tú», explica al definir a su amor. Pero se lo agradezco, no sabía que podía seguir sintiéndome así. Se me ha abierto el corazón, me he sentido vivo otra vez. El amor, por muy ridículo y frágil, no es insostenible.

This is the end, my only friend, the end

Todo pasó de una manera rápida. Primero, no quiso ir conmigo a mi cumpleaños, alegando una enfermedad. El husband llevaba unos días un poco raros, y al decirme eso me quedé de piedra. Tenía a gente esperando, pero al montarme en el coche me dije que esto había llegado a su final.

Al volver, la furia fue reemplazada por compasión, algo que tengo muy poco pero que se aparece en los momentos más incómodos. Está mal de la cabeza, es la depresión, tienes que seguirle amando, pienso mientras llego a casa.

Al entrar, me espera un reloj de doscientos dólares que ha ido a comprar mientras celebraba. Se sentía culpable. Así se quedaron las cosas durante seis días. Pensé que una vez más habíamos alcanzado el borde del precipicio y habíamos dado equivocadamente media vuelta.

Esta vez, el equivocado fui yo. El sábado siguiente fuimos a comprar una sartén y a cenar. Al sentarnos en el restaurante, de repente le cambió el rictus. Parecía que se le había muerto alguien.

«¿Qué te pasa?», pregunté retóricamente, pues sabía de sobra que había alcanzado otro bache.

«Nada». Se pasó media hora comiendo el queso y los garbanzos de su ensalada. Lo de 30 minutos no es ninguna exageración ni recurso de estilo: fue exactamente lo que tardó.

El domingo se levanta, y se va. «Tengo que irme de esta casa. Me llevo el móvil si quieres hablar conmigo». Bien.

No sé cómo lo logra, pero me vuelve a dejar de piedra. Me desespero. Vuelve a las 10 de la noche, ha ido a casa de varios amigos.

El lunes es festivo, día de fuegos artificiales en este país. Vamos a comer a un restaurante en el centro comercial donde nos conocimos, que nos queda un poco lejos pero me gusta el sitio.

Al principio le da vueltas al tema, pero me cuenta que hace dos años cuanto tuvimos nuestra peor crisis, sentía algo por otra persona. Me sorprende y se lo digo, pues estuvimos con terapia y todo, y ahora sale esto a relucir. Insólito.

Poco después continúa la letanía de confesiones: en ese entonces estaba dispuesto a dejarme, pero básicamente le di lástima. Quizá no lo quiso expresar así, pero así salió. Mi subconsciente recibe un latigazo, pero no me doy cuenta conscientemente hasta mucho más tarde de lo que acaba de decirme.

Explica que estamos tan mal como hace dos años, bueno, matiza cuando muerdo, casi tan mal. Le recuerdo mi leit-motiv, mi mantra para esto: siendo como somos, tenemos la mejor pareja posible que se pueda esperar de dos personas. Si no te gusta, no creas que se puede mejorar marginalmente.

«Siento que falta algo», añade. Contesto que en su situación actual no es bueno tener estas discusiones, que quizá debamos esperar a que se reponga. Me dice que no, que solo afecta sus percepciones.

Entonces, propone, quizá venga bien una separación. Se me abre el cielo, no voy a tener que proponerlo yo. «Mi hermana se separó de mi cuñado durante cuatro meses, y volvieron».

Piensa que va funcionar, cree que este coche blindado, que muestra su edad y desgaste, puede detenerse y volver a arrancar después de 10 años de uso y abuso. Me callo.

Continuamos, y al toro le sigue poniendo banderillas. «No puedo seguir así y es muy radical acabar todo». Pues acordado. Se irá a casa de su abuela.

Me fascina su inocencia, después de todo lo hablado, de expresar su repulsa hacia mí y la pareja, tiene fe en que las cosas salgan bien. No se da cuenta que es ilógico seguir si se utilizan sus propias palabras.

No sé muy bien, al levantarme, quién ha manipulado a quién. Si yo a él para que se ofreciera a terminar, o él a mí para que aceptara. Pero sé que esto no tiene vuelta de hoja. Por respeto intentaré seguir separados por un tiempo, pero ya se acabó.

El martes me levanto con miedo. Ya se ha ido, se ha levantado en el cuarto de los huéspedes, donde ha dormido. Tengo pánico a estar solo, pero sé que no puedo seguir así. Me tranquilizo, me sosiegan un par de amigas (en teoría no le podemos decir nada a nadie) y empiezo a mirar al futuro.

Sin él.

La ecuación alteñita

Conocí al alteñito hace cuatro años por Internet. Siempre hemos sido amigos, yo intentado ser paternal (le llevo 10 años y medio), él alegre y demostrándome que no es un inculto. Me ha encantado su sensibilidad y dignidad.

Hace unas semanas me enteré que el encanto era mutuo. Me dijo que si no estuviera con el husband, que sería su hombre ideal. Al verle por webcam y charlar por él, me dije que por qué no podía ser su hombre ideal.

Querido lector, sé que todo esto es además de una locura, una quimera. Vivimos lejísimos, el Alteñito no tiene forma de irse de su país (vive a 2.300 kms de mí, en los altos de un estado mexicano cuna del tequila), y que sería muy difícil.

Las posibilidades son escasas. Pero me gusta gustar. Y se deja ver. Y es listo. Y tiene sentido común, buen gusto (no lo digo por mí), sensibilidad, ganas de cambio y de crecimiento.

Se convierte en mi confesor, le cuento todo lo que está pasando con el husband. Y le confesé mi apego el 23 de junio. Lo dejamos estar, como vive en un país donde los encuentros con hombres casados son comunes, pues quizá sería uno más. Pero no quiero engañarle ni engañarme.

Es lo que me ha mantenido de verdad en todo esto. Confieso que soy cobarde, que sin esta muleta no podría caminar, ni haber aceptado el bofetón del lunes pasado. Pero me ha servido de mucho.

No ha sido falso, ni le he prometido nada de nada. Un viaje en dos meses, a conocernos en persona y ver lo que pasa. Mientras, conversaciones tórridas por MSN y la webcam. Quizá no se dé, pero está siendo mi flotador hasta que me de cuenta que hago pie. Y espero que merezca la pena esa devoción, traigo mi mejor fe al tapete.

Espero que podamos hacer algo juntos, incluso si se tercia, compartir más que buenos momentos. Va a ser más que difícil, pero no imposible. Me hace sentir vivo. Y en estos momentos me hace falta sentirme así como agua de abril.