" /> Parsimonia: Enero 2004 Archives

« Diciembre 2003 | Página Principal | Febrero 2004 »

18:41 del 27 de Enero de 2004

Telarañas mentales

Salgo de cinco días de enfermedad, de bronquitis más o menos pertinaz que me ha hecho polvo el fin de semana.

El husband me ha cuidado, atendido y protegido. No mucho, porque de enfermero tiene lo que yo de chino. Pero sí con consideración y cariño. Y entonces me doy cuenta de cosas que también se tienen que considerar. Me quiere, a su manera, con sus circunstancias, y plenamente.

Y también me doy cuenta de que mis sentimientos son todos relativos y contradictorios. Es casi como deshojar esa margarita, cosa que no hago desde mi más tierna infancia, y decir «me quiere, no me quiere». Por lo tanto, mis impresiones no son un baremo cierto, porque varían. Tengo que buscar observadores más o menos imparciales y pedir opinión. Claro, sin que se enteren de lo que va.

Todo esto a veces me parece ridículo, hago estas gilipolleces por gusto. ¿Por qué seré tan inquieto?

R., por su parte, ha desaparecido. Ni palabra, ni mensaje, ni nada. Yo no insisto. No sé qué haré si me vuelve a llamar (que ocurrirá antes o después, y como si no hubiera pasado casi nada). Pero sé que el interés físico corre (valga el juego de palabras) por un lado, y el otro interés por otro.

Lo de este chico, incluyendo mi parte en relación con él, me parece un sueño raro, un intervalo surreal que no tiene pies o cabeza. A veces creo que me lo he imaginado todo. Pero no, las pruebas están ahí. Me jode mucho que no llame, que no conteste. No por ego, sino por casi humanismo. ¿Cómo puede ser?

Varios mensajes y un e-mail aparte presuponen que algo espantoso me ha ocurrido, pero no. Todo sigue igual. Lo único que ha transcendido son muchos kleenex y tosidos. Pero nada más.

17:43 del 19 de Enero de 2004

Los contenidos de la empanada

Leo con cierta sorpresa el comentario de la «empanada de polla». Pues aunque he llegado hasta aquí en gran parte por ese ingrediente, vital en los regímenes alimenticios de cualquiera que se precie, mi actual confusión no se debe a ello.

Me explico: R. no es una consideración seria de por sí. Me sedujo emocional y espiritualmente hace un mes. Lo del sábado pasado fue sencillamente su consumación física.

En el fondo no me fío de él, y sigamos con la dureza de la realidad: desde la noche fatídica no me ha llamado para preguntarme cómo estoy, ni ha devuelto dos mensajes: uno en su móvil y otro en su correo electrónico. Esto me ha sorprendido no por el mero hecho de que ocurra, que me esperaba, sino por su rapidez en conseguirlo.

Se puede decir que se deba a que me fuera cuando me pidió que me quedara el sábado, pero lo dudo. Los hombres somos en el fondo muy caguetas y cualquier consideración de firmeza y continuidad emocional provoca evasión. Ha sido en parte como la serpiente que tienta a Eva.

O sea, no estoy entre R. y el husband. Estoy entre el husband y no husband. Decírselo, estoy casi seguro, sería el final. Primero porque dicho desenlace ha sido advertido en numerosas ocasiones, y segundo porque no hay verdadera contricción tras el examen de conciencia.

Además, no quiero minimizar el impacto, le dolería muchísimo. Haría daño a una persona que quiero mucho. Este planteamiento obvia que más daño le hago pensando tanto en R. y en quejarme de la pareja.

Y aquí llego al callejón sin salida: si le digo algo, no sólo se acaba, sino que no hay solución. Los problemas de agosto se han atenuado, pero no del todo. Por lo cual, no puedo prometer que no se repita lo de R.

Ah, debo añadir de que en el fondo soy muy cobarde. Y que no estoy mal con el husband. Requetebien tampoco, pero no mal. Entonces las verdaderas opciones se reducen a tres: 1. Confesar y acabar todo. 2. No decir nada y procurar mejorar las cosas. 3. No decir nada y ver lo que cura o corroe el statu quo. Esto puede ser de todo, desde conocer a otro R., a reconciliarnos de verdad o que entre alguien mejor en mi vida.

El planteamiento no es nada ético, considerado o valiente, pero hoy por hoy estoy entre la segunda y la tercera. Esto me está dando para otro post.

El caso es que R. está fuera de la ecuación. Aunque quizá reaparezca puntualmente, en el fondo no pinta nada. Ha sido un componente, no un participante ni un móvil.

10:36 del 16 de Enero de 2004

A la rica empanada mental

Continuo con mi empanada mental. Estoy de viaje, que es cuando el husband y yo brillamos. Hoy es su cumple, y nada, se lo esta pasando pipa recibiendo un par de masajes mientras deambulo por las calles de una helada ciudad.

Ayer, montados en un taxi, nos cogimos de la mano. Fue un momento muy intenso, pero a la vez muy raro; casi inesperado. No debo tener esta quimica contigo, no debo tener esta atraccion. Bonito pero desconcertante a la vez.

En esos momentos, dejarle me parece impensable. Me asaltan todo tipo de ideas y posibilidades positivas sobre nosotros.

Luego, claro, volvemos a nuestra ciudad y la rutina nos empieza a despellejar del optimismo. Sabe Dios. Yo, no se nada, se que es cobarde de mi parte postergar y hacerme preguntas de esta indole constantemente.

R. ha desaparecido estos dias, era de esperarse, pero frustrante. Me gustas, joder, ya hablamos de que no queriamos nada serio. Pero no iba totalmente en serio.

18:50 del 13 de Enero de 2004

La conspiración del silencio

Pues lo hecho, hecho está. Anoche, al escribir la entrada anterior, me di cuenta de que en parte me acosté con R. debido a las memorias de F. , el chico a quien nunca pude tener hace 13 años y del cual estuve locamente enamorado. Es curioso cómo funciona el subconsciente y las cosas que asociamos. Pero obviamente me di cuenta (una vez más, porque aunque titubeo no soy tan idiota) de que con R. no voy a ir a ninguna parte, más allá del placer sexual y de compañía puntual y cómplice.

Acostarse con alguien con quien has tenido tanta anticipación y ansiedad suele ser decepcionante en cierto sentido. El mayor momento de intimidad se alcanza después de la culminación, cuando estás desnudo con él, hablando de cualquier cosa, vulnerable y expuesto. Y no sentí mucho, aparte de alivio y de hambre.

Lo de los poppers me sorprendió un poco porque soy algo puritano, pero me huelo (es un decir) que es como inhalar un rotulador fuerte o algo así. No creo que se consideren como droga dura ni nada por el estilo, pero a diferencia de F., con quien fumé marihuana, hachís, probé cocaína y LSD, no quise probar ni perder el control.

Más me sorprendió lo de querer hacerlo «a pelo», la verdad. Inconsciencia total de su parte y un indicio de cómo está la calle de fea.

En resumidas cuentas, el enamoramiento con R. ha pasado de la fase mágica a la real. No sé qué va a pasar, pero si antes no podía contar mucho con él, me supongo que una vez consumado todo, me va a frenar más todavía.

Y queda la confesión. Marcaría el final casi seguro de nuestra pareja, pues desde el primer día el husband avisó que estos desvíos son penados con el finiquito instantáneo. Además, este fue con agravantes: reincidencia, complicidad, abuso de confianza, comisión ponderada, etc.

Por lo menos lo de Ray fue casi instantáneo y no llegó a suceder nada.

No sé, me supongo que me demarcaré por el silencio. Desembuchar tuvo su momento clave el sábado, pero las circunstancias y mi cobardía conspiraron para que no se cumplan. Pero algo anda muy mal en Dinamarca, la verdad. Estamos montados en un cacharro que marcha, pero que como se detenga será pasto inmediato del desguace.

18:32 del 12 de Enero de 2004

Acabando de acabar

No sé muy bien cómo, pero R. está sentado al lado mío, en su amplio sillón. En su apartamento que comparte con un ex al que nunca veo. El hecho que esté sentado a mi lado, sonriente, no es de por sí excepcional.

Pero sí es raro que esté desnudo. No, raro no es el calificativo que busco; cualquiera se imaginaba este desenlace. Llegué a desearlo, y ahora el destino, caprichoso como un aforismo de Wilde, me castiga cumpliéndolo.

Por un momento es una pantomima; finge que es todo muy natural y yo pretendo que no ha pasado nada, que todo esto es como quien se quita la bufanda al entrar del frío.

Rebobino: Hace tres días hablamos por mensajero, intercambiamos ideas, pareceres, tonterías, pretensiones, etc.. Consideramos quedar el sábado por la tarde, pero como no salió nada fehaciente del tema, me fui a cenar a casa de mi madre y posteriormente al cine con el husband del vecino.

Eran casi las 10 cuando llegué al cruce de autopistas. Todo recto, a casa de R.; para ir a mi casa, a la derecha. Suena mi móvil: «estoy en casa, ¿quieres pasar?» La duda ofende.

Sigo recto por la 836, rumbo oeste, a la jungla, a los Everglades, a los pantanos. A la locura, a la tentación de mi suerte. A la tentación en general.

Aparco cerca de su edificio, al lado de un concesionario; subo por el ascensor, entro al apartamento. Hace frío afuera, me recibe con su camiseta negra, pantalones vaqueros, gafas. Es casi el fantasma actual de F., el chico que tan mal me traía hace años. Es F. versión XP, diseñado para captarme: este es además de atractivo y magnético a su manera, es maricón y también, inexplicablemente, le atraigo. Ya no hay trabas.

Mejor dicho, hay muchas trabas. Inimaginables hace 12 años, con F. versión 3.1, pero en fin. Creo que de esto me va a salir una novela.

Me siento, pido mi acostumbrado vaso de agua. El apartamento siempre está oscuro, me intimida un poco. Y estoy muy nervioso. Demasiado, porque si he vuelto a caer en este pozo ha sido por el agua (no la del vaso, la metafórica). Como siempre, no hablamos de lo importante; ya he tirado la toalla de ser transcendental o lógico.

«Tranquilo», me coge de la mano. Juega con mi pelo. Es un día frío, pero por los nervios tirito. Empezamos a ver no sé qué película en su gigantesta televisión, me pone la mano en el cuello. Todo me parece surreal, como una seducción de los años 50 en la cual el seductor quiere hacerse el sutil y el seducido el casto.

Se mete en su cuarto a buscar nosequé, y de repente salta el pequeño censor que llevo dentro: ¿qué haces aquí? ¿Vas a echar todo por la borda? ¿No vas a llamar a casa a decir que llegas tarde? ¿Estás chalado? ¿Quieres ser como tu padre?

El pequeño censor se calla, porque la imagen que se proyecta a continuación en el cerebro es la de R. completamente desnudo, sentándose a mi lado. Creo que se me va a salir el corazón.

Me abraza, me echo sobre su pecho. Me quedo de piedra. Cuando era soltero, estropeé varias situaciones similares haciendo preguntas o comentarios inoportunos, que surgían por las incongruencias que tiene la vida. El caso es que mitad para evitar el desenlace inevitable y mitad para tomar las riendas, le pregunto: «¿Y por qué yo? ¿Qué ves en mí?»

Sonríe: «Eres tan cute». Ah, no me lo vas a decir.

Analizo mis opciones. 1. Levantarme e irme. 2. Pedirle que se vuelva a vestir. 3. Reírme porque se me hayan ocurrido opciones tan ridículas como las dos primeras. 4. Meterme en el ajo. 5. Pretender que no pasa nada. 6. Cerrar los ojos y pensar en el husband.

«Vale, dime lo que quieres que haga». Conscientemente no se me había ocurrido la 7: Convertirme en geisha.

Después nos vamos a comer a La Carreta, hace frío. Me siento como César tras cruzar el Rubicón...¡qué coño! Me siento aliviado. Ya todo adquiere más perspectiva, me tenía que sacar esta espinita, que acabó teniendo afición por poppers y por el sexo sin condones (huelga decir que ambas tendencias se quedaron en simples proyectos conmigo).

Durante la cena, en la misma Carreta de hace un mes, y casi con el mismo frío y a la misma hora, me recuerda que no quiere nada, que acaba de salir de su relación, bla, bla, bla...

Volvemos a su casa, repetimos los párrafos anteriores aunque con bastante menos premura. Me pide que me quede. Son las 2:30 de la madrugada. El husband debe estar durmiendo el sueño de los justos. Si me quedo será un escándalo. No puedo, tengo que volver. Confesar y decir que no tengo ni puñetera idea de lo que voy a hacer ni de por qué exactamente me he metido en este callejón sin salida.

R. está ahí para desaparecer en los momentos menos pensados, para desnudarse de repente y para ir a cenar tarde a La Carreta. O sea, no mucho. No puedo contar con él para nada, en otras palabras. Va a ser un polvo (bueno, un capricho) muy caro.

Mañana celebramos el cumpleaños del husband, con los amigos y la familia. Menudo panorama. Le tengo que despertar, contarle todo. Probablemente se vaya esta misma noche. Para estas situaciones no me imagino que habrá mucha comprensión.

Ah, y trabajo en menos de seis horas. Me ha tocado un turno de domingo. Llego a casa, no está el husband. ¿Me estará buscando? ¿Dónde? Pero no hay nota, no hay aviso, no hay llamadas. Su móvil está donde lo ha dejado al mediodía. No ha llegado a casa. Son más de las tres de la madrugada y no ha llegado. Me ducho, no sé qué pensar ni a quién llamar. Me acuesto, intento esperarle. No puedo; me quedo dormido.

A la mañana siguiente, me cuenta que se fue con unas amigas a tomar algo y que no me llamó para no despertarme. Debo ser muy ingenuo, porque me lo creo sin duda. Me empieza a contar sobre cómo va a organizar el escenario de la obra que se estrena en 13 meses y que será su primera dirección. A los 10 minutos le digo que me tengo que ir a trabajar. Me escabullo totalmente.

Esto no hay quien se lo crea. Parece un sueño, ¿me lo habré imaginado todo? No, obviamente no.

18:49 del 8 de Enero de 2004

Las bromas, bromas son

Esta mañana el husband me ha preguntado que si me iba al gimnasio, y le contesté que sí. No me funciona mucho la sala de tortura, como le llama Peluche, pero estaría bastante peor de lo que estoy (que ya es decir) si no fuera.

El caso es que me dice de forma ingenua: «Ojalá pudieras hacer tú algún ejercicio para que se me reduzca el culo».

Dios mío, lo que cuesta ser bienpensado, pero esa era muy fácil de dejar pasar. A veces el husband me tiene a régimen en esos menesteres. No lo hace de forma consciente, sino que los juegos de cama, salvo los que tienen encajes, no son demasiado de su agrado.

Es un tema añejo de nuestra pareja, yo me represento como el salido insaciable y él como el frigido desinteresado. No es tan grave, pero causa tensión puntual. Y R. que me sigue hablando por mensajero. Y mi guía moral en Nicaragua. Suspiro.

18:59 del 7 de Enero de 2004

Boda sí, boda no

H1 se quiere casar. Su novio se ha declarado, y prometido que no le permitirá trabajar si ella no quiere. H1, cuyo cuentakilómetros está a punto de dar una nueva vuelta y volver a cero, está contentísima.

Claro, hay un problemita. No se fía de su futuro cónyuge, no le conoce mucho y quiere contratar a un detective para que le investigue a fondo (creemos que tiene negocios turbios). Eso no ha sido óbice para dar el sí. Le digo que posponga todo, que le dedique tiempo a conocerle más.

Me preocupa que de repente el futuro cuñado se echa a llorar a sus 40 años por las razones más nimias. No estoy en contra del llanto, pero sí del que demuestra cierta inestabilidad emocional, como en esos casos.

Pero claro, el dinerito es el dinerito, y a H1 no le desagrada la oferta de estabilidad. Con mi sobrino en la universidad, vamos a ver lo que la situación aguanta. Pese a mis tambaleos, he tenido una sola pareja estable en nueve años; H1 va por cinco. Y no digo novios, sino parejas que consideraban matrimonio. Estos heterosexuales...

17:10 del 6 de Enero de 2004

Por qué ponen los cuernos

Netscape siempre publica relaciones de cosas anodinas que no tienen respuesta fácil pero que procuran cubrir de cualquier manera breve; hoy le tocaba a «por qué ella es infiel». Obviamente me sentí un poco identificado con la temática y me lo leí. Las razones:

1. Dejaste de hacerle caso
Un poquito, sí.

2. Has cambiado, o ha cambiado la relación
También, también.

3. Le pusiste los cuernos
Pues pese a la opinión de algunos por aquí, la respuesta es negativa.

4. Siempre hay alguien mejor
Lo ponen a mitad camino entre un capricho sexual y encontrar al príncipe azul, incluyendo también ambas posibilidades. Aplica.

5. Es sencillamente mala
Quizá. Estoy esperando un ataque de conciencia al estilo del sufrido por Julianne Moore en Magnolia. Pero por el momento, nada. Claro, tampoco ha pasado mucho.

22:44 del 5 de Enero de 2004

Y todo iba tan bien

Me di cuenta en Nochevieja, en la cutre Nochevieja en casa de la abuela del husband. O mejor dicho, camino a su casa.
Me había dejado el móvil en el coche, y cuando entré, tenía un mensaje nuevo. De R. De esa persona que dije que ni hablar, que ni modo que adiós muy buena, en una despedida digna de filme noir.

De esa persona que dejé como heroína de la Metro, para no sucumbir ante su tentación.
Bueno, pues cuando oigo su mensaje de felicidades, pues...pues...pues me siento como esas noches que hay un helado en el congelador que me llama. Y me sigue llamando, y pronto, inexplicablemente la gula y la ansiedad se apoderan de mí y ya no queda nada de helado.

El mensaje no es nada sugerente, pero se me hace algo en la garganta...

Quiero llamarle, pero estoy a 3 minutos de casa de la abuela, y a unos 15 de las campanadas. Me siento de repente como Michael Caine en Hannah y sus hermanas. Me invade la neurosis de Woody Allen.

Ya que me hace esto, ya que me hago esto, decido prolongar el martirio. No le llamo hasta el día de Año Nuevo, por la tarde, casualmente, como si fuera Audrey Hepburn (de filme noir a Audrey Hepburn, pasando por Woody Allen, madre mía) haciéndome el interesante.

Y me lo hago al dejar el mensaje. ¡Pero el muy cabrón no contesta! Le mando un correo y nada. No voy a insistir, me niego rotundamente. Estoy chalado por hacer y sentir todo esto, pero no voy a dar un paso más para hacer el papel de desesperado. Si se da cuenta, estoy jodido de verdad.

Hasta que lo encuentre en el mensajero instantáneo, claro.