" /> Parsimonia: Diciembre 2003 Archives

« Noviembre 2003 | Página Principal | Enero 2004 »

12:06 del 26 de Diciembre de 2003

Adiós, amiguito, adiós

Fue justo antes de la Navidad, me fui a casa de R., me da el vaso de agua que me acostumbra a dar, y después del «abrazo prolongado que es reflejo de amistad aunque bien puede ser de otra cosa», le pregunto:

-¿Qué buscas conmigo?

La respuesta es elusiva. Bromista, difusa, elíptica como la plaza del mismo nombre. «Un amigo, algo más, eres tan guapito [la palabra exacta fue cute]».

-Es que mira, al paso que vamos, acabaremos en el dormitorio. Y no precisamente viendo televisión. Y estoy dividido, una parte, la que está físicamente atraída a ti, quiere. Pero el resto de mí, no.

Y es porque no conozco sus intenciones, y peor aun, no me entero de las mías. No sé si quiero un romance físico, dejar al husband por algo que a primera vista parece mejor, o sencillamente alguien que me entienda sin que me quiera meter mano. Y sé que esta conversación va a joder para siempre cualquier de las tres alternativas. Pero me he cansado.

Me cuesta porque R. es guapo, tiene buen cuerpo e inexplicablemente se siente atraído por mí. Y una personalidad tan geminiana y echada pa' alante que siempre me ha hecho tilín.

Me he planteado tener un lance hecho y derecho, pero no va a funcionar. Primero porque está mal (esto, a diferencia que otras expectativas implícitas y tácitas, está más claro que el agua en nuestra pareja), segundo porque el husband se daría cuenta tarde o temprano y tercero porque no es lo que verdaderamente quiero.

¿Pero qué quiere R.? Me parece que ni él mismo lo sabe y claro, se cabrea cuando persisto con el ultimátum. ¿Por qué será todo tan complicado? Si no viviera esta situación en primera persona, incitaría a vivir con la mayor sencillez y naturalidad del mundo. Pero no puedo.

Quedamos en el aire. O mejor dicho, entre su aire y mis cuestiones concretas. Me da impresión que al menos que ceda, no va a haber punto medio.

14:26 del 15 de Diciembre de 2003

Lo que pasa cuando no pasa nada

Reconozco que estoy un poquito ido, un poquito ausente de todo. Y la culpa es de R. Claro, la culpa no es de R. (hasta donde conoce mi situación), la culpa es mía. Porque seamos claros, no estoy aturdido ni nada por el estilo. Sé lo que hago, y soy consciente de mis sentimientos, que pese a las temeridades de las últimas dos semanas, han ido mucho más lejos que mis obras.

Como ya he dicho anteriormente, es difícil que una pareja de ocho años y pico pueda competir involuntaria e inconscientemente en un concurso tan caprichoso y arbitrario. Es una injusticia de mi parte, pero mi ilusión es injusta, no lo puedo remediar. Y las cosas van bien, por qué no decirlo, hablamos más, nos compenetramos (risitas) mejor, etc...Pero se me cruza R. por la cabeza. Aún en estos siete días donde apenas hemos hablado. Ha sido un poco humillante, porque al pasar de mí me ha demostrado indirectamente que soy plato de segunda mesa. Que R. tiene otras prioridades, como buscar novio, atender a los hijos de su ex pareja, adaptarse a un nuevo empleo, etc... Es casi mi sino.

Todo adquiere un hálito surreal. A las demás amistades no les puedo comentar esto, a él le comentaba lo que me pasaba con el husband pero ahora tampoco le puedo comentar esto. Anoche estaba cenando con varios amigos y me di cuenta que me reprimía, que aunque me hubiera gustado decir algo, además de las alianzas con el husband, resulta demasiado despreciable. Hay que ser tan relativista como yo para dar un consejo certero: «eres gilipollas» o «anda con él». O uno intermedio, más extremo: «¿Cómo se te ocurre?» En fin, quizá me sirva con tener este blog y personalidades múltiples.

El viernes hablé brevemente con R., me quería invitar a un recital el sábado. Le dije que a lo mejor, luego me llamó para decirme que un chico con el que acaba de romper aceptó de última hora la oferta, y entonces nada. Y nada más. Ayer le llamé, y me contestó hoy. Quizá me invite a su casa, y me dejaré arrastrar. Me dejo arrastrar porque me hace ilusión, no lo niego.Y no sé si la seducción light seguirá en pie, si querrá una normalización o una definición.Yo tan amigo de tener las cosas claras, rehúyo a la normalización en este caso. Dejaría de ser un juego infantil para convertirse en algo más serio, y sencillamente no estoy para el trají este año.

Mientras tanto, procuro ser funcional, publicar sandeces y opiniones arrogantes en mis blogs, y ser buen marido (sin tener en cuenta esto, claro). Comprar regalos para unas fiestas que me caen mal, pero que me he dejado poco a poco engatusar por ellas.

17:30 del 11 de Diciembre de 2003

El subconsciente me traiciona

Estoy escribiendo varias cosas sobre la Virgen de Guadalupe, y siempre pongo Tepoyac en lugar del correcto Tepeyac. Me pregunto por qué será....

12:57 del 9 de Diciembre de 2003

Los miedos y la infidelidad

Dicen que hay muchas clases de infidelidad, en una orquilla que abarca la más pedestre (la física) hasta otras emocionales más complicadas. Tengo un amigo que dice que el mero hecho de fijarse en alguien y desear a esa persona, sin ir más lejos, constituye adulterio. A tanto no llego, pero sí propongo una teoría propia: se es infiel cuando preocupa e interesa más una persona que la misma pareja.

Claro, tu pareja sufre una desventaja clara. Le ves todos los días, estás acostumbrado a él, y su apoyo es tan continuo que apenas es perceptible en lo cotidiano. Pero ocho años y 3/4 son muchos, mucha costumbre, mucha confianza y mucha falta de regeneración.

Ayer libré y estuve gran parte de la tarde y noche en casa de R., viendo las noticias, comentando, hablando. Y de repente me suelta que ha roto con el chico que venía saliendo. ¿Qué chico? ¿Hay otro gallo en este gallinero? Desconcierto total. Desconcierto total absurdo e infantil, por tantas razones que no hace falta mencionar. Pero nada, le parecía demasiado hipersensible, y le dejó. Ahhhhh. Al poco me da un abrazo. De la nada, un abrazo fraternal. Y yo me vuelvo a hacer preguntas sobre la inmensa cantidad de mensajes cruzados y contradictorios que nos estamos enviando mutuamente.

Nos conocemos el reglamento, nos repetimos los artículos y la normativa hasta la saciedad: «No voy a ponerle cuernos al husband», «No quiero una vida de pareja», «no me debes malinterpretar», «somos amigos y punto». Pero las palabras van por un lado y los sentimientos, tan contradictorios ellos, por otro derrotero. Un lío.

Anoche conduciendo hasta casa (el husband llegó bastante más temprano del ensayo que de costumbre) decidí así de sopetón que iba a dejarle, que me iba con R. Pero el problema es que probablemente estaría solo, me quedaría sin nadie. Y la idea me aterra, lo confieso. Quiero nadar y guardar la ropa porque le tengo espanto a vivir nada más conmigo mismo. Es la peor confesión, la que más miedo me da de todas.

14:40 del 7 de Diciembre de 2003

Conversaciones vitales

Anoche me acabé yendo a casa de R., después de hacer las paces por el incidente de agosto. Me ha pedido perdón unas 10 veces por eso, y al final, como en Good Will Hunting, se lo acabo dando.

R. es géminis, y confieso que tengo cierta debilidad por ellos (estuve enamorado de uno durante varios años). Y en fin, empezamos a hacernos amigos cuando ambos transcendimos nuestras caretas: él la del brutote insensible y yo la del frío amargado.

Como anoche el husband tenía que ir a dos funciones, me pasé gran parte de la noche en casa de R., viendo la intragable Piratas del Caribe y hablando. Al igual que el husband, R. ha estudiado sicología, pero le fascinan más las personalidades (sobre todo la mía). Siento que me está echando los tejos, y de vez en cuando se pasa un poco, como alguien que quiere ver hasta dónde llegan los límites.

Pero por lo poco que me conoce R., me conoce muy bien. Parece contradictorio, pero no lo es. Mis dos grandes problemas, lo sabe, es no saber decir que no y callarme todo. Hablamos del husband, de cómo están las cosas actualmente (que ni bien ni mal, sencillamente en una inercia). Confieso que creo que no me deja porque sencillamente no tiene dinero.

Y me dice que hablo de las cosas como si no tuviera control sobre ellas, como si fuera un espectador de mi propia vida. Que tengo control. Por otra parte me dice que él no cree en las parejas, ya ha tenido tres de más de tres años de duración, y que tarde o temprano la gente se rinde. Nada optimista, la verdad.

Vemos la increíble Kandahar, una de esas numerosas joyitas que demuestran que el cine iraní no tiene nada que envidiar a ningún otro. Y nos vamos a cenar tardísimo a La Carreta, un restaurante cubano. Cuando salimos del coche me coge de la mano, no sé qué pensar. Salvo que qué guapo está y la vergüenza que me hace pasar (la idea de que si sigo saliendo así con él y pensando estas cosas vamos a acabar tarde o temprano en la cama, también se me cruza por la cabeza).

Y está guapo, no hay vuelta de hoja. Me da a entender muchas cosas, y entre ellas que esta es una amistad peligrosa (no porque tenga malas costumbres, salvo la de intentar seducirme de forma pasiva). No sé cómo vamos a acabar, cuándo diré basta, cuándo se rendirá, cuándo me cansaré. Lo que sí sé es que su amistad-tejo hace que el husband me resulte más llevadero. Me alegra.

Y me confunde un montón, claro. Porque hay algo que no cuadra, y lo sabemos ambos. Algo que no tiene la más mínima lógica, jugando a una especie de ruleta rusa por morbo.

Mientras consumo mi delicioso bistec a la milanesa, me comenta que las parejas han de tener mucho en común. No lo sabes bien, majo, no lo sabes bien.

22:43 del 2 de Diciembre de 2003

Quédate en el armario

Hoy en una reunión de estas interminables que tenemos en la empresa donde servidor logra cumplir con su jornada laboral, tuvimos una conversación sobre un conocido jugador de un equipo de la variedad de fútbol que se juega en el país donde vivo.

El jugador, que es muy bueno (me gusta el fútbol, ¿pasa algo?) es, según un ávido editor de deportes, gay. Salvo que no lo dice así...

«X es maricón, estoy 98 por ciento seguro...»

Tendría que haberme ofendido, o quedado callado, pero no pude evitar la vena bromista que siempre sale para desactivar conversaciones desagradables.

«Yo creo que sólo hay una manera de averiguar el 2 por ciento restante».

«No, si no hay nada malo en eso». La respuesta Seinfeld. Si no hay nada malo, ¿para qué coño usas el peyorativo?

Digo todo esto porque como mi sexualidad es un secreto a voces, tengo estas conversaciones surreales en las cuales todos fingen que no soy homosexual.

Se lo comentaba en parte a Dante que es más cómodo quedarte en el armario, y entiendo a quienes lo hacen. Por motivos políticos no lo puedo apoyar, pero comprender, lo comprendo.