Llevo dos días planteándome cómo presentar a Manny. Me escribió un correo electrónico hace una semana, diciendo que vive en Miami y que quiere montar un blog, que cómo lo hace. Le recomendé blogspot y un par más, y le dije qué tipo de contenido iba a poner.
Me mandó el primero motu propio. Es como una especie de página de Zoe Valdés contada por un fraile penitente. Al principio me pareció inmoral, luego obsceno, y ya cuando tocó fondo, me empezó a gustar. Tiene de todo, incluyendo una ortografía aventurera y un argot bastante cubano.
Reconozco que me gustó, para qué mentir. Y le ofrecí un espacio en Parsimonia.net. Claro, con la condición de que tenía que esmerar su escritura, que ises no es una palabra. Y que se lo diseñara él solito en Movable Type. Entonces le hice una pregunta indiscreta: ¿por qué? Entiendo que se quiera desahogar, ¿pero en Internet? ¿Busca ligues? ¿Amistades? ¿Hombros en qué llorar? ¿Exhibirse?
No entendí su respuesta, y por respeto no la voy a intentar interpretar.
Aquí aviso que Manny: diario de un infiel, no es para todo el mundo. Es bastante, ejem, gráfico. Toda la responsabilidad de su contenido es de Manny, a quien no conozco en persona pero con quien sí he hablado por teléfono.
Antes de dar el enlace, también quiero decir que si te tengo enlazado y te hace falta espacio para tu blog (que no para tu web, ojo), ofrezco Parsimonia.net. Ya se lo he ofrecido a un par de personas. Solo hay cupo para dos o tres, o sea que venga, sin miedo, que no cobro.
Ahí va Diario de un infiel.