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11:50 del 21 de Agosto de 2003

I'm sorry, so sorry

Hoy, al irse (aunque yo madrugo, él tiene que entrar a trabajar antes), dice lo siguiente: «Me acabo de dar cuenta que de repente tengo tres obras seguidas otra vez». Mi mirada fue seca, esquiva, contesté con un parco sí. «Bueno, se acaba pronto». Y yo pensé, se acaba pronto hasta que encuentres la obra perfecta para noviembre. Y así otra vez.

El resucitado gran cine argentino tiene una joyita, El hijo de la novia. Es una película muy manipuladora, pero genialmente hecha, todo parece natural. En ella, Natalia Verbeke es la sufrida novia de Ricardo Darín, la que le aguanta sus idioteces, sus dudas, sus afrentas anónimas. Hasta que un día le dice: «yo merezco la pena».

Yo merezco la pena también. Si hace tres meses llegamos a una crisis debido a una separación emocional, una crisis que nos llevó al borde del precipicio y a las oficinas de un terapeuta, nos sirvió para asustarnos. Por lo menos a mí. Me asusté e hice todo lo humanamente posible por no caer. No nos ha ido mal desde ese entonces, aunque tampoco demasiado bien: hemos conjugado lo precario con lo cotidiano.

El gesto mínimo que me esperaba es que no aceptara otra obra para octubre, que ya lleva siete obras este año. Que aprovechara octubre para reanimarnos un poco, para esforzarse como yo me he esforzado. Y no ha sido así. Quizá porque no lo ve así, pero no es responsabilidad mía, tras ocho años y medio, indicar lo que es recomendable, ni tampoco lo es dar ultimátums. Tras la fragilidad del tema, y después de la conversación del domingo, considero esto una especie de hari kiri subconsciente.

Y no voy a soltar el ultimátum, ni a exigir que elija entre el teatro o yo. Es obvio quién ha ganado.

Maduro y sopeso mi decisión de aquí al domingo, y se la comento ese día.

Me siento fatal, no por la acción, sino por lo trágico que es esto: dos personas que se quieren y respetan bastante han fracasado. Creo que el puntal que ha cedido ha sido no tener casi nada en común. Ni la música, ni el cine, ni el activismo, ni el gimnasio, ni la cultura, ni el idioma, ni el teatro. Amor vincit omnia, pero sólo temporalmente. A la larga, la falta de convergencia pasa factura.

Esto representa problemas logísticos, económicos, de convivencia y jurídicos (hay una unión civil de por medio que no puede ser disuelta a menos que uno viva en Vermont durante un año). Pero ya no tengo miedo, ambos nos merecemos algo mejor. No somos malas personas, no somos ogros ni sádicos. Sencillamente, aparte del amor tenemos muy poco en común. Y yo no puedo ser más su felpudo. No voy a decir que es un malvado dickensino (ni benaventino, con el perdón de los brigecinos), pero no puedo plegarme más todavía. Yo merezco la pena. Y él también.

Bajando al pozo...

... a buscar mi gozo.

Marc Camoletti escribió la farsa Pyjamas pour six hace casi 20 años. Es una comedia de enredos sobre la infidelidad que fue traducida al inglés hace una década.

Anoche, el husband me comentó que acababa de aceptar un papel en Pyjamas pour six. La obra se estrena en octubre, y sus ensayos empiezan en cuanto estrene la obra en la cual está ensayando ahora. Que a su vez, se estrenará cuando termina su obra actual.

Creo que se me cayó la cara al suelo cuando me lo dijo.