Infiel de palabra
Tengo un amigo, Armand, que dice que la infidelidad empieza desde que ves a alguien en la calle y piensas irte a la cama con él. Esto me parece algo ridículo, porque pone el listón de la lealtad sumamente alto: sólo tú serás mi atracción y tentación, sólo tendré ojos para ti.
Por otra parte, es un umbral muy fácil de cruzar. Ya dentro de eso, da igual mirarle el culo que pasarte la noche con él, es todo lo mismo. Puesto el culo en la gotera...
Luego viene el pecado o desliz físico. Un lance sexual prohibido con alguien. Hay quienes los evitan, hay quienes los tienen de forma casual y natural. La monogamía no es un estado normal humano, tenemos atracciones que van más allá de nuestra pareja. Después de todo, el amor cortés es una invención del Renacimiento. Antes los humanos éramos más consecuentes y sinceros.
Dicho esto, soy de los que procura evitar estos encuentros. Primero porque son adictivos, y segundo, debido a mi forma de ser, porque soy enamoradizo. Para mí el sexo es algo más, siempre le encuentro una vía afectiva. Por eso huyo de esas situaciones, porque sé que me pueden hacer mucho daño (y al husband ni se diga).
Por último está lo que llevo practicando aquí desde hace una semana: la infidelidad de palabra y pensamiento. Es la más grave y terrible de todas, no me cabe duda. No es justa, pero tampoco es absolutamente sincera. A veces se diluyen temores y dudas, que no por expresarse son ciertos.
Me di cuenta, por enésima vez esta semana, anoche. En la intimidad me di cuenta que le quiero, que a veces digo tonterías sin pensarlas. Que a veces me canso sin razón. Hay momentos en los que expreso, injustamente, mi desazón. En resumen, que no me debo hacer mucho caso.