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15:11 del 31 de Agosto de 2003

La fiera desbocada del deseo

Ayer estaba bastante desbocado en lo que libido se refiere. Aunque pude cumplir con la moral y la ley posteriormente (je, je) con mi pareja, hubo unos momentos en los cuales la lujuria me hubiera hecho, fácilmente, caer ante la tentación. Afortunadamente, aunque sí hubo muchas ganas, la tentación no se personó.

Al concluir todo, recuperando mi calma, me pregunto por qué tengo esa capacidad de desmadrarme así, de echar la lógica y la ética a un lado y ponerme en este plan de quererme follar a medio mundo.

No me jacto, pues ser esclavo de las pasiones (máxime de esta) es vergonzoso, algún día me traerá serias consecuencias.

No se debe al distanciamiento con el husband, pues ha sido provocada en nuestros momentos más felices. Es una fiera que llevo dentro, y que de vez en cuando asoma su cabeza.

Mi madre dice que mi padre tiene un trastorno neurovegetativo (que creo que era el término médico franquista de los años 60 para definir a los salidos) y que es el que le causa sus ganas de tirarse a toda quien pase por delante.

Es frustrante por un lado porque me considero una persona equilibrada (bueno, no TANTO) y comedida. Por otro reconozco que es emocionante. Ya sé que no está bien hacer lo que me gustaría hacer en estos casos, pero lo intento de igual manera.

Dudo que llegue a ser un adicto sexual, pero hay veces que creo que sí.

20:34 del 28 de Agosto de 2003

Más de Chayanne

Emilio, tan periodístico él, recuerda su experiencia con Chayanne. Curiosa y casualmente, es reflejo de mis vivencias.

Por el momento, nada

La entrevista miraba a la ciudad, desde un hotel de lujo. A veces no sabía si era para la revista en español más importante del país o para Shangay o Zero. El editor, subeditor y reportero en jefe todos gays. Y vamos, que no harían dudar a nadie. La otra reportera presente tiene un hermano activista.

«Queremos un free-lance», me dicen en un espanglish suelto y atormentado. Les contesto que no puedo, que mi empresa jamás me permitiría colaborar con alguien así. Pero se abre una relación personal, juran que me llamarán si hay plaza en español «para mí».

Les cuento que sé hacer un poco de todo: HTML, Photoshop, reportar, editar, etc... Me abren más puertas, todo acaba en sonrisas y en cotilleo. Me acompaña a la salida el reportero en jefe, ex compañero durante casi cuatro años. Quiere ponerme en una plaza editorial, pero todavía no es el momento. Me ha vendido como gracioso (que en realidad no lo soy, más bien soy bastante sarcástico cuando me da la vena) y «buen escritor». Alucino.

Total, hoy por hoy con las manos vacías. Pero me da la espina de que pronto voy a estar pidiendo una plaza en Nueva York.

Entrevista

Hoy, en unas tres horas, tengo mi entrevista con un medio de NY. Es la que me llevan postergando tres semanas por razones de salud del editor. Ya veremos, me tira muchísimo. La incógnita es el lugar (es para algo que verdaderamente se puede hacer en cualquier ciudad del mundo; sólo es cuestión de convencerles) y claro, el salario, porque Nueva York es bastante más cara que mi ciudad actual.

23:12 del 26 de Agosto de 2003

Y entonces quedaban tres...

Boy meets Boy tiene su episodio final la semana que viene. Es el programa donde 15 hombres intentan seducir a James, un guapetón que por alguna extraña razón nunca ha tenido novio y quiere encontrar a alguien mediante un programa de televisión.

Ya sé que es una premisa tona, absurdo total, pero no puedo dejar de verlo.

Hay tres finalistas, y uno de ellos es heterosexual. Si engancha a James, se lleva $25.000. Si cualquiera de los otros dos logra que James le elija, se van en un crucero y James se lleva los $25.000.

Pero es fascinante ver la química entre los cuatro. Creo que es Franklin, Géminis al fin, el falso marica. Pero no sé, Wes es tan sumamente competitivo que a veces dudo. En fin, una vez más decepciono, pero me parece demasiado interesante. Brian es una loca simpática. Yo, en un mar de dudas, le eligiría a él.












Pongo este comentario aquí porque por alguna razón, Movable Type no me está aceptando bien la tabla. La final es el martes que viene, cuando James elige. Y creo que va a elegir mal, porque en el fondo le hace tilín Franklin.

19:24 del 25 de Agosto de 2003

Las cosas como son

Chayanne A Parsimón le gusta mucho Chayanne. A Parsimón le cae fatal la gente que habla de sí misma en tercera persona, pero eso ya es otro tema. Sigamos en primera persona.

Me gusta Chayanne, aunque no su música. Su nuevo disco, una mercantil treta para intentar conseguir el mercado español, me trae sin cuidado. La única canción que tolero de Elmer Figueroa (razón suficiente para cambiarse el nombre al de una tribu norteamericana) es Tiempo de vals.

Antes de conocerlo, me parecía vulgar y demasiado. Típico de las estrellas de esta estatura. Luego, le conocí. Y en fin, no sé si será su magnetismo animal, su mirada, su forma de captar, pero se me cayó la baba. Es la única persona que ha provocado eso en mí instantáneamente.

Claro, el chico, al igual que yo, no es perfecto. Está más loco que una cabra, tiene un ego de aquí a China y es más falso que una peseta de madera. Pero aclaremos, en la cama tiene que ser algo especial. Ya sé que parezco un chiquillo salido del plato, absolutamente impropio. Pero Chayanne me tira, mucho. Cada vez que veo un banner de él, me vuelvo un poco loco.

Es un amor imposible, tonto a todas luces. Pero cuando lo conocí, por primera vez en mi vida entendí a las quinceañeras que le siguen a él y a los 20.000 otros cantantes.

Hay un rumor de su ex representante y él, que eran amantes y que él al final lo dejó. No sé, es lo mismo, y aunque el representante era de mi nacionalidad, no importa. Está igual de lejos.

Y a todos los que me digan «pero si es...», les contesto: «Deja que ponga su mano en tu hombro, como si fueras único en el mundo. Es falso, cierto, pero te lo crees. Y al creértelo, lo deseas. Porque ya todo es posible».

Las cosas del querer

Anoche estaba hablando con mi amigo Pedro, y casi me suelta un sopapo. «Mira que hacerme todo esto para nada». Es verdad, pero tampoco quiere decir que estemos en la zona del monte que tenga orégano. Reconozco que soy melodramático, un histrión, como me dice una amiga. Y que no me cuesta mucho meterme en una espiral de desesperación.

Pero también se debe a que soy un falso estoico, dejo pasar cosas pero en realidad las acumulo, encajo, encajo hasta que estallo. Y cuando estallo, estoy tan harto que el agravio tiene muy poco que ver con la realidad. No digo que esto haya sido así con el husband: mis agravios son verdaderos. No está apenas en casa. No tenemos mucho en común, carecemos de intereses mutuos. Él es mi interés también, por mucha manía que le coja, por mucha hiel que acumule, confieso que le amo.

Y es una confesión terrible, porque te quita mucho capital a la hora de negociar cosas, de pedir. Es más difícil considerar alternativas si te vas a topar con ese muro de amor, porque te das cuenta que eres prisionero voluntario. Da pánico querer a alguien tan diferente que uno, a alguien que no te va a corresponder de la misma manera que tú le correspondería. Porque no te va a entender del todo, y tú a él tampoco.

Hay explicaciones culturales para esto, familiares, personales y hasta astrológicas. Pero es la incertidumbre la que más pesa, porque al haber química en ciertos estamentos básicos y en otros no, siempre hay tanto espacio para el malentendido. Y a mí que nunca me ha gustado ser directo, que siempre soy tan sutil...un suplicio.

En el ciberespacio es fácil poner los agravios, las injusticias, los deseos y los triunfos. Describir las flaquezas, las inseguridades, las imperfecciones, sin embargo, es otro tema.

Todo esto, confieso, parece una coplilla de los años 40 (contada por Miguel de Molina, por supuesto) bastante retorcida. Las cosas del querer analizada por Freud.

18:15 del 24 de Agosto de 2003

La conversación

Vamos a un restaurante cercano a comer (en realidad, a desayunar, son apenas las 11:30 de la mañana). Empiezo la conversación de forma sutil al principio, pero entro rápido a matar:
«Ha sido una semana muy difícil para mí. Estuve malo pero fui a trabajar igual, y tu decisión del miércoles de aceptar una obra nueva me sorprendió. Creí que ibas a dedicar más tiempo a nuestra pareja tras la crisis que tuvimos. Con el horario que tienes, es obvio que no tienes tiempo para mí, que tu prioridad personall es el teatro. Con ese plan, no tienes tiempo para vivir en pareja».

La contestación me la esperaba: «nunca me dijiste que tenías esa expectativa». Nos cascamos verbalmente, porque tiene la mala costumbre (que me repatea), del maniqueísmo dialéctico: «¿me estás diciendo que deje el teatro?» Tras decirle que no es muy cariñoso en general, y menos cuando estoy enfermo: «¿Entonces crees que quiero que estés enfermo?» «¿Estás juzgando ocho años de devoción por una semana?»

Hacemos algo que no solemos hacer casi nunca: pelear. Y debo confesar que nos viene bien. «No te comunicas bien, tienes que decirme estas cosas». «Me siento abandonado, despriorizado».

Al final, soluciones. En el futuro, no estará en dos obras seguidas. «Somos dos personas lógicas, podemos llegar a un acuerdo. Pero tienes que expresarte mejor, no soy adivino. Tienes que decirme lo que quieres que haga. Cómo te puedo hacer feliz». «No somos tan distintos como crees».

Me echo hacia atrás, no puedo seguir. Quizá una de las historias que más me han llegado al corazón esta semana ha sido la de alguien que vivía con un alcohólico que no le correspondía en nada. Era obvio que aunque soy melodramático, lo que estoy viviendo no es comparable. No es para dar el paso fatídico. Por lo menos todavía no.

No he salido convencido del todo, pero bastante más de como entré. Lo que dice es cierto: me embotello, no digo las cosas, me trago (risitas) la amargura. En vez de escribir estas cosas, tengo que decírselas.

10:59 del 22 de Agosto de 2003

Obras son amores, y no buenas razones

Anoche estuve hablando con un amigo (de estos que viven cerca, los ves frecuentemente y nos conocen en persona). Me intentó disuadir.

«Tienes que hablar con él y decirle que no acepte la nueva obra».

Dos problemas con esto. Primero, él sabe a la perfección que el teatro (que por otra parte es algo que le fascina) está siendo una carga en nuestra pareja. Se lo he dicho, se lo he advertido en nuestras peores crisis de mayo y junio, y se lo volví a decir el domingo, tres días antes de que aceptara el papel. Segundo, ¿que se quede a hacer qué conmigo? ¿Ver la televisión? No tenemos casi nada en común, es pedirle que se aburra y me frustre.

«Es una lástima romper esto después de 8 años»

Estoy de acuerdo, pero la longevidad de la no es una razón de por sí. No es un plan de inversión en bolsa ni un plan de jubilación que premia el tiempo. Ni tampoco es un vino. Si se está infeliz, se tiene que resolver. Y si no hay solución, no hay solución.

«Ahí fuera no hay mucha gente que merezca la pena»

Sí, ya lo sé. Pero mal de muchos consuelo de tontos. Salvo por ocho horas y una alianza en el anular, mi vida en este momento es de soltero. Pero sin conocer a gente (vale, sin conocer a casi nadie).

Estuve hablando con varias personas de esto, tener gustos en común y convergencias es sumamente importante. La atracción, el amor, el cariño y el respeto pueden ser un motor, pero si no hay hormigón que una las partes constantemente, a la larga la casa se cae.

Empecé a ver las grietas en nuestro tercer año, y tendría que haber sido consecuente y enfrentarme a ellas. Pero no, seguí más o menos los tres principios de arriba y estamos donde estamos.

Anoche le esperé. Mejor dicho, le intenté esperar despierto. Me dormí a las once y media, llegó casi a la una. Esta mañana se levantó temprano, se duchó. Hablamos mientras se vestía de cosas inconsecuentes. «Fulanito tiene a su novio en el hospital, esta noche me iré a cenar con él». Después de la obra, claro.

No sé cómo interpretaría mi mirada, pero me supongo que él tiene que empezar a dudar de todo esto. Ya tiene que saber que le he dado cordeles enteros para que se ahorque.

Confieso que tengo miedo y pereza, pero ya pasamos el castaño oscuro hace rato. Gracias por vuestros comentarios, me animan y me obligan siempre a reflexionar.

11:50 del 21 de Agosto de 2003

I'm sorry, so sorry

Hoy, al irse (aunque yo madrugo, él tiene que entrar a trabajar antes), dice lo siguiente: «Me acabo de dar cuenta que de repente tengo tres obras seguidas otra vez». Mi mirada fue seca, esquiva, contesté con un parco sí. «Bueno, se acaba pronto». Y yo pensé, se acaba pronto hasta que encuentres la obra perfecta para noviembre. Y así otra vez.

El resucitado gran cine argentino tiene una joyita, El hijo de la novia. Es una película muy manipuladora, pero genialmente hecha, todo parece natural. En ella, Natalia Verbeke es la sufrida novia de Ricardo Darín, la que le aguanta sus idioteces, sus dudas, sus afrentas anónimas. Hasta que un día le dice: «yo merezco la pena».

Yo merezco la pena también. Si hace tres meses llegamos a una crisis debido a una separación emocional, una crisis que nos llevó al borde del precipicio y a las oficinas de un terapeuta, nos sirvió para asustarnos. Por lo menos a mí. Me asusté e hice todo lo humanamente posible por no caer. No nos ha ido mal desde ese entonces, aunque tampoco demasiado bien: hemos conjugado lo precario con lo cotidiano.

El gesto mínimo que me esperaba es que no aceptara otra obra para octubre, que ya lleva siete obras este año. Que aprovechara octubre para reanimarnos un poco, para esforzarse como yo me he esforzado. Y no ha sido así. Quizá porque no lo ve así, pero no es responsabilidad mía, tras ocho años y medio, indicar lo que es recomendable, ni tampoco lo es dar ultimátums. Tras la fragilidad del tema, y después de la conversación del domingo, considero esto una especie de hari kiri subconsciente.

Y no voy a soltar el ultimátum, ni a exigir que elija entre el teatro o yo. Es obvio quién ha ganado.

Maduro y sopeso mi decisión de aquí al domingo, y se la comento ese día.

Me siento fatal, no por la acción, sino por lo trágico que es esto: dos personas que se quieren y respetan bastante han fracasado. Creo que el puntal que ha cedido ha sido no tener casi nada en común. Ni la música, ni el cine, ni el activismo, ni el gimnasio, ni la cultura, ni el idioma, ni el teatro. Amor vincit omnia, pero sólo temporalmente. A la larga, la falta de convergencia pasa factura.

Esto representa problemas logísticos, económicos, de convivencia y jurídicos (hay una unión civil de por medio que no puede ser disuelta a menos que uno viva en Vermont durante un año). Pero ya no tengo miedo, ambos nos merecemos algo mejor. No somos malas personas, no somos ogros ni sádicos. Sencillamente, aparte del amor tenemos muy poco en común. Y yo no puedo ser más su felpudo. No voy a decir que es un malvado dickensino (ni benaventino, con el perdón de los brigecinos), pero no puedo plegarme más todavía. Yo merezco la pena. Y él también.

Bajando al pozo...

... a buscar mi gozo.

Marc Camoletti escribió la farsa Pyjamas pour six hace casi 20 años. Es una comedia de enredos sobre la infidelidad que fue traducida al inglés hace una década.

Anoche, el husband me comentó que acababa de aceptar un papel en Pyjamas pour six. La obra se estrena en octubre, y sus ensayos empiezan en cuanto estrene la obra en la cual está ensayando ahora. Que a su vez, se estrenará cuando termina su obra actual.

Creo que se me cayó la cara al suelo cuando me lo dijo.

20:38 del 20 de Agosto de 2003

¿La ocasión hace al infiel?

El sábado estaba bastante aburrido, ya en el umbral del constipado que me iba a afectar estos días. Me resigné a pasármelo solo, aunque de repente me llamó R., el autor de la movida que relaté el otro día.

«Discúlpame, me equivoqué»

«¿No me digas?» Tendría que haberle dicho la verdad, que va a pasar mucho tiempo hasta que me vuelva a fiar de él. Pero alivio y lavo la culpa, como siempre.

Al poco me llama un compañero de trabajo, que si quiero ir a cenar a su casa, que tiene un barbecue. Suelo decir que no, pues mi empresa está llena de homófobos, pero es mejor que nada y voy.

Llego a casa de Jorge y hay unas 20 personas. Conozco a algunos: matrimonios atrofiados, periodistas derrotados, y parvenus ambiciosos. Otros, como a Ray, son un misterio por descubrir.

Me tomo una cerveza, me siento en un rincón, y hablo con Ray y otra chica durante casi una hora. Hablamos de cine, de vivencias en el extranjero, de todo. Es la conversación que suelo tener con todo el mundo, en la que explico la decadencia de Pedro Almodóvar y cosas así.

Pero por algo, confieso, me hace tilín Ray. No sé si es su intensidad aplatanada, su parsimonia (algo tenemos en común), su facilidad de palabra, la altanería de los Leos que tanto me fascina. El caso es que empieza a gustarme su compañía, y tras la tercera cerveza, ya hay cierto feeling.

Ray ha trabajado hoy y está cansado. Se despide de todo el mundo, y le acompaño hasta la puerta a decir adiós. Nos enrollamos, en el sentido más verbal e inocente de la palabra. A los 20 minutos, le digo que se quede. Me pide que le acompañe.

Aquí he de definir que aunque soy bastante mal pensado, hay una orquilla aceptable de confianza en esta situación. Además, con lo inseguro que soy, nunca me doy cuenta cuándo me están echando los tejos. El caso es que sigo a Ray (cuyo nombre, producto de un abuelo mexicanoárabe y de una madre argentinoalemana, es bastante más complicado; los apellidos ni se diga) hasta su casa. Vive en un piso frente al río.

Dentro impera la oscuridad, el salón apenas tiene luz, Ray no parece ser muy amigo de la iluminación. Seguimos hablando de sus viajes, de su vida personal (está divorciado, tiene un hijo de 16 años; Ray es un año más joven que servidor), de su afición al tenis.

Tuvo una relación de pareja hasta hace poco, no está buscando a nadie en particular. Sencillamente le expongo poco sobre mí, comentando mi afición por la música clásica, etc...

Me ofrece Pepsi light de beber, sólo tiene eso y agua. Me enseña su casa, y el tour concluye en su dormitorio. Su armario tiene 10 pares de pantalones idénticos, todo está sumamente organizado, dobladito y por color. Envidiablemente, vamos. No le digo nada al respecto porque me da vergüenza admitir que soy un dejado. Dime de qué te burlas y te diré qué adoleces.

La situación en su cuarto es algo rara, ninguno de los dos nos queremos ir, pero tampoco queremos hacer algo conscientemente para evitarlo. Me explica cada detalle, como si de repente fuera el guía del Palacio Real. Y de repente le abrazo.

Paréntesis sin signo de paréntesis: la infidelidad, como creo haber comentado, es corrosiva. Independientemente de la falta de respeto que supone a la otra persona, te faltas el respeto a ti mismo por haberla jurado. En toda la amplia literatura al respecto (y siento escoger un ejemplo tan yanqui), los únicos cuernos buenos son los que sanan o exorcizan a una persona, como Tom Wingo en El príncipe de las mareas.

Si voy a hacer algo, no puedo echarle la culpa al alcohol, a la soledad, a la falta de compañía, a sus ausencias, a nada. La responsabilidad, y por ende la transcendencia que le doy al tema, es mía.

Dicho esto, Ray tiene un buen cuerpo, de un árabe del Rin. Una mirada sofisticada en una cara no excesivamente agraciada. No es mi físico favorito, pero tampoco lo rehúyo.

Nos desnudamos, pero pasa algo raro. Bastante raro y vergonzoso, pero como este es un blog privado y nadie conoce mi verdadera identidad (jaja), lo puedo contar.

Pongamos que las banderas no se izaron. Nunca he tenido ese problema, pero el caso es que Ray, que se ve que es deportista, tampoco tiene viento en sus velas. Me paralizo, la situación me da verdadera vergüenza (contarlo me da más todavía, pero me pareció tan increíble que si no lo hago, estallo). A los pocos minutos, Ray me dice que no me preocupe, que serán los nervios, que no importa.

Nos abrazamos y acariciamos, y pese a la enorme carga erótica de la noche, no pasa nada más. Nos quedamos tumbados en la cama, dos impotentes, planteando una situación jurídica: ¿se le puede llamar a esto adulterio? A la hora me visto, me acompaña hasta la puerta y me voy.

Llego a casa confundido y cansado, con ganas de confesar y cantar. Pensaba que el husband, que siempre llega pasada la medianoche, no iba a estar. Me aguarda una gigantesca nota, pegada al buzón de la puerta «Vine para ver si querías salir y no estabas. No contestas el móvil. No sé dónde estás».

Le llamo, le miento («estaba en el cine») y me acuesto con tos. Le podría haber dicho que estaba en un barbecue, lo cual era cierto, pero no explicaba el móvil apagado.

A la mañana siguiente no se presenta la situación para confesar. Mejor dicho, no se presentan los dos huevos que hay que tener para confesar. Y es que además, ¿cómo se lo iba a creer? «Pues íbamos a follar, pero no hubo erecciones ni mucho menos orgasmo. Estuvimos abrazados en la cama casi una hora».

Me siento mal, no sé qué hacer, salvo lo obvio: ya el momento de confesar ha pasado. La situación se ha vuelto más complicada, la he vuelto más complicada.

Cenamos en un restaurante indio, frente a un canal. Estoy tosiendo y me siento algo mal, pero es su noche y hay que cumplir con nuestras «citas». Hablamos de sus ausencias. «¿Me estás evitando?» «No, me aburro mucho. Creo que es una muestra de mi hiperactividad».

Confieso, de forma cobarde: «tanta ausencia me va a obligar a desacostumbrarme a ti». «Tendremos que ver lo que hacemos cuando termine mi obra a finales de septiembre. Eres lo más importante en mi vida, no el teatro». «Lo más importante se suele medir con el tiempo brindado».

La noche fue constructiva. Y al final un fortísimo viento alísio sopló por las velas. Misterios meteorológicos.

El lunes por la mañana Jorge me mira con cara de sorpresa. "¿Dónde fuiste?» Jorge es padre de familia numerosa, ha vivido tres dictaduras en dos países, y no estoy por la labor de explicarle el intríngulis.

11:47 del 19 de Agosto de 2003

Aviso os navegantes

Parsimón está malito estos días, con un trancazo de cuidado. No hay nada más fascinante que vivir en el trópico y tener resfriados en pleno verano. Sé que debo algunas contestaciones y voluminosas epístolas, pero prefiero recuperar la salud antes de emprenderlas.

13:11 del 15 de Agosto de 2003

Cuando menos hace falta

Anoche salí un poco tarde del trabajo, y me fui a casa de R., que está siendo una gran ayuda. Me quejé, me desesperé, lloré un poco, me desahogué y me ayudó mucho. Y entonces, cuando me abrazaba, me empezó a abrazar bastante fuerte. Y entonces empezó a besarme la frente, muy cariñosamente. Eso hacen los amigos, ¿no? Y a acariciarme el pelo. Eso también. Y a jugar con mis labios. Ummm, eso ya no. Y a intentar meterme la lengua. Pues vaya, eso tampoco.

Me siento como en esa famosa escena del Expreso de medianoche, cuando Brad Davis está en los baños con el sueco y le tiene que detener sus avances. Salvo que no fue tan pacífico, ni tan bonito, ni tan cariñoso.

R., la verdad, es que es de bastante buen ver. Pero ayer me sentía frágil y vulnerable, y no era para eso. Me fui a ver a un amigo, no a echar un polvo. En cualquier otro momento me lo hubiera pensado, pero no anoche. Pareció entenderlo (me cuesta mucho rechazar a la gente, no me gusta nada herir los sentimientos de nadie), pero le cambió la cara. Parecía que de repente su salón tenía 10 grados de temperatura menos. Al poco me fui, más cabreado y triste de lo que entré. Esperé al husband, pero a las doce el sueño pudo conmigo.

Esta mañana le saludé mientras entredormía, está resfriado y hecho mierda. Pero la función debe seguir. Entiendo perfectamente cómo se siente.

08:05 del 14 de Agosto de 2003

No hay respuestas, tan solo matices

El que tuvo que esperar a que su husband viniera a las 12:30 de la noche fui yo. Entiendo que digo barbaridades, cosas que al tener un censor quizá no diría. Pero las situaciones se repiten, se acumulan.

Mis dudas, que si no las tuviera no escribiría estas cosas tan retorcidas, son muchas. No sé distinguir muy bien entre el egoísmo y las necesidades básicas. Quizá son las secuelas de tener un padre sádico y egoísta, que me castigaba cada vez que veía en mí tendencias «egoístas» (o sea, hacer cosas por mí mismo).

Dante y Flor, gracias. Las cosas no son tan trágicas como las pinto, de ahí mi necesidad de escribir.

Peluche, tío, gracias. Pero una cosa es que hay gente que quiera más (lo cual no es tan inevitable o terrible como suena) y otra pasarte seis noches a la semana sin el amor de tu vida. Sin una persona que dice que te quiere pero por otro lado hace mutis por el foro y te entrega una décima parte de su tiempo libre.

Si no le quisiera tanto, y si no le creyera que me quiere tanto, esto sería sencillo. Quizá igual de trágico, pero mucho más breve.

10:39 del 13 de Agosto de 2003

Las cosas que te conté mientras estabas dormido

¿Cómo puedo estar contigo si no estás? ¿Cómo puedo sacar esto a flote si en tu tiempo libre decides pasarlo con tus amigotes del teatro?

No lo sé, mi vida. El sábado te fuiste a una fiesta, dormiste en casa de tus amigos, desayunaste con ellos, llegaste a casa a las tres de la tarde. Para echarte una siesta de tres horas. Intento entender la ausencia, intento entender que te aburres, que te aburro. Intento entenderte, y lo más frustrante es que lo hago.

Entiendo que te hacen falta tus emociones en un asunto en el que no tengo nada que ver. Que convergimos en otras cosas que son una décima parte de tu tiempo libre. Para hablar principalmente de lo que haces en tu tiempo en el escenario. Para comentarme que fulanito hizo tal cosa en tal función o ensayo. Que me he convertido en tu asistente personal verbal, que te apoyo.

Pero me tengo que entender a mí mismo, entender que me hacen falta más cosas, que me hace falta tu compañía, la presencia de alguien que me quiere. Que me justifico muchas cosas, diciendo que hay muchas infidelidades, incluyendo la cronológica, la mental, espacial y espiritual. Que también hay cobardía de abrir esta jaula de grillos emocional, que no puede conducir a cosas buenas. Que tengo mucho miedo a estar más solo todavía.

Y no sé si me vas a entender, porque yo no me entiendo. No me logro explicar esta inercia en una decisión que me quema. No puedo saber por qué me digo estas cosas, por qué me coloco en estas situaciones. Entre la espada y la pared, entre la rebelión y la sumisión. Son dos cosas que no quiero, dos extremos que repudio. Pero aquí me veo, solo. Sin ti. Mientras ensayas tu diálogo y tus canciones, ensayo mi decisión, y no sé cuál de todas ensayar. Me preparo para todas, porque veo que ya el foco está encendido, y que pronto subirá el telón.

Mientras tanto, duermes. El ensayo de anoche, y la posterior cena con los amigos, te ha dejado cansado.

08:05 del 12 de Agosto de 2003

Sex shop

El domingo fuimos a un sex shop de South Beach, con el nombre de Love Boutique.

Me parece que venden todos esos productos raros o de dudoso proceder que te encuentras en los anuncios de revistas de segunda. Soluciones para todo, aunque no había muchas cosas para parejas gays, teniendo en cuenta que es el principal barrio gay de nuestra ciudad.

Servidor derrochó más la imaginación, comprando cosas con anillas y broches, que a decir verdad no dieron la talla. El husband fue más práctico y obtuvo una crema con sabor a mantequilla de ron.

No hace falta decir que posteriormente no hubieron tostadas.

El caso es que en estos lugares uno se encuentra suplentes de todo. Es increíble lo cerca que puedes estar de un reemplazo (salvo emocional) para todo.

07:53 del 8 de Agosto de 2003

Infiel de palabra

Tengo un amigo, Armand, que dice que la infidelidad empieza desde que ves a alguien en la calle y piensas irte a la cama con él. Esto me parece algo ridículo, porque pone el listón de la lealtad sumamente alto: sólo tú serás mi atracción y tentación, sólo tendré ojos para ti.

Por otra parte, es un umbral muy fácil de cruzar. Ya dentro de eso, da igual mirarle el culo que pasarte la noche con él, es todo lo mismo. Puesto el culo en la gotera...

Luego viene el pecado o desliz físico. Un lance sexual prohibido con alguien. Hay quienes los evitan, hay quienes los tienen de forma casual y natural. La monogamía no es un estado normal humano, tenemos atracciones que van más allá de nuestra pareja. Después de todo, el amor cortés es una invención del Renacimiento. Antes los humanos éramos más consecuentes y sinceros.

Dicho esto, soy de los que procura evitar estos encuentros. Primero porque son adictivos, y segundo, debido a mi forma de ser, porque soy enamoradizo. Para mí el sexo es algo más, siempre le encuentro una vía afectiva. Por eso huyo de esas situaciones, porque sé que me pueden hacer mucho daño (y al husband ni se diga).

Por último está lo que llevo practicando aquí desde hace una semana: la infidelidad de palabra y pensamiento. Es la más grave y terrible de todas, no me cabe duda. No es justa, pero tampoco es absolutamente sincera. A veces se diluyen temores y dudas, que no por expresarse son ciertos.

Me di cuenta, por enésima vez esta semana, anoche. En la intimidad me di cuenta que le quiero, que a veces digo tonterías sin pensarlas. Que a veces me canso sin razón. Hay momentos en los que expreso, injustamente, mi desazón. En resumen, que no me debo hacer mucho caso.

Más oportunidades

El viernes que viene tengo una entrevista de trabajo con una importante revista, quieren que alguien edite su web, y tenga experiencia con HTML, Photoshop y revisión de artículos....mmm, parece que conozco a alguien que puede desempeñar esas labores.

Vamos a ver cuánta guita ofrecen. Me siento incómodo porque la empresa donde trabajo actualmente se ha portado muy bien conmigo (Parsimón ha tenido dos meses y medio de crisis personales, laborales y viajes extendidos). No es que crea que les traicione, pero me parece algo difícil de explicar.

La única incógnita es dónde sería el puesto, si en la ciudad de los rascacielos, como me temo, o si lo puedo hacer desde casa. Si es lo primero, esto abre cierta duda, pues depende de si el husband me quiere seguir o no. Siempre ha manifestado su desprecio por la Gran Manzana, pero habrá que verlo.

Pese al dump de inquietudes que vierto por aquí, le sigo queriendo. Las cosas, como bien dice ese gracioso filósofo que es Peluche, se hacen, no se dicen.

22:17 del 6 de Agosto de 2003

Me confieso con el messenger

Hoy, a través del mensajero instantáneo, he tenido confesiones con dos personas diferentes. La primera, que más bien es una fantasía, es que me gustaría volver al terruño, y me he fijado un plan para hacerlo. Me temo que el husbando no me seguirá, pues sería infeliz. Lo que pasa con esto es que lo he expresado de una manera tan fría que hasta me ha asustado a mí. A mi interlocutor no tanto, pues me ha preguntado que si tengo a alguien calentando en el banquillo, cosa que no es ni remotamente cierta. Pero es terrible en muchos sentidos.

Hablando con Mauricio, me dice que me entiende, que a veces hay que reciclar a la gente. Creo que emplea el verbo mal, pero no sé, me temo que en el fondo el husband no es capaz de hacerme feliz, que no puedo seguirle porque no tiene a dónde llevarme, y que no va a querer venir al lugar que me gustaría ir a mí. Todo esto es muy metafórico y teórico, entiendo que la pareja es mucho más que eso, que la realidad y el uso se interpone entre los planes. Que no se puede ser tan frío.

Al igual que el husband nunca llegará a ser feliz por su cuenta porque es demasiado depresivo, yo nunca llegaré a ser feliz quedándome en un sitio. Y nunca echaré raíces. En el terruño tengo pocas, y en la ciudad de las triquiñuelas menos. No entiendo por qué tengo que ser tan puñeteramente complicado, con lo satisfecho que he estado en este país durante esta década, y ahora, ¡zas! Todo patas arriba.

Es caminar siempre errante mi triste sino,
sin encontrar un descanso en mi camino.
Ave perdida, nunca he de hallar
un nido amante donde cantar.

Como siempre, tan melodramático. Y con el síndrome de Casandra. Me temo que en algunos años leeré todo esto y me preguntaré qué coño me había picado, con lo bien que estaba.

22:16 del 4 de Agosto de 2003

Confesiones del punto muerto

Tras leer lo que escribí ayer, me siento como si estuviéramos en punto muerto en el vehículo de la pareja (para los no ibéricos, explico que el punto muerto es el neutral en un coche; para los no conductores, lo siento). Vamos a cierta velocidad, y no sé qué marcha va a entrar. Ayer creía que entraba la segunda, y resultó ser la quinta. El husband está deprimido, no sé muy bien por qué. Me imagino que porque es depresivo de naturaleza, que en el fondo es una persona triste.

Y en esas situaciones brillo, porque sirvo para consolar (en todos los sentidos de la palabra), para proteger, para aliviar. La indefensidad y el dolor ajeno me atraen, no sé muy bien por qué, pero tengo un instinto protector bastante desarrollado.

Hacer estas confesiones a los ocho años es muy triste. Me acuerdo que hace poco le comenté a un amigo que no sabía lo que iba a pasar, y todavía no lo sé. Cierto, la vida en sí es una gigantesca incertidumbre, pero me supongo que cada cual tiene ciertas expectativas de su pareja. Yo las tengo, pero no son temporales. Quizá nos hartemos, quizá me harte yo. Me he dado cuenta que hemos alcanzado techo, que el techo es muy bonito (no es la Capilla Sixtina, pero tampoco está mal), pero es un techo. Ahora me toca ser egoísta y evaluar si me conviene, si merece la pena.

Tengo un buen trabajo y un marido que me quiere. Es una persona buena, decente, ética, seria y fiable. Y todavía me quejo. A veces me siento como la lechera que por querer más y soñar, se quedó sin nada. Y me pasa con todo, tengo una expectativa tan alta para las cosas, que cuando por fin ocurren me suelen decepcionar. Debo dejar de ser perfeccionista y dejarme llevar más por la vida. Ah, si puediera apreciar esta felicidad, esta estabilidad, esta buenaventuranza. Si pudiera tener un poco más de parsimonia en el corazón.

22:15 del 3 de Agosto de 2003

ónde estás?

Hace tres días que no veo al husband. Matizo: hace tres días que no hablo en persona con el husband. Le he visto dormido, pero nada más. Me acuerdo perfectamente de su cara, ese jueves por la mañana. Yo madrugo más que él, con excepciones. Pero el teatro le tiene muy ocupado.

Hace tiempo, consciente o subconscientemente, tomó la decisión de dar el 90% de su tiempo libre al teatro. Lleva cuatro obras en cuatro meses, y pongamos que servidor tiene que buscarse otros menesteres. No, no esos menesteres, soy (casi) el ejemplo de la fidelidad. El problema no ha sido adaptarse a la ausencia del husband cinco noches de lunes a viernes, y la del sábado. El problema se nos dará, me temo, cuando vuelva a tener esos días libres.

Por ahora, mucha paciencia, aunque hoy estoy que no sé si cortarme las venas o dejármelas largas. Me parece, desde que ocurrió la debacle hace dos meses y miramos al precipicio, que el que hace el esfuerzo soy yo. Y me frustra, porque mi primer instinto es volverme pasivo (es un decir) y dejar que este charleston siga al borde del precipicio. Lo último es una referencia velada a Qué bello es vivir (It's a Wonderful Life).

La semana pasada tuvimos una movida, pues el sábado se fue a casa de la directora de una obra que cerraba, sita (la casa, se entiende) en el quinto pino. Conduje hasta la puerta, el husband me llamó para decirme que no estaba, y le esperé 15 minutos hasta que se me hincharon los cojones, y me fui. ¿Miniensayo del futuro?

22:11 del 1 de Agosto de 2003

La primera vez

Uy, hola. Bienvenido a mi blog personal, donde te voy a contar cosas, obviamente, personales. Tengo un vecino, en glosas.net, que escribe de cosas menos personales, y cada vez que escriba algo impersonal a lo que suscriba, lo señalaré.

Juego con ventaja, pues no acabo de empezar. Ya tenía un nutrido grupo de lectores que espero me siga. Y apunto que lo que aquí pondré será sumamente personal, pues como diría Max en Misión imposible, el anonimato es una manta muy cómoda.

Por cierto, ruego indulgencia, pues estos comentarios a tumba ambierta y guiños generales serán los primeros y últimos.

Hay quienes aprovechan la primera entrada para decir un par de cositas sobre quien escribe estas líneas. Pongamos que no hace falta, que una de las mayores delicias de bloguear es conocer al autor poco a poco, como si de un strip-tease mental, rompecabezas o cebolla (tengo muchas lágrimas).