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El cruce (VI)

El Alteñito se hace a su lado, yo al otro, mal ocultado por un árbol. Mientras El Alteñito se esconde entre un arbusto pequeño, yo doy la cara, prefiero que el agente me pare a mí.

Pero sigue de largo y se interna en el camino. No me lo puedo creer, le llamo con voz tenue, pero no me oye. Le digo al Alteñito que siga en el arbusto y que volveré por él. Salgo a la carretera, andando por el arcén derecho. Tengo pinta de haber surgido del mismo lago.

El patrullero al parecer no nos ha visto. Yo sigo a paso ligero por el arcén izquierdo, cuando veo que la furgoneta de la patrulla ha dado la vuelta y va a pasar por mi lado.

Prefiero acercarme antes de apartarme, y le hago una señal de parar. Al patrullero, un fortachón, le digo que me he perdido en un lago cercano, y me acerca al motel.

Alcanzo la cabaña del motel a eso de la 1 de la madrugada. H1 está medio dormida, y le pido que conduzca a recoger al Alteñito. Me doy cuenta que lo tengo que hacer yo: implicaría que ella arriesgase algo con la Patrulla Fronteriza.

Con un lente de menos, me acerco al punto donde dejé al Alteñito, para descubrir que ya hay varias furgonetas blancas con rayas doradas y verdes marcadas como «Border Patrol».

Pensé que ya habían capturado al Alteñito. Sigo un kilómetro más y doy la vuelta, resignado.

A los 20 minutos, si acaso, tres patrulleros fronterizos nos están tocando la puerta. La conversación, con gran resistencia de mi parte, iba así:
-Queremos ver sus botas.

- ¿Para qué? - Para ver si son iguales a las huellas que usted dijo que dejó en el lago.

-Pero las lavé.

- Da igual. Su historia no tiene sentido. ¿Por qué dejó la caña?
- Mire, estoy cansado, llevo dos días muy intensos, vine a descansar y ustedes solo tienen preguntas. Le dije que me perdí, se me cayó en el lodo, con la caja y un lente. Desorientado, volví. No había señal de móvil.

-Su historia no tiene sentido. ¿Por qué dio la vuelta? ¿A qué fue ahora con el Jeep? Quiero ver esas botas.

Al final es una pelea entre una persona desconcertada y agotada, y un patrullero fronterizo avezado en estos asuntos. Para colmo he elegido una versión inverosímil, mi coartada, por así decirlo, es una birria.









Cómo cruzamos la frontera

Capítulos:
I,
II,
III,
IV,
V
VI

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