El cruce (V)
Aparte del terreno encharcado, la broza y arbustos están por todas partes. Pierdo mi equilibrio, me levanto y sigo, algo tambaleado. Empezaron 700 metros horribles de la larga noche.
Cuando planifiqué el cruce, creé un punto imaginario, llamado «campo» al cual nos dirigíamos para evitar arroyos. El GPS actúa como una especie de brújula, añadiendo además la distancia hasta el punto. Pero llegar a campo es más complicado, porque de repente nos enfrentamos con un sinfín de maleza y charcos, totalmente oscuro.
Entre tropiezos, desniveles, la oscura noche y vegetación inesperada es imposible dirigirse en línea recta hacia cualquier lugar. Todo obstáculo es superado para dar lugar a otro. Y esto impide que me centre en el próximo punto. Tropiezo varias veces, me caigo en por lo menos dos. En varios puntos acelero y dejo al Alteñito a más de tres metros.
El GPS me dice que estamos bastante desviados, y que debido a la distracción de los arbustos, el punto «campo» está cada vez más lejos. Tenemos que torcer bruscamente hacia el este. Sólo se oye el graznido de los patos y el discurrir del agua en algunos arroyos. Pero ya el cansancio es demasiado. Tiro la caña de pescar y al poco se me cae un lente de las gafas.
Buscamos en el suelo, infructuosamente, iluminados por la tenue luz del Nokia 3200b del Alteñito. Tengo tres dioptrías en el ojo izquierdo, y me las arreglo para seguir sin gafas. En este momento, no tengo miedo sino más bien desesperación. Todo parece una película de horror.
De repente, tras casi 40 minutos, llegamos al punto «campo». Está en medio del pantano, pero ya para la carretera falta bastante menos. Por pura casualidad, tras un arbusto más, aparece un sendero muy bien marcado.
Estamos cansados, sorprendidos y empapados. Tengo mis brazos descubiertos llenos de rasguños. Ha sido una experiencia traumática.
De la claustrofobia del pantano, rodeados de matorrales altísimos y árboles hemos pasado a un tétrico llano. Nos volvemos a tomar la mano, y avanzamos como dos zombis, sin saber exactamente adónde. En una parte del camino creo ver una luz tenue, entre blanca y verde pálida. ¿Será un detector de movimiento? Prefiero no averiguarlo, ya lo hemos atravesado y no estoy de humor para dilucidarlo.
Pasamos cerca de dos casas abandonadas y de repente, a unos 300 metros, se vislumbra la carretera estatal. Nos separamos un poco, casi a dos metros de distancia.
El Alteñito va por una línea de setos en la izquierda, yo tomo la parte derecha del camino. A menos de diez metros de la carretera, veo llegar a un coche. Es de la Patrulla Fronteriza, y enfila por el sendero.
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