El retrovisor
Ayer volví a mi ciudad después de un largo e intenso viaje de una semana. Pavarotti me viene a recoger, nos vamos a cenar con un amigo. Y de repente veo al Alteñito en el retrovisor.
Me tendría que sentir aliviado, después de todo no quiero interferir en su vida. Pero esa es también la terminología de los cobardes. Durante mi viaje estuve cerca del Alteñito (bueno, no tan cerca, pero 500 kilómetros en su país).
¿Y por qué no fue a visitarte? Dos personas me lo preguntan. Contesto que porque habíamos tenido una tensa conversación la noche anterior, yo desconociendo aún que me iba de viaje.
Yo en su lugar, pensé, hubiera ido. Otro amigo me dice que es todo una fantasía, que si en realidad nos quisiéramos que él vendría a mi ciudad «aunque sea a fregar pisos como chacha».
Y pienso, resigndamente, que así es. Y que no ha querido hacerlo. Pero mejor pensado, que no ha querido hacerlo porque yo no lo he propuesto, que he sido muy lógico y consecuente.
Hoy amanezco con Pavarotti, pero cuando se va me miro entre las piernas, y me doy cuenta que tengo un par de cojones, que para algo han de servir.
Hace una hora y pico le pido al Alteñito que venga a vivir conmigo un mes. Que no sé lo que va a pasar, pero no puedo perder la ocasión. Y le pido que se lo piense un día. Sé que me va a decir que sí, que vendrá.
No sé lo que le voy a decir a Pavarotti, ni, mejor pensado, cómo. Pero quiero al mejor, y aunque Pavarotti vale mucho, el Alteñito me ha llegado al corazón.
Comentarios
Me alegra que se esté ¿solucionando? la situación con el Alteñito. Ojalá siga todo bien :P.
Por: Ayotl | Septiembre 27, 2005 9:39 AM