La depre ajena
Desde que he vuelto de mi viaje, el Ex tiene todo tipo de tiranteces.
Primero me deja una carta (y otras tres para mis familiares) diciendo que no quiere molestarme y que no va a pasar por casa a soltar a los perros. Y que no quiere pasar a por su correo.
Le llamo y le dejo un mensaje, pasa cuando quieras.
Sencillamente, ya se me ha pasado. Quizá me cueste más cuando me toque verle con alguien, pero es obvio que la preparación mental que llevo haciendo desde hace meses me ha ayudado a cicatrizar.
El que antes quería que fuéramos amigos alcanza una conclusión bastante sórdida: «Cuando estábamos juntos teníamos muy poco en común».
Pues hala, haz lo que quieras.