Setenta horas
Pasar setenta horas seguidas con una persona te lleva a conocerla, sobre todo si el jueves ni le conocías.
Con AJ la cosa se vuelve matizada, hemos tenido todo tipo de intimidades, pero nos decimos (no sé muy bien si a título de pantomima o no) de que todo esto es un ejercicio hedonístico.
Me encariño, para qué negarlo, pero hoy al cenar con él soy sincero: «hace algunos años, un poeta (que fue a la cárcel por escribir un poema) me dio un buen consejo sobre un amor complicado: "suéltalo, que sea libre y haz todo lo que te pida". Lo procuro seguir, aun cuando miento y digo que lo procuro seguir.
«Pero a veces me parece difícil. Porque veo a personas pasar que merecen la pena, que me invitan a tomar baza, a controlar. A personas como el Alteñito, como Amazón, o como...tú.
«Y aunque conoceros me provoca controlar, hacer algo proactivo para manteneros, no lo hago. Eso es en contra de mi naturaleza, ajeno a mí...hacer lo que es para la relación natural en sí».
Me entiende, yo me leo y no me entiende. Pero sabe lo que digo. Con su ex trae una empanada mental que me desilusiona un poco. Pero por otro lado es respirar realidad.
Lo que omito es: «tengo miedo a perder personas como el Alteñito, Amazón y tú».
Para colmo, El Turco me comenta que el Alteñito no sigue mis admoniciones (ni las propias) y que está coladito. Absolutamente coladito. Éticamente ya sí que no sé lo que hacer, aparte de comentarle lo de JA.