La cantera se agota
Primero el voleibolista acabó su temporada en la ciudad y se fue a Nueva York. Adiós. Y después, Amazón me quiere confesar algo, después de darme largas un par de veces. «Te he mentido, [Parsimón], tengo novio. Eres muy dulce y no quiero perder tu amistad». Casi lo prefiero, a las duras. Me estaba encariñando mucho con él, tanto física como emocionalmente. Y quizá hubiera roto mi regla de tres meses sin romance constante. Él, tras tres encuentros, al parecer también se estaba enamorando.
«Quiero conservarte como amigo», me dice. Pero al parecer quiere un amigo con privilegios. Amazón tienen muchos problemas en su vida, y no sé qué hacer. Tengo ese dilema ético, y al final le digo que si quiere verme, que me llame. Quizá me toque ser su sicólogo (¿por qué le engañas?), pero en fin, un poco colgadito estoy, no lo niego.