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La conversación final

Pensé que estaba preparado para decirle que no podíamos seguir, y que iba a ser sencillo. No lo fue, en parte porque se opuso y en parte porque tiró puyas por todas partes. Pero principalmente porque me alabó: «Eres lo mejor que ha pasado en mi vida», «nunca encontraré a alguien como tú».

Y, cuatro veces, la pregunta: «¿Estás seguro?» Hacemos los planes, se quiere llevar un huevo de dinero de la plusvalía de la casa (me sorprende), pero acepto. Me quedaré con la casa y con los perros.

Le damos vueltas, intentamos una autopsia educada, pero prefiero ceder. Ya he ganado la guerra, que consiga todas las batallas dialécticas que quiera. Quiere igualarse conmigo a la vez que ponerme bien, quiere fijar su pica en el Flandes de la pareja. Me callo, ya discutiré en otro momento.

Me emociono un par de veces, él no. Y al final, casi de forma mágica, hacemos el amor follamos. No tiene ton ni son, no me lo explico bien. Pero estaba excitado y él también, y se notaba que estaba resaborando todo. No muevo muchos dedos, y al final me lo pide: «fuck me».

Cuando terminamos todo, se levanta y se va al cuarto de los huéspedes. JODER.

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