3.775 días
Después de todo el tiempo, las reflexiones y la incertidumbre, todo acabó de manera relativamente sencilla. Al sentarnos en una mesa del restaurante éramos pareja, al levantarnos dos horas más tarde, dejábamos de serlo. Pero centrarlo en esa comida, celebrada exactamente diez años y 4 meses al día de conocernos, precisamente en el mismo centro comercial, sería como concentrarnos en el último cabo que suelta un buque grande.
En esta página han quedado documentadas las desavenencias del pasado. No ahondaré en ellas. Pero sí, en los siguientes cuatro posts, dejaré ver cómo se tramó la ruptura.