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La nada dulce Navidad

Diciembre de 2004. La odio, me parece un ejercicio artificial con el inconveniente además de que los seres queridos no solo la celebran, sino que además creen en ella. Por lo cual, ante el riesgo de parecer un cabrón, me doblego y la celebro. El husband me había acompañado y pastoreado en las ocho anteriores, pero en esta, no.

Sencillamente está deprimido, sin rumbo. No quiere hablar, no quiere pastillas, no quiere asesoría ni nada. Quiere permanecer en su estado semiautista, triste y deprimido. Generalmente los episodios suelen durar un día o dos, pero lleva dos semanas así. Falta un día para la Navidad y no ha comprado regalos a nadie.

Le compro cosas a su familia, y a él. Se sorprende, pero sigue en su agujero negro. Todos los regalos vienen de los dos, pero es obvio que él no ha hecho nada cuando pone mayor cara de sorpresa que el obsequiado al abrirlos.

Dos días más tarde decido dejarle. Esperaré a un préstamo, pero no puedo seguir así, en una vida de pareja menguante con una persona que no solo no quiere hacer nada sobre su infidelidad, sino además sobre el impacto que tiene a su alrededor.

Entonces, pasa lo de siempre, con una lesión fortuita: las cosas mejoran, él también, y me cuida con mucho cariño mientras me recupero. No puedo dejarle, una vez más me es imposible.

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