La ecuación alteñita
Conocí al alteñito hace cuatro años por Internet. Siempre hemos sido amigos, yo intentado ser paternal (le llevo 10 años y medio), él alegre y demostrándome que no es un inculto. Me ha encantado su sensibilidad y dignidad.
Hace unas semanas me enteré que el encanto era mutuo. Me dijo que si no estuviera con el husband, que sería su hombre ideal. Al verle por webcam y charlar por él, me dije que por qué no podía ser su hombre ideal.
Querido lector, sé que todo esto es además de una locura, una quimera. Vivimos lejísimos, el Alteñito no tiene forma de irse de su país (vive a 2.300 kms de mí, en los altos de un estado mexicano cuna del tequila), y que sería muy difícil.
Las posibilidades son escasas. Pero me gusta gustar. Y se deja ver. Y es listo. Y tiene sentido común, buen gusto (no lo digo por mí), sensibilidad, ganas de cambio y de crecimiento.
Se convierte en mi confesor, le cuento todo lo que está pasando con el husband. Y le confesé mi apego el 23 de junio. Lo dejamos estar, como vive en un país donde los encuentros con hombres casados son comunes, pues quizá sería uno más. Pero no quiero engañarle ni engañarme.
Es lo que me ha mantenido de verdad en todo esto. Confieso que soy cobarde, que sin esta muleta no podría caminar, ni haber aceptado el bofetón del lunes pasado. Pero me ha servido de mucho.
No ha sido falso, ni le he prometido nada de nada. Un viaje en dos meses, a conocernos en persona y ver lo que pasa. Mientras, conversaciones tórridas por MSN y la webcam. Quizá no se dé, pero está siendo mi flotador hasta que me de cuenta que hago pie. Y espero que merezca la pena esa devoción, traigo mi mejor fe al tapete.
Espero que podamos hacer algo juntos, incluso si se tercia, compartir más que buenos momentos. Va a ser más que difícil, pero no imposible. Me hace sentir vivo. Y en estos momentos me hace falta sentirme así como agua de abril.