« El polvo del camino | Página principal | Desorden total »

Vida desordenada

Hace casi dos semanas que he vuelto de viaje, en donde ejercí de nómada postizo, y me siento absolutamente desarraigado. La Iglesia le dice a esto vida desordenada, y llevo 12 días viviendo en casa pero como si estuviera en una situación fluida y transitiva.

Creo que lo me desorientó fue el vendedor de cerveza, pues fue un desliz innecesario. Pero el que terminó por deshacerme los esquemas en algún rincón de la mollera fue el asiático, la puerta de la lujuría se abrió como la puerta de su ducha. Y desde entonces no ha sido igual.

Claro, por un lado me congratulo porque no ha pasado nada más, pero por otro me veo desbocado. Tengo ganas de volver a casa, pero no he vuelto. Estoy mentalmente todavía en una carrtera perdida, en donde me siento libre.

Hace seis años ya me ocurrió una cosa parecida. Me desboqué, empecé a caer en las trampas de Internet, y para colmo me dejé seducir por un contratista eventual en mi lugar de empleo. Caí por él, pero al deshacerse en lance seguí como una bala. Y me costó muchísimo parar. No porque follara como un descosido con cualquiera, cosa que no hacía, sino las ganas de hacerlo.

Hoy me encuentro en la misma disyuntiva, tengo que parar. En este caso tengo el síndrome de la carretera encima, además del otro. Y ayer me pillé en una web en la que no debería estar, y mucho menos estar como estaba, al borde de la desesperación.

Esto tiene que acabar, el aventurismo sexual que tengo es genético, y por lo tanto muy cómodo de justificar. Mi padre es igual, pero aunque de eso me acuerdo perfectamente, he preferido no guardar la memoria de mi madre, que sufrió todo eso en silencio.

Para mí, he procurado seguir la vía egoísta: lo oculto, y por lo tanto tengo superioridad moral, porque por lo menos así no le hago sufrir al husband. Hay días en los que hasta me lo creo.

Mi madre decía que el father sufría (y sufre) de un trastorno neurovegetativo. Eso fue, según ella, lo que le dijo un médico cuando le preguntó en los años 60: «Oiga, doctor, ¿y por qué mi marido se folla a todo Dios?» Siempre interpreté ese «porque tiene un transtorno neurovegetativo» como un cajón de sastre clínico, con el cual el galeno procuró aliviar el dolor de mi madre. En lugar de decir «su marido es un salido y aprovechado», pues decir lo otro suena mucho mejor.

En fin, que no puedo seguir así. Me va a costar algo que quiero mucho. Que a veces me pregunto y planteo que por qué, pero al igual que la trinidad, es un misterio del cual es mejor ni preguntar.

Comentarios

Que decirte. Que contestarte.

Comenta

(If you haven't left a comment here before, you may need to be approved by the site owner before your comment will appear. Until then, it won't appear on the entry. Thanks for waiting.)