El polvo del camino
Me pasó en un viaje reciente, cuando unas obras cerraron por unos minutos una carretera de montaña. Empecé con una conversación tonta con el que iba delante, que también se había bajado de su coche. Aunque de sarasa no tenía mucha pinta (yo tampoco, todo ha de decirse), empecé a sentirme un poco raro, como que este señor, un vendedor de cervezas algo gordito, me estaba echando los tejos.
Efectivamente, gracias a la lentitud de los obreros, ya me había invitado a tomar un café. Del café a la alcoba hay varios pasos, pero geográficos nada más, ninguno que merezca ser relatado.
Todo muy bien, hasta que de repente, como si alguien operara el control remoto, zas. Se apaga la pasión, la manguera se queda sin agua. Sin ton ni son, sería el cansancio o algo raro, o esa conciencia que de vez en cuando hace actos de presencia fugaces. No sé, pero el caso es que me frustra bastante.
Tras su conclusión (ya entiendo mucho más cómo se sienten las mujeres que no pueden evitar que sus maridos se las zumben), le invito a cenar. No mencionamos nada de lo ocurrido entre las sábanas, es como si no hubiera ocurrido nada.
24 horas después, follo como un descosido con el husband, con quien me encontré en coordenadas precisas. Cosas de la vida.
Tres días más tarde, esperando mi vuelo nocturno, decido pasar unas horitas en un balneario de un hotel de lujo para desintoxicarme un poco y quitarme el sudor del camino. Todo genial, pero cuando me voy a duchar, un chico chino, delicioso, se me insinua. ¿Yooooo?
No hay nadie más en mi ducha, o sea que deber ser que sí. Como la escena tiene de improbable lo que peligrosa, me enseña su llave magnética y me da un papelito con un número de cuatro dígitos, me imagino que el de su habitación (¡qué listo soy!).
El chico está bien, tiene a lo sumo 25 años y si es chapero se está quedando en el hotel equivocado.
¿Y qué cojones hago ahora? Hace seis años caí en una espiral de infidelidad, y fue horrorosa, muy difícil de parar. Era casi una adicción, de la cual salí a duras penas. No quiero volver a pasar por esa puerta, y además, faltan menos de cinco horas para que salga mi vuelo.
Como Brad Davis en la escena de la sauna de El expreso de medianoche (en la que deja a un pobre Norbert Weisser compuesto y sin novio), le digo que no con una sonrisa. Se cabrea y se va al baño turco. Ironías de la vida.
Lo peor del caso es que me pasé dos horas en el aeropuerto esperando en la puerta de embarque. Tenía vistas al hotel en cuestión.
Cuando me monté en el avión, pensé que mejor le hubiera dicho que no al cervecero y que sí al chino. Lo sabré para la próxima.
Comentarios
Interesante blog. ¿Es cierto todo lo que cuentas o te inventas algunas historias? Lo del ligue con el gordito no deja de tener su morbo, pero a mí nunca me han pasado cosas así. Ya sé, ya sé, seguro que no soy tan guapo ni tan ideal como tú.
Por: ceferino | Junio 3, 2004 11:20 PM
Guapo e ideal, ay Ceferino, qué cosas me dices... Si fuera guapo e ideal esas cosas me pasarían más a menudo. De todas formas, gracias por leer y por suponerme tan guapo e ideal...Y sí, todas son ciertas. Muy a pesar mío. Ya llevo cuatro días pensando en el chino.
Por: Parsimón | Junio 4, 2004 8:00 AM
Si es que tenemos que reconocerlo, lo de la jodienda no tiene enmienda. Por cierto, yo me tiré cinco años pensando en el mismo (éste era español, nunca me ha ido lo exótico), por si te sirve de consuelo.
Por: ceferino | Junio 4, 2004 3:12 PM
mal momento para leer este post.
Yo estoy sufriendo situación similar, pero desde el otro lado...
Las historias siempre tienen dos versiones, pero sólo vivimos una, la otra nos la cuentan... y ya sabemos lo que se die en estos casos. "La historia la escribe los vencedores", pero en este caso no hay ni vencedores ni vencidos... todos perdemos.
Por: 2800 | Junio 8, 2004 5:08 AM
Bueno, pues me se yo de un punto filipino que te encontraba irresistible (me pregunto si habra intentado lo mismo con el idolo africano ahora que estan solos los dos).
Te acabare quemando la cama!
Por: el vecino | Junio 8, 2004 1:01 PM