Viva el ejemplo
H1 tiene un novio al parecer rico, con el matiz de que no tenemos idea de cuáles son precisamente sus fuentes de ingresos. Especulamos sobre de dónde sale la guita (la pasta, tío; o la lana, güey), pero no hay forma de enterarnos.
Claro, pueden ser muchas fuentes, pero el caso es que al especula, nos imaginamos lo peor. Yo sencillamente creo que es la plusvalía. Total, que tienen broncas al respecto. La semana pasada H1 le mandó a la mierda, y él para hacer las paces, le mandó una caja con revistas y una tarjeta de crédito a nombre de H1.
Hicieron las paces. Y soy muy ingenuo al decir esto, pero ¿no es venderse? Quizá para mí el acto de autoventa no es tan malo como la obviedad. No soy quién para dar lecciones de moralidad, ni mucho menos, pero entre mis muchos pecados no están la dependencia.
Comentarios
Todos tenemos un precio, no? Todos tenemos un límite por encima del cual dejamos de pensar que algien es un pretencioso y pasamos a pensar que es un (una) que tiene detalles, que es sensible, que piensa en la persona a la que va destinada el regalo.
Naturalmente, todos tendremos un límite y una valoración distinta sobre los "niveles", y, por tanto, una interpretación distinta según el caso.
Que sepais que estoy de oferta... soy un saldo, vaya... Acepto ofertas, ojo, sólo hasta fin de mes!!
En fin, salut
Por: Josep Pons | Abril 6, 2004 1:07 PM