« Las bromas, bromas son | Página principal | La conspiración del silencio »

Acabando de acabar

No sé muy bien cómo, pero R. está sentado al lado mío, en su amplio sillón. En su apartamento que comparte con un ex al que nunca veo. El hecho que esté sentado a mi lado, sonriente, no es de por sí excepcional.

Pero sí es raro que esté desnudo. No, raro no es el calificativo que busco; cualquiera se imaginaba este desenlace. Llegué a desearlo, y ahora el destino, caprichoso como un aforismo de Wilde, me castiga cumpliéndolo.

Por un momento es una pantomima; finge que es todo muy natural y yo pretendo que no ha pasado nada, que todo esto es como quien se quita la bufanda al entrar del frío.

Rebobino: Hace tres días hablamos por mensajero, intercambiamos ideas, pareceres, tonterías, pretensiones, etc.. Consideramos quedar el sábado por la tarde, pero como no salió nada fehaciente del tema, me fui a cenar a casa de mi madre y posteriormente al cine con el husband del vecino.

Eran casi las 10 cuando llegué al cruce de autopistas. Todo recto, a casa de R.; para ir a mi casa, a la derecha. Suena mi móvil: «estoy en casa, ¿quieres pasar?» La duda ofende.

Sigo recto por la 836, rumbo oeste, a la jungla, a los Everglades, a los pantanos. A la locura, a la tentación de mi suerte. A la tentación en general.

Aparco cerca de su edificio, al lado de un concesionario; subo por el ascensor, entro al apartamento. Hace frío afuera, me recibe con su camiseta negra, pantalones vaqueros, gafas. Es casi el fantasma actual de F., el chico que tan mal me traía hace años. Es F. versión XP, diseñado para captarme: este es además de atractivo y magnético a su manera, es maricón y también, inexplicablemente, le atraigo. Ya no hay trabas.

Mejor dicho, hay muchas trabas. Inimaginables hace 12 años, con F. versión 3.1, pero en fin. Creo que de esto me va a salir una novela.

Me siento, pido mi acostumbrado vaso de agua. El apartamento siempre está oscuro, me intimida un poco. Y estoy muy nervioso. Demasiado, porque si he vuelto a caer en este pozo ha sido por el agua (no la del vaso, la metafórica). Como siempre, no hablamos de lo importante; ya he tirado la toalla de ser transcendental o lógico.

«Tranquilo», me coge de la mano. Juega con mi pelo. Es un día frío, pero por los nervios tirito. Empezamos a ver no sé qué película en su gigantesta televisión, me pone la mano en el cuello. Todo me parece surreal, como una seducción de los años 50 en la cual el seductor quiere hacerse el sutil y el seducido el casto.

Se mete en su cuarto a buscar nosequé, y de repente salta el pequeño censor que llevo dentro: ¿qué haces aquí? ¿Vas a echar todo por la borda? ¿No vas a llamar a casa a decir que llegas tarde? ¿Estás chalado? ¿Quieres ser como tu padre?

El pequeño censor se calla, porque la imagen que se proyecta a continuación en el cerebro es la de R. completamente desnudo, sentándose a mi lado. Creo que se me va a salir el corazón.

Me abraza, me echo sobre su pecho. Me quedo de piedra. Cuando era soltero, estropeé varias situaciones similares haciendo preguntas o comentarios inoportunos, que surgían por las incongruencias que tiene la vida. El caso es que mitad para evitar el desenlace inevitable y mitad para tomar las riendas, le pregunto: «¿Y por qué yo? ¿Qué ves en mí?»

Sonríe: «Eres tan cute». Ah, no me lo vas a decir.

Analizo mis opciones. 1. Levantarme e irme. 2. Pedirle que se vuelva a vestir. 3. Reírme porque se me hayan ocurrido opciones tan ridículas como las dos primeras. 4. Meterme en el ajo. 5. Pretender que no pasa nada. 6. Cerrar los ojos y pensar en el husband.

«Vale, dime lo que quieres que haga». Conscientemente no se me había ocurrido la 7: Convertirme en geisha.

Después nos vamos a comer a La Carreta, hace frío. Me siento como César tras cruzar el Rubicón...¡qué coño! Me siento aliviado. Ya todo adquiere más perspectiva, me tenía que sacar esta espinita, que acabó teniendo afición por poppers y por el sexo sin condones (huelga decir que ambas tendencias se quedaron en simples proyectos conmigo).

Durante la cena, en la misma Carreta de hace un mes, y casi con el mismo frío y a la misma hora, me recuerda que no quiere nada, que acaba de salir de su relación, bla, bla, bla...

Volvemos a su casa, repetimos los párrafos anteriores aunque con bastante menos premura. Me pide que me quede. Son las 2:30 de la madrugada. El husband debe estar durmiendo el sueño de los justos. Si me quedo será un escándalo. No puedo, tengo que volver. Confesar y decir que no tengo ni puñetera idea de lo que voy a hacer ni de por qué exactamente me he metido en este callejón sin salida.

R. está ahí para desaparecer en los momentos menos pensados, para desnudarse de repente y para ir a cenar tarde a La Carreta. O sea, no mucho. No puedo contar con él para nada, en otras palabras. Va a ser un polvo (bueno, un capricho) muy caro.

Mañana celebramos el cumpleaños del husband, con los amigos y la familia. Menudo panorama. Le tengo que despertar, contarle todo. Probablemente se vaya esta misma noche. Para estas situaciones no me imagino que habrá mucha comprensión.

Ah, y trabajo en menos de seis horas. Me ha tocado un turno de domingo. Llego a casa, no está el husband. ¿Me estará buscando? ¿Dónde? Pero no hay nota, no hay aviso, no hay llamadas. Su móvil está donde lo ha dejado al mediodía. No ha llegado a casa. Son más de las tres de la madrugada y no ha llegado. Me ducho, no sé qué pensar ni a quién llamar. Me acuesto, intento esperarle. No puedo; me quedo dormido.

A la mañana siguiente, me cuenta que se fue con unas amigas a tomar algo y que no me llamó para no despertarme. Debo ser muy ingenuo, porque me lo creo sin duda. Me empieza a contar sobre cómo va a organizar el escenario de la obra que se estrena en 13 meses y que será su primera dirección. A los 10 minutos le digo que me tengo que ir a trabajar. Me escabullo totalmente.

Esto no hay quien se lo crea. Parece un sueño, ¿me lo habré imaginado todo? No, obviamente no.

Comentarios

Ohhhh, sí que me ha sorprendido la historia. Lo de R. ya era sabido, pero cómo puedes tener tanta "suerte" de llegar y que el husband no haya vuelto aún.
Una sensación de alivio y de tristeza a la vez, no?
Aquí hay algo que no va bien (vaya novedad)
Un besote enorme

MMMMMM, estoy perdido, hubo o no hubo tomate, disculpame, pero no me he enterado, si hubo, yo que soy como tu, no creo que rompa mi amor por mi novio, por otro, claro que no he leido tu blog, o sea, que tengo que hacerlo lo sé lo sé, y ya te contaré. Un beso enorme.

Flor, a veces el destino conspira de forma ridícula.

Samuel: Hubo tomate. Un par de tomates, vamos.

Comenta

(If you haven't left a comment here before, you may need to be approved by the site owner before your comment will appear. Until then, it won't appear on the entry. Thanks for waiting.)