Y todo iba tan bien
Me di cuenta en Nochevieja, en la cutre Nochevieja en casa de la abuela del husband. O mejor dicho, camino a su casa.
Me había dejado el móvil en el coche, y cuando entré, tenía un mensaje nuevo. De R. De esa persona que dije que ni hablar, que ni modo que adiós muy buena, en una despedida digna de filme noir.
De esa persona que dejé como heroína de la Metro, para no sucumbir ante su tentación.
Bueno, pues cuando oigo su mensaje de felicidades, pues...pues...pues me siento como esas noches que hay un helado en el congelador que me llama. Y me sigue llamando, y pronto, inexplicablemente la gula y la ansiedad se apoderan de mí y ya no queda nada de helado.
El mensaje no es nada sugerente, pero se me hace algo en la garganta...
Quiero llamarle, pero estoy a 3 minutos de casa de la abuela, y a unos 15 de las campanadas. Me siento de repente como Michael Caine en Hannah y sus hermanas. Me invade la neurosis de Woody Allen.
Ya que me hace esto, ya que me hago esto, decido prolongar el martirio. No le llamo hasta el día de Año Nuevo, por la tarde, casualmente, como si fuera Audrey Hepburn (de filme noir a Audrey Hepburn, pasando por Woody Allen, madre mía) haciéndome el interesante.
Y me lo hago al dejar el mensaje. ¡Pero el muy cabrón no contesta! Le mando un correo y nada. No voy a insistir, me niego rotundamente. Estoy chalado por hacer y sentir todo esto, pero no voy a dar un paso más para hacer el papel de desesperado. Si se da cuenta, estoy jodido de verdad.
Hasta que lo encuentre en el mensajero instantáneo, claro.
Comentarios
¡Mientras que no acabes como Marlene Dietrich en Morocco, que se quita los zapatos de tacón y agarra una cabra para seguir a Gary Cooper por el desierto!
¡Borra el mensaje, borra el correo, borra la dirección y el teléfono y cómete el helado!
Por: Geyperman | Enero 6, 2004 7:48 AM