Un titán azteca
He estado de viaje, de ahí que no haya escrito mucho. Durante mi viaje a otra ciudad, he visto que una de las personas en mi supervisión drecta está muy pero que muy bien. A los hombres se les permite, generalmente de forma impune, piropear a las mujeres, aun en lugares de trabajo.
Un jefe puede decir, «uy, qué guapa has venido hoy» o cualquier otro piropo baboso sin miedo a retribuciones. Yo, a mi guapetón de origen azteca y con horas de entrenamiento en un campo de fútbol americano, no puedo decirle que «me acuerdo de la virgen de Guadalupe cada vez que admiro la perfección de cuerpo serrano, que está como el Popocatépetl: bronceado por fuera y lleno de fuego por dentro».
Bueno, es excesivo. Pero tiene ese encanto geminiano que me pregunto sobre sus gemidos geminianos. Vale, también es excesivo. Pero lo más injusto de ser gay es reprimirse y no poder admirar de forma sincera el cuerpo ajeno por temor a acabar bajo tierra.
Comentarios
Siempre he dicho lo mismo respecto a este tema...
Yo no puedo expresarme tal y como soy dentro de mi "ambiente", incluso con algunos amigos, por respeto, no puedo mostrarme tal y como soy ya que se que les es incómodo.
Como dice la ONCE... Aún queda mucho por hacer...
Por: 28cerocero | Septiembre 24, 2003 1:13 PM